El bosque de los suicidios en Japón.

Kuroi Jukai, cuyo significado literal es Kuroi Jukai, es una novela que el escritor japonés Seicho Matsumoto (1909-1992) escribió en 1960, donde un joven enamorado comete suicidio en el bosque Aokigahara, una frondosa región que circunda el Monte Fuji, en Japón

Gracias a esta novela, a ese bosque se le conoce como "Jukai". Pero también ha tenido un efecto más preocupante: es el lugar más popular de suicidios de Japón, registrando hasta 100 decesos por año.

Hay tantos cuerpos, que incluso la mafia nipona Yakuza le paga a desamparados para que busquen y encuentren cuerpos para llevarles.

"Ahí hay un auto que ha estado abandonado por unos meses" señala en un video Azusa Hayano, vulcanólogo japonés que estudia al monte Fuji, refiriéndose a un auto blanco que yace en el estacionamiento de la entrada al bosque Aokigahara.

El video es una producción del cineasta Santiago Stelley, llamado Aokigahara: Bosque de suicidios.

Según dice Hayano en el video, las personas se refugian en este bosque para suicidarse como una expresión de rechazo a la sociedad, dejando siempre mensajes sobre su sufrimiento y su animosidad contra la decadencia social.

Japón posee una cultura de suicidio que viene del acto ceremonial llamado seppuku (harakiri) que usaban los samuráis como purificación en tiempos pasados, más en la era Tokugawa, que cayó a finales del siglo XIX.

Se trata de una ceremonia donde el guerrero se inflingía una daga en el abdomen para limpiar los pecados que cometía contra las divinidades de la religión sintoísta.

Sin embargo, dice Hayano, hoy día es un fenómeno moderno, algo totalmente diferente que ya no se relaciona con un acto ceremonial samurai.

Incluso, un letrero preventivo instalado en una senda del bosque insta a los suicidas a que recapaciten sobre su decisión:

"Tu vida es un precioso regalo de tus padres. Por favor piensa en tus padres, en tus hermanos y niños. No te lo guardes, habla con alguien de tus problemas".

En la señal, también se dispone el contacto de la Asociación de Prevención del Suicidio de Japón.

Hayano asegura que ha encontrado poco más de 100 cuerpos suicidas.

"Pienso que la manera en que vivimos en sociedad hoy en día se ha vuelto más complicada. La comunicación cara a cara solía ser vital, pero ahora podemos vivir nuestras vidas estando online todo el tiempo. Sin embargo, la realidad del asunto es que todavía necesitamos ver nuestros rostros, leer sus expresiones, escuchar sus voces, para que podamos entender sus emociones completamente" dice Hayano mientras se le ve recorriendo el bosque.

Más tarde, tanto el vulcanólogo como el equipo de producción del cortometraje se encontraron con elesqueleto de un individuo, cuya descomposición se presume llevaba dos años.



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