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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Ver televisión te cambia el acento, y otras informaciones interesantes.

Tu oreja puede incriminarte.
La primera vez que se usó la huella auricular en un crimen sirvió al fiscal de Leeds, en Reino Unido, para acusar a Mark Dallagher de asesinar a una anciana en 1998. Le había delatado, decían, su oreja, que cuya huella había quedado impresa en una ventana del domicilio de la víctima mientras escuchaba lo que ocurría dentro de la casa. Después de varias apelaciones se concluyó que la identificación no era correcta, y Dallagher salió de prisión en 2004.

Con todo, el caso hizo historia en la ciencia forense y sirvió de aliciente para que los organismos británicos de investigación criminal crearan una base de datos de orejas para establecer sus diferencias. En 2002, la Unión Europea puso en marcha el proyecto FearID (siglas de Identificación forense de la oreja), que desveló que sí es un dato útil, aunque nunca con un 100 por ciento de fiabilidad por sí sola. De hecho, el grado de acierto en la identificación depende de los relieves de cada oreja. “Incluso la misma oreja puede formar huellas diferentes según la presión y la superficie sobre la que se apoye”, explicaba Meijerman, investigador del proyecto, que ha creado un software que, a partir de la huella de una oreja, selecciona las más parecidas. Su objetivo final es expresar el grado de similitud y el grado de fiabilidad en un único valor numérico, que pueda ser útil ante un tribunal. (Fuente)

¿Cuáles son las 7 emociones básicas?

Según una teoría que formuló hace unas décadadas Jaak Panksepp, profesor emérito de psicología de la Universidad Bowling Green (EE UU) y experto en neurociencia afectiva, las siete emociones básicas son la búsqueda, el miedo, la furia, el cuidado o protección, el dolor, el deseo y el juego. Estas emociones, asegura el investigador, no emergen de la corteza cerebral, responsable del pensamiento complejo, sino de estructuras más primitivas entre las que se incluyen la amígdala y el hipotálamo.

De ahí que en las ratas y en otros muchos animales también estén presentes los mismos estados emocionales. (Fuente)

Ver televisión, te cambia el acento.

Lingüistas de la Universidad de Glasgow han demostrado de que ver la televisión de manera activa puede cambiar rápidamente un determinado acento. Tal y como publican en la revista especializada Language, sus conclusiones se basan en el análisis de los efectos de la telenovela británica EastEnders, emitida por la cadena británica BBC, sobre el modo de hablar de los escoceses. Su acento, asegura, está adquiriendo de una manera acelerada ciertos rasgos del dialecto cockney, que es como se denomina a la forma de hablar de los londinenses de la clase trabajadora del Este de la capital británica. Su forma de hablar es muy distintiva: modifican casi todas las vocales y el sonido “th” (presente en palabras como think, 'pensar', o tooth, 'diente') lo pronuncian como “f”. 

Eso sí, ver la televisión no basta: según los investigadores, para que el acento se modifique es necesario que el espectador se sienta psicológica y emocionamente identificado con los personajes. (Fuente)

Así es tu cerebro cuando lo atacan.

Cuando un ser humano ataca a otro, lo habitual es que las neuronas espejo del cerebro se activen para ponerse en el lugar de su adversario (empatía), “sentir su dolor” , de esa forma, evitar que le hagamos daño. De hecho, la empatía es considerada la principal inhibidora de la violencia. Es más, los neurocientíficos aseguran que normalmente no llegamos siquiera a infligir daño a los que nos rodean porque dos zonas concretas del cerebro -la corteza cingulada anterior y la ínsula- nos anticipan el dolor y la sensación de rechazo social que sufrimos cuando nos comportamos de manera agresiva. 

Lo malo es que algunos hábitos pueden “anestesiar” nuestra capacidad de ser empáticos y volvernos insensibles al sufrimiento ajeno. Así por ejemplo, un estudio de la Universidad de Columbia (EE UU) publicado hace poco en PLoS ONE desvelaba que las personas que habitualmente ven películas violentas o juegan a videojuegos con un exceso de agresividad tienen las zonas que suprimen el comportamiento agresivo (el córtex prefrontal) menos activas. Y todo porque ver violencia nos vuelve más insensibles a nuestra propia agresividad.

Por otra parte, parece que no todos los cerebros funcionan igual en lo que a violencia se refiere. Michael Koemigs y sus colegas de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE UU) han identificado que los psicópatas cuentan con menor número de conexiones entre la corteza prefrontal ventromedial, responsable de la empatía y la culpa, y la amígdala, donde residen el miedo y la ansiedad. Este “cortocircuito” cerebral implicaría una pérdida de la capacidad de regular el comportamiento emocional, y podría explicar la aparente “frialdad” con la que estos sujetos reaccionan ante sus propios crímenes. (Fuente)


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