Geoingeniería: ideas para revertir el cambio climático.

La manipulación a gran escala del medio ambiente terrestre, conocida como geoingeniería o ingeniería climática, puede ofrecer soluciones para enfriar el planeta o para reducir los niveles de dióxido de carbono de la atmósfera.

Pero los científicos son conscientes de que estas tecnologías aún se encuentran en sus primeras fases de desarrollo y no han sido probadas a escala global.

Aunque interferir deliberadamente en la naturaleza implica grandes riesgos, algunos investigadores creen que si las concentraciones de carbono en la atmósfera alcanzan un nivel crítico, la geoingeniería podría ser la única manera de tomar el control del clima.

Por otro lado, otros expertos creen que los esfuerzos deberían concentrarse en las formas conocidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Steve Rayner, del Programa de Geoingeniería de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, opina que no hay una respuesta simple, pero sostiene que "sería irresponsable no explorar el potencial para entender las tecnologías de la mejor manera que podemos".

"A lo largo de la historia humana las tecnologías de una generación crearon problemas para la siguiente. Tenemos que encontrar una forma de manejar eso, es parte de la evolución de la sociedad", añade Rayner.

Ingeniería climática
Es la manipulación deliberada y a gran escala de la naturaleza para contrarrestar el cambio climático.

Hay esencialmente dos formas de hacer esto.

La primera es conocida como Gestión de la Radiación Solar (SRM, por sus siglas en inglés) y contempla reflejar más rayos solares lejos de la Tierra y de vuelta al espacio.

Un método de SRM propone colocar aerosoles de sulfato en las capas más altas de la atmósfera.

Esto imita a lo que ocurre naturalmente cuando un gran volcán entra en erupción. Por ejemplo, la erupción del Monte Pinatubo en 1991 inyectó un gran volumen de azufre en la estratósfera. Las partículas producidas en las reacciones subsiguientes enfriaron el mundo en alrededor de 0,5 ºC en los dos años posteriores al reflejar la luz del sol.

Pero el uso de SRM sólo se dirige a los síntomas, no al problema de la creciente concentración de dióxido de carbono (CO2).

La segunda opción de la ingeniería climática busca remover el CO2 que ya existe. Se han propuesto varias maneras de hacerlo, y se agrupan en lo que se denomina Limpieza de Dióxido de Carbono (CDR, por sus siglas en inglés).


Gestión de la Radiación Solar

Mejoramiento del albedo: busca aumentar la capacidad reflectante de las nubes o de la superficie terrestre para que una mayor parte del calor del Sol sea devuelta al espacio.

Reflectores espaciales: la idea es bloquear una pequeña parte de la luz solar antes de que llegue a la Tierra.

Aerosoles estratosféricos: el método propone introducir pequeñas partículas reflectantes en la termosfera para reflejar parte de la luz del Sol antes de que alcance la superficie trerrestre.


Limpieza de Dióxido de Carbono (CDR)
Forestación: plantar árboles a escala global.

Biocarbón: quemar biomasa o material vegetal y usarlo como fertilizante para que su carbono quede atrapado en el suelo.

Bionenergía con captura y secuestro de carbón: cultivar biomasa, quemarla para producir energía y capturar y aislar el CO2 generado en el proceso.

Captura del aire ambiental: construir máquinas que extraigan el CO2 directamente del aire y lo almacenen en otra parte.

Fertilización oceánica: añadir nutrientes al mar en lugares seleccionados para aumentar la producción de fitoplancton, que absorbe CO2 de la atmósfera.

Meteorización aumentada: exponer una gran cantidad de minelares que reaccionan con el dióxiodo de carbono a la atmósfera y almacenar los compuestos resultantes en los océanos o bajo tierra.

Aumento de la alcalinidad oceánica: moler, dispersar y disolver tipos de roca como silicato, caliza o hidróxido de calcio en el mar para aumentar su capacidad de almacenar carbono y mejorar directamente la acidificación del océano.
La tecnología más examinada ha sido la fertilización de los océanos, que implica el uso de hierro para estimular el crecimiento de fitoplancton en el océano para aumentar la absorción de CO2.

Un estudio, por ejemplo, ha mostrado que alrededor de la mitad del fitoplancton estimulado por el hierro se sumergió al mar profundo, aislando el carbono por una período de tiempo que puede ser de siglos.

Pero otro estudio mostró que los organismos habían absorbido poco CO2 y que la eficacia de la fertilización con hierro depende del lugar donde se intenta.

Además, algunos proyectos han resultado controvertidos. En julio de 2012, por ejemplo, 100 toneladas de sulfato de hierro se depositaron en el Océano Pacífico, cerca de la costa occidental de Canadá, en un intento de ayudar a la población de salmones.

Pero esta acción provocó la indignación de grupos ambientalistas que se oponen a la fertilización oceánica.

Aunque esta idea aún tiene sus seguidores, John Shepherd, del Centro Nacional de Oceanografía de la Universidad de Southampton, en Reino Unido, tiene dudas sobre sus beneficios.

"La fertilización de los océanos implica una enorme interferencia en el ecosistema. Tienes un gran impacto ambiental para un pequeño efecto deseado".





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