Baterías de celulares ¿Hay que cargarlas y descargarlas completamente?

Seguramente te has preguntado alguna vez sobre el uso mas adecuado en lo relativo a la carga de la batería del celular: ¿Hay que esperar que se descargue completamente y recién entonces volverla a cargar? ¿Si no la cargo al 100% desarrolla el antiguo efecto memoria? 

Las actuales baterías de celulares, y la mayoría de los gadgets de uso cotidiano, traen incorporadas una batería de Ion Litio. A diferencia de las antiguas baterías de niquel cadmio, estas baterías modernas incorporan varias ventajas.

Una de ellas es haber superado el “efecto memoria”, por lo que aquella antigua necesidad de descargarla completamente para volver a cargar al 100% ya no se aplica. Incluso puedes cargarla un poco cada día sin que la carga sea completa, que no afectará su rendimiento. En las antiguas baterías esto era un elemento de estricto control, de lo contrario, desarrollaban el efecto memoria que disminuía considerablente su duración. El efecto memoria se produce cuando se carga una batería de níquel cadmio sin haber sido descargada del todo. Ello produce unos cristales en el interior de las mismas, a causa de una reacción química al calentarse la batería, bien por uso o por las malas cargas. Para prevenirlo no hacía falta, de todas maneras, esperar a descargar totalmente la batería antes de realizar una carga; bastaba con que una de cada pocas cargas, una fuera completa.

Las propiedades de las baterías de Li-ion, como la ligereza de sus componentes, su elevada capacidad energética y resistencia a la descarga, junto con la ausencia de efecto memoria o su capacidad para funcionar con un elevado número de ciclos de regeneración, han permitido el diseño de acumuladores livianos, de pequeño tamaño y variadas formas, con un alto rendimiento, especialmente adaptados a las aplicaciones de la industria electrónica de gran consumo. Sin embargo, su rápida degradación y sensibilidad a las elevadas temperaturas, que pueden resultar en su destrucción por inflamación o incluso explosión, requieren en su configuración como producto de consumo, la inclusión de dispositivos adicionales de seguridad, resultando en un coste superior que ha limitado la extensión de su uso a otras aplicaciones.



Inconvenientes:
Soportan un número limitado de cargas: entre 300 y 1000, menos que una batería de níquel cadmio e igual que las de Ni-MH, por lo que ya empiezan a ser consideradas en la categoría de consumibles.

Pueden sobrecalentarse hasta el punto de explotar: están fabricadas con materiales inflamables que las hace propensas a detonaciones o incendios, por lo que es necesario dotarlas de circuitos electrónicos que controlen en todo momento su temperatura.

Peor capacidad de trabajo en frío: ofrecen un rendimiento inferior a las baterías de Ni-Cd o Ni-MH a bajas temperaturas, reduciendo su duración hasta en un 25%.

Voltaje muy variable: Debido a que la variación de la tensión de celda es muy grande se hace imprescindible utilizar un pequeño convertidor CC/CC en función de la aplicación de la que se trate si se quiere tener una tensión de salida constante.

Son costosas: su fabricación es más costosa que las de Ni-Cd e igual que las de Ni-MH, si bien actualmente el precio baja rápidamente debido a su gran penetración en el mercado, con el consiguiente abaratamiento. Podemos decir que se utilizan en todos los teléfonos móviles y ordenadores portátiles del mundo y continúa extendiéndose su uso a todo tipo de herramientas portátiles de baja potencia.

Duración media: depende de la cantidad de carga que almacenen, independientemente de su uso. Tienen una vida útil de unos 3 años o más si se almacenan con un 40% de su carga máxima (en realidad, cualquier batería, independientemente de su tecnología, si se almacena sin carga se deteriora. Basta con recordar el proceso de sulfatación que ocurría en las antiguas baterías de zinc-carbón cuando se almacenaban al descargarse completamente).






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