¿Por qué a los hombres les encantan los pechos femeninos?

No es un secreto para nadie que a los hombres les encantan los pechos femeninos, pero ¿cuál es la verdadera razón de esto?. El neurocientífico Larry Young y el galardonado escritor Brian Alexander escribieron un libro titulado “The Chemistry Between Us: Love, Sex, and the Science of Attraction” (La Química entre nosotros: Amor, Sexo y la ciencia de la atracción), donde proponen una respuesta.

Según Young – quien es director del Centro para la Neurociencia Traslacional Social y jefe de la División de Neurociencia Conductual y Trastornos Psiquiátricos en Yerkes Primate Research Center Nacional- y Alexander -colaborador de Wired, Glamour, Esquire, The New York Times, Los Angeles Times y Outside-, biológicamente hablando, la obsesión del ser humano con los senos es bastante rara.

“Los hombres son los únicos mamíferos machos fascinados por los pechos en un contexto sexual. Las mujeres son los únicos mamíferos cuyos senos aumentan de tamaño en la pubertad, independiente del embarazo. También somos la única especie en la que los hombres acarician, masajean e incluso estimulan oralmente los pechos femeninos durante los encuentros sexuales y el sexo” afirman.

De hecho, un estudio realizado por especialistas de las universidades de Sheffield y Texas determinó que la estimulación de los pezones aumenta la excitación sexual en alrededor del 82% de las mujeres.

Young y Alexander dicen que algunos biólogos evolucionistas han sugerido que los pechos son una señal para el hombre de que una mujer se encuentra en buen estado de salud y por lo tanto está capacitada para procrear y criar hijos. Otra hipótesis se basa en la idea de que la mayoría de los primates tienen relaciones sexuales con la hembra dando la espalda al macho. “Esto puede explicar por qué algunas monas alardean de sus traseros. En los seres humanos, dice el argumento, los senos son más grandes para imitar los contornos de la parte trasera de una mujer”, indican estos expertos.

Sin embargo, señalan que no dan crédito a ninguna de estas teorías. Ellos creen que existe sólo una explicación neurológica a la obsesión de los hombres con los pechos, y que se relaciona con “los mecanismos cerebrales que promueven el poderoso vínculo entre una madre y su hijo”.

“Cuando una mujer da a luz, el recién nacido se dedicará a realizar elaboradas manipulaciones de los pechos de su madre. Esta estimulación envía señales al cerebro. Allí, desencadenan en la liberación de un neurotransmisor llamado oxitocina desde el hipotálamo del cerebro”, afirman, explicando que esto permite que los músculos de los senos estén listo para expulsar la leche necesaria para el bebé.

“La oxitocina, que actúa de manera concertada con la dopamina, también ayuda a imprimir la cara del recién nacido, el olor y los sonidos en el circuito de recompensa del cerebro de la madre, lo que fomenta la sensación de bienestar y motiva a la mujer a seguir haciéndolo y se forja el vínculo madre-hijo. Este vínculo no es sólo el más bello de todos los lazos sociales, sino que también puede ser el más duradero, es para toda la vida”, añaden.

Por otro lado, “otra rareza humana es que estamos entre los animales muy extraños que tienen sexo cara a cara, mirándose a los ojos. Creemos que este capricho de la sexualidad humana ha evolucionado para explotar los antiguos circuitos cerebrales de la unión madre-hijo, como una manera de ayudar a crear lazos entre los amantes”.

Por eso, cuando un hombre toca o estimula los senos de una mujer, provoca la misma serie de eventos cerebrales que ocurren durante la lactancia. “La oxitocina centra la atención del cerebro en la cara de la pareja, el olor y la voz. La combinación de la liberación de oxitocina por la estimulación de las mamas y el aumento de la dopamina por la emoción de los juegos previos y el sexo cara a cara, ayudan a crear una asociación de la cara del amante y los ojos con las sensaciones placenteras, la construcción de un enlace en el cerebro de las mujeres”, concluyen.

“Bromea todo lo que quieras, pero nuestra fascinación con los senos, lejos de ser rara, es un impulso inconsciente evolutivo que nos llama a activar los circuitos de unión de gran alcance que ayudan a crear un vínculo amoroso”, indican los autores.

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