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lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Se parecen, el amor, y una borrachera?

Se pueden registrar las similitudes del amor con la borrachera de muchas maneras, pero lo mejor es hacerlo cronológicamente.

1. Gustos

Cuando empezamos, tanto a tomar como al estar con alguien, es o porque nos atrae y nos gusta la bebida o la persona del sexo opuesto en cuestión O (en mayúscula) por las presiones sociales, como por ejemplo: no me gusta la cerveza pero todos toman y no quiero ser amargo o debo demostrar mi masculinidad (o femineidad) o no puedo llegar virgen a los 20.
Los últimos ejemplos se corresponden a novatos, todo lo contrario con los primeros.

2. Ambición

Conforme avanza el tema, empezamos a sentir los efectos, tanto mentalmente como físicamente y le empezamos a tomar el gusto, y ambiciosos como somos los de la raza humana, queremos más, por lo que seguimos avanzando.

3. Momentum

Ya por la tercera o cuarta copa, o lo que es lo mismo, el tercer o cuarto mes, nos encontramos en el punto álgido, en ese punto donde todo nos sale bien, en el caso de la borrachera, los chistes, las conversaciones, las ocurrencias, las ideas de negocios, etc, o en el caso de una relación, sentimos que todo va sobre ruedas, y no solo en la relación, sino que también en el trabajo, los amigos, el deporte, las relaciones sociales, todo.
Es justo ese punto donde sabemos que, con la experiencia previa de hechos pasados, no tenemos que seguir tomando ni una copa más, y es ese momento donde nos gustaría quedarnos, que dure varias horas o días, donde todo es genial, perfecto y donde nos sentimos anímicamente indestructibles.

4. Derrumbe

Pero por una extraña razón a veces, y no tan extraña otras veces, se nos viene todo abajo. Algunas veces pasa de repente, de un momento para otro, un minuto estábamos en la mesa con amigos y al otro minuto, sin saber cómo, aparecemos en el baño vomitando, igual que irse a dormir con la pareja y al otro día encontrarse con alguien totalmente desconocido.
Otras veces sucede que la descompostura se va empezando a sentir, y aunque dejemos de tomar, sigue avanzando, sabiendo el inevitable final, aunque demos manotazos de ahogado o lo queramos negar.

5. Desolación

Y en esos momentos, donde todo se desintegra, donde lo invencible desaparece, donde nos volvemos a sentir vulnerablemente humanos y pisoteados como por una manada de elefantes largando todo lo que nos causó ese malestar nos encontramos únicamente con el aguante de las amistades, en cualquiera de los dos casos, en el final de una borrachera o de una relación.
Y puedo llegar a demostrar, sin necesidad de pruebas científicas que estos dos temas se asemejan tanto pero tanto, que en la resaca de cualquiera de los dos decimos (y lo seguiremos haciendo siempre): “es la última vez que llego a esto”.

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