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miércoles, 8 de mayo de 2013

Cosas de los años 90, que todos los que las vivimos, queremos olvidar para siempre.


Oh, los 90! ¡Qué tiempos aquellos! Es hablar del pasado y nos volvemos tan nostálgicos… Cualquier tiempo pasado fue mejor, dice la canción. Pero, ¿estamos seguros? Hay mucha gente que aún no ha superado los traumas producidos por ese final de siglo. Pero, ¿para tanto fue? Como todo, los noventa tuvieron sus cosas buenas y no tan buenas (vistas desde la butaca del año 2013). Una cosa está clara, y es que después de haber vivido las comodidades del siglo XXI, muy pocos son los valientes que se atreverían a volver. Y de esos, ¿cuánto tiempo aguantarían atrapados en los 90?

Te compras el casete de tu grupo favorito y sólo te gusta una canción

¡Tu grupo favorito ha sacado nuevo disco! Oyes el single en la radio y te enamoras, ¡sí señor, qué grandes son! Sales del trabajo y pasas por la tienda de discos de la esquina (¡oh, las tiendas de discos!). Dudas entre el CD o el casete, pero finalmente tiras por el último, porque así también lo puedes escuchar en tu walkman (y porque es más barato, ¡so rata!). 
Vas feliz a tu casa y pones el radiocasete a todo volumen mientras dibujas en tu block de bocetos. Fin de la cara A. Te levantas y das la vuelta al casete. Termina. No puedes creer que te hayas gastado tus ahorros en un álbum que es una auténtica porquería salvo una sola canción. 

Salir a correr con discman, misión imposible

Esa panza oprimida bajo el pantalón necesita retroceder porque has decidido no seguir comprándote ropa cada vez más grande. Tomas la determinación de salir a correr, pero en tu primera sesión te aburres sobremanera; así que el siguiente día decides salir oyendo música.
Coges tu discman nuevecito, obsequio de tu novia por tu 25 cumpleaños, y te colocas el Get a Grip de Aerosmith, que te motiva a saco. Te enganchas el artilugio en la goma del pantalón, pero con los botes, este se va arrastrando tus vestimentas poco a poco hacia abajo. Para más inri, es imposible escuchar una canción entera de principio a fin porque el reproductor no para de atascarse por culpa de los botes. 

Horas esperando frente al teléfono

Anoche conociste a un chico súper guapo y simpático en un bar y le diste tu teléfono. Te gusta y sabes que le gustaste. Estás muy ilusionada y esperas ansiosa su llamada, es por eso que llevas toda la mañana junto al teléfono. Incluso has conseguido esquivar el chorreo de tu madre para comer en el sofá junto a él, por si suena. Ya son las 5. ¡Por qué no llama! Tus amigas van a ir al cine a ver ‘Pulp Fiction’, pero te quedas en casa, por si el chico llama. 

Anoche conociste una chica guapísima y muy agradable en un bar. Te dio su número. ¡Vaya, a la primera! Al día siguiente piensas llamarla; pero, ¿cómo? ¿Qué decirle? ¿Y si atienden primero sus padres? Pasas el día nervioso. 

Pasar horas en la biblioteca para hacen un trabajo

Genial. En el instituto te han mandado a hacer un trabajo sobre Platón y su pensamiento. La primavera está toda su plenitud. Y tú vas a tener que pasarte la semana en la biblioteca, ese lugar oscuro, frío y que huele a desagües, buscando información sobre los antiguos griegos y el mito de la caverna. Muy indicado para una semana tan soleada y cálida como esta. 

¿Qué peli es esta que están dando en la tele? ¿Qué programa viene después? ¿A qué hora es el partido?

Te acabas de sentar en el sofá a ver la tele. Justamente están pasando una película que tiene buena pinta. Pero no hay manera de saber cuál es porque tu tele no tiene teletexto. También quieres saber qué echarán después en las demás cadenas para administrar tu ociosa tarde. Y, sobre todo, quieres asegurarte de a qué hora empieza el partido de fútbol. Así que en los anuncios, bajas al bar de la esquina –en zapatillas de casa, por supuesto– para hojear la programación de televisión en el periódico. 

El endiablado carrete de fotos

Has salido de vacaciones con tu pareja. Has comprado un carrete de fotos y has metido la cámara en la maleta. A la vuelta, estás ansioso por ver las fotos y enseñárselas a los familiares y amigos. Pero el carrete aún no está terminado y te niegas a llevarlo a revelar y desechar lo que queda.

Tiempo despues decides aprovechar una salida montañera para terminar de gastar el carrete y revelarlo. Para cuando decides llevarlo a la tienda y recoges las fotos, ya es casi Navidad. Vas emocionadísimo a ver el resultado de las ansiadas fotos. El 25% están con muy poca luz y apenas se distinguen las figuras, en el otro 15% sale tu dedazo cubriendo media foto y en el 10% alguno de los retratados sale con los ojos cerrados. Finalmente, sólo la mitad de las fotos son medianamente aceptables.

Un horno con cuatro ruedas

Es julio y vas a ir con tu familia a pasar el finde por ahí en vuestro Renault 19. 3 horas de coche. Cinco personas, con abuela incluida, en un coche. Un coche negro. En verano. Con todo el solazo desparramándose sobre ustedes. Ya no hay más ventanillas para bajar y poco a poco se están quedado irremediablemente pegados a los asientos, cual fósiles....Maldita sea: ¿es que aún no se ha inventado el aire acondicionado?





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