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sábado, 23 de junio de 2012

Los árboles no nos necesitan (Infografía interactiva)

Si se compara la larga lista de las cosas que el hombre recibe del árbol con los pocos cuidados que éste necesita para vivir, se llega fácilmente a la siguiente conclusión: el árbol puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin él.
Se sabe lo clásico: que nos da la madera y el papel. Pero la mayoría ignora que la aspirina –hoy sintetizada en laboratorio- tuvo su origen en el sauce blanco, cuando en 1829 un farmacéutico francés, Pierre-Joseph Leroux, extrajo de él la salicina, su principal componente.

O que el árbol es también un aliado en la lucha contra el cáncer. El taxol (paclitaxel), un anticancerígeno usado en tumores de mama, ovario, pulmón, vejiga, próstata, esófago y también contra el melanoma y el sarcoma de Kaposi, fue creado en 1968 a partir de un compuesto extraído de la corteza del llamado Tejo del Pacífico (Taxus brevifolia), una conífera que crece en la costa noroeste del Pacífico en EEUU.

Existe además otra gran cantidad de remedios naturales que se fabrican a partir de las flores, las hojas, la resina o el látex de los árboles, incluyendo diuréticos, relajantes y vasodilatadores.

En áreas rurales, el árbol combate la erosión de los suelos y sus raíces fijan las orillas de los ríos impidiendo que las corrientes las “devoren”. Contribuye también a evitar inundaciones por la cantidad de agua que retiene.

Actúa como un purificador de la atmósfera porque absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y libera el oxígeno necesario para vivir.

Su presencia es por lo tanto vital en las ciudades, en las cuales además regula la temperatura, no sólo por la sombra que da su copa, especialmente en verano, sino porque su “respiración” humedece el ambiente. Compensa así el exceso de cemento urbano que, como se sabe, incrementa el calor. “Gracias a la fotosíntesis, el árbol es nuestro mejor aliado en la lucha contra el calentamiento global”, dice el botánico francés Francis Hallé.


Como refugio de aves, permite que el sonido de su canto compense un poco el barullo de la ciudad. Ruido que, por otra parte, contribuye a amortiguar dado que el árbol es también pantalla anti-decibeles.

Existe una vida subterránea posible gracias al árbol: gusanos y mamíferos viven de sus raíces que también albergan hongos –la codiciada trufa entre otros-, líquenes e insectos. A orillas del río, muchos peces anidan en los recovecos de esas raíces, como los pájaros en sus ramas.

Además, embellece el paisaje, tanto rural como urbano. Sin los árboles, más de una calle exhibiría una triste desnudez, con fachadas grises, carentes de estilo, uniformidad o buen gusto. No siempre es el caso, desde ya: hay ciudades con clase y con arquitectura cuidada. Pero cuando eso falta, no hay mejor remedio que el árbol.




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