Fotografías que muestran la dureza de las competencias ciclísticas.

Algunos ciclistas prefieren las altas montañas y otros la lucha contra el reloj. Pero lejos de las grandes vueltas, hay un mundo de adoquines, barro y muchas caídas.

Son las clásicas de la primavera europea, pruebas que tiene una aureola única por su extrema dureza. Conócelas en estas espectaculares imágenes.

Entre marzo y abril el pelotón de ciclismo se somete a uno de los períodos más difíciles del calendario, el de las pruebas clásicas con carreteras de adoquín.

"No lo puedes comparar con nada", reconoció el ciclista británico Mark Cavendish, del equipo Etixx-Quick Step, en referencia al tipo de adoquín en Bélgica y el norte de Francia, el cual llaman "cabeza de bebé" en flamenco.

En total son 79 secciones de carreteras de adoquines que suman unos 115 kilómetros de sufrimiento para los ciclistas. "El trasero no es lo que más te duele. Los que más sufren son los tobillos y muñecas", dijo Cavendish.

Las clásicas forman parte de la tradición de pueblos y ciudades en Bélgica, que se vuelcan a las calles para alentar a los ciclistas como sucede en la Lieja-Bastoña-Lieja.

El ciclista británico Geraint Thomas, del equipo Sky y uno de los principales del pelotón en las pruebas clásicas, calificó la París-Roubaix como "un infierno sobre ruedas".

Las clásicas combinan la dureza de los adoquines con lo impredecible del clima, características que las colocan entre las pruebas más difíciles de todo el calendario.

Los obstáculos que van a apareciendo en la vía obligan a los ciclistas a tomar desvíos para seguir en carrera.

Estas carreteras no están diseñadas para bicicletas de carrera, ni siquiera para automóviles. A eso se le añade la dificultad que genera el paso de los tractores, que con su peso deja dos peligrosos surcos para los ciclistas.

Las dos pruebas más exigentes son el Tour de Flandes y la París-Roubaix (foto), que suman entre ambas 517 kilómetros, 19 ascensos y 36 secciones con adoquines.

Y es precisamente en esas dos pruebas donde los corredores belgas marcan su superioridad al ganar cerca del 70% del Tour de Flandes y la mitad de la París-Roubaix.



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