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martes, 21 de enero de 2014

10 interesantes datos del cerebro al dormir.

Muchas veces la lucidez llega sólo cuando se entra en el maravilloso mundo del sueño. La respuesta a un problema, la nota que no logra el músico, un descubrimiento científico, el cansancio... para que aprecies más los momentos que compartes con Morfeo te traemos 10 datos del cerebro durmiente:

1. Terapia almohada:
Un pequeño grupo de neurocientíficos argumenta que al menos una función vital del sueño está vinculada con el aprendizaje y la memoria. Una ola de nuevos descubrimientos en animales y humanos revela que el sueño juega un papel crítico en el debilitamiento y el almacenamiento de recuerdos importantes, tanto intelectuales como físicos, y quizá también a la hora de descifrar conexiones sutiles invisibles durante la vigilia. La teoría es controvertida, y algunos científicos insisten en que está lejos de aclarar si el cerebro “durmiente” puede hacer algo con los recuerdos que el cerebro despierto no hace ni siquiera en momentos de contemplación.

2. Tu mente no descansa: La prueba siempre estuvo ahí. Los bebés hacen movimientos de succión cuando están dormidos, y sus párpados se mueven, como si los globos oculares tuvieran vida propia. Pero no fue sino hasta principio de los 50, en un laboratorio de la Universidad de Chicago, cuando los científicos grabaron e identificaron lo que estaba ocurriendo. Eugene Aserinsky, entonces un estudiante graduado en psicología, monitoreaba el sueño y la vigilia de su hijo de ocho años usando electrodos en la cabeza del niño, conectados a un aparato que detecta las ondas cerebrales. También le colocó otros dos en los párpados, para poder saber cuándo despertaba. Una noche vio patrones de ondas que indicaban que el niño había despertado. Pero no lo había hecho.

Aserinsky confirmó esta actividad en otras personas, y, en 1953, él y su consejero, Nathaniel Kleitman, publicaron el descubrimiento Science. Más tarde llamaron a esta fase inconsciente “movimientos oculares rápidos” (MOR o REM, por sus siglas en inglés).

3. Las fases del sueño: Después William Dement, entonces estudiante de medicina en el laboratorio de Kleitman y actualmente profesor de psiquiatría y medicina del sueño en la Universidad de Stanford, se enfocó en el estudio de la fase MOR y descubrió que era una fase del sueño universal y que sucedía periódicamente durante la noche, alternada con otras fases. Les puso nombres: fases 3 y 4, sueño profundo, cuando las ondas eléctricas pasan como el oleaje en medio del océano; fase 2, una etapa intermedia entre MOR y el sueño profundo; y la fase 1, el sueño ligero.

También confirmó el vínculo entre la fase MOR y los sueños, y renacieron las esperanzas por conseguir dinero para poder financiar estos estudios. Sin embargo, en sus investigaciones, Dement, Hobson y otros científicos no encontraron pruebas contundentes de que los sueños fueran los deseos insatisfechos y prohibidos de los que hablaba Freud. Pero sí se toparon con una maraña de ansiedades aparentes, fantasías y vívidas recreaciones sin sentido de acontecimientos que mostraban algunos modelos verificables o funciones medibles.

4. Funciones nocturnas: Despúes del hallazgo de las fases, la investigación del sueño cayó en un vacío hasta 1994 en Rehovot, Israel. Allí, un equipo de investigación liderado por Avi Karni reveló que privar a las personas de la fase MOR disminuía el recuerdo de patrones que habían aprendido el día anterior; sin embargo, privarlos del sueño profundo no tuvo el mismo efecto para recordar. Este resultado generó todavía más preguntas pero, sin duda, fue una gran invitación para los investigadores interesados en el sueño. ¿Los participantes sólo estaban cansados o estresados? ¿Por qué sólo la fase MOR? ¿Cuál era el objetivo de las otras fases del sueño? Todo se enfocó el área desatendida durante mucho tiempo: el aprendizaje y la memoria.

Desde entonces, los hallazgos del estudio han llegado demasiado rápido para digerirlos, y sugieren que el cerebro durmiente trabaja en la información aprendida del mismo modo que las máquinas de cambio separan las monedas. Primero destila los recuerdos del día antes de separarlos –vocabulario, hechos históricos y centavos por acá; escalas de chelo, sobresaltos y monedas grandes por allá–. Luego los agrupa en montones legibles en diferentes momentos de la noche. De hecho, según el estudio, las fases del sueño parecen estar especializadas para manejar tipos de información específicos.

5. Una siesta para la memoria: Una tarde de lunes, en el laboratorio de Stickgold en el Beth Israel Deaconess Medical Center en Boston, un estudiante de posdoctorado, Matthew Tucker, realiza un estudio acerca del efecto de las siestas en palabras memorizadas. En una sala cercana, un estudiante de la Universidad de Boston memoriza en el último momento una lista de 48 pares de palabras; en otra, un estudiante de la Universidad de Massachusetts acaba de estudiar y se recuesta para dormir una siesta con la cara cubierta de electrodos, como un insecto con antenas.

Tucker descubrió que si una persona toma una siesta que únicamente consiste en sueño de ondas lentas, el rendimiento en las áreas de la memoria declarativa, que requiere la memorización de información basada en hechos como las parejas de palabras, se mejoran, comparadas con una persona que no toma siestas.

Los investigadores de la memoria todavía tienen que trabajar mucho en esta pirotecnia nocturna para lograr tener un panorama completo de cómo encajan estas piezas juntas. Cada uno de ellos tiene una teoría, algunos se enfocan en la fase 2, otros, en el sueño profundo, otros más, en la combinación de la fase MOR y el sueño profundo. Y nadie sabe cómo las diferencias individuales, entre las personalidades de “búhos o las aves diurnas”, por ejemplo, afectan el aprendizaje nocturno.

6. Cómo duermes: Si eres una de las personas que disfrutan de un descanso saludable caes en un sueño profundo unos 20 minutos después de meterte en la cama. Puedes pasar una hora o más en esas profundidades al principio de la noche y un periodo corto más entrada la noche. De acuerdo con Tucker, por lo que indican los hechos, parece ser que acostarse y levantarse temprano es más inteligente que estar despierto hasta las dos de la madrugada.

Si eres de los que duerme ocho horas diarias, pasas en los brazos de Morfeo 2,920 horas de sueño ó 121 días al año: un tercio de vida, y tienes, al cabo de ese mismo periodo, 1,825 sueños (que se dan en la fase MOR pero no siempre los recordamos). A los 75 años de edad una persona ha tenido en promedio 136,875 sueños. Cuándo eras bebés pasabas hasta 50% de su tiempo de sueño en fase MOR.

7. El sonido del aprendizaje: Matthew Wilson, en su laboratorio en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, ha estudiado a ratas y ratones a los que les pone unos sombreros bastante barrocos. Se trata de implantes ultraligeros a través de los cuales los investigadores ensartan finos cables que registran la actividad de células individuales en el cerebro profundo, en el hipocampo derecho e izquierdo, donde se guardan los recuerdos diarios.

Investigaciones anteriores han mostrado que el hipocampo es sensible espacialmente: parece ser que empareja las transmisiones de neuronas individuales con locaciones fuera del cuerpo. Estos sistemas están pensados para funcionar de maneras similares en humanos y roedores. Las computadoras registran las transmisiones de las células en tiempo real y pueden emitirlas sonoramente.

“Cuando los animales dormían, escuché esa música de fondo en el cerebro y empecé a oír esa sección que sonaba muy parecida a la de los animales cuando estaban en el laberinto. Reconocí el modelo de transmisión”, contó Wilson en una entrevista.

La ruta del laberinto es un recuerdo importante para estos animales; se trata de todo lo que saben. Wilson y el investigador Daoyun Ji informaron que estudios en animales dormidos habían reportado intermitencias en neuronas del centro visual del neocortex, seguido por una aparente respuesta del hipocampo, y no cualquier respuesta, sino una recreación de la actividad del hipocampo durante la prueba del laberinto.

Wilson cree que se trata de una especie de conversación fuera de línea entre el neocortex, que está involucrado en el aprendizaje consciente durante la vigilia, y el hipocampo. Este proceso era probablemente similar a lo que sucede cuando una persona se toma un momento para reflexionar, sin distracciones, analizando las experiencias del día, poniendo énfasis en detalles importantes y recreando sucesos. “No nos cuestionamos si se trata de un proceso básico; estamos seguros de que lo es”, afirma Wilson. “Lo que no sabemos todavía con certeza es si durante el proceso sucede algo que sea exclusivo del sueño”.

8. La química de Morfeo:
Subimal Datta, neurocientífico de la Universidad de Boston, está seguro de que sí. En los estudios que realizó a animales ha documentado que, durante el sueño, el cerebro está inundado en un baño químico que no tiene lugar durante la vigilia. Los niveles de transmisores inhibidores aumentan considerablemente, y los de mensajeros activadores caen o incluso desaparecen.

De acuerdo con Datta, aun antes de que se detecte la fase MOR, un pequeño grupo de células del tallo cerebral genera un aumento del glutamato, un químico activador que genera la síntesis de proteínas y otros cambios que favorecen el almacenamiento de memoria a largo plazo.

“Durante la vigilia tenemos mil cosas sucediendo a la vez, la biblioteca se va llenando, y no hay manera de procesarlo todo. Mientras permanece despierto, el cerebro también va acumulando mucha información valiosa subconscientemente, sin que la persona se dé cuenta. Durante el sueño podemos borrar esta sobrecarga, y las fases MOR ayudan a almacenar lo que es importante”, continúa el neurocientífico.

Utilizando la jerga especializada de los neurólogos, la “señal para la proporción de ruido” se hace mucho más fuerte. La línea neural de la trivialidad se debilita y entonces los detalles cruciales se recrean y se refuerzan.

9. Músicos desvelados: El doctor Carlyle Smith, de la Universidad de Trent, en Canadá, realizó una serie de experimentos desde principios de los años 90, y descubrió una asociación directa entre la cantidad de sueño en fase 2 y la mejora en el aprendizaje de actividades motoras. Tocar guitarra, manejar un palo de jockey o un teclado son actividades motoras.

Los músicos, entre otros, saben esto desde hace siglos. Una pieza que resulta frustrante durante una clase vespertina suele fluir por la mañana. Pero sólo en años muy recientes la ciencia los ha podido comprobar y así dar a estas intuiciones una forma práctica.

Smith afirma que la gente suele entrar en fase 2 en la segunda mitad de la noche.Esto significa que si alguien se está preparando para una actuación, un recital, una competencia deportiva, etcétera, es mejor acostarse tarde que levantarse muy temprano. Así que aquellos entrenadores que hacen que los atletas se levanten a las cinco de la mañana están locos.

10. Todas las noches el mundo se reordena: Algunos científicos argumentan que es probable que durante la fase MOR, el cerebro mezcle, agrupe y juegue con las trazas de memoria que ha preservado, buscando conexiones escondidas que ayudan a dar sentido al mundo. Las experiencias vitales se seccionan y reordenan, se examinan y se vuelven a mezclar. Este proceso podría explicar las escenas absurdas e inconexas que ocurren durante los sueños: se gira el caleidoscopio de la experiencia destilada.

Cuando nos quedamos dormidos entramos en la fase 1 del sueño, luego a la 2, 3, 4, y de regreso, 3, 2; luego llegamos al MOR. Este ciclo se repite de cuatro a cinco veces por noche en ocho horas. La fase 1 sólo la tenemos al dormirnos y al despertar.



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