De cómo el primer bloguero de la historia mostró su pene para que todos blogueáramos...

Según la definición de Wikipedia, un blog es «un sitio web periódicamente actualizado que recopila cronológicamente textos o artículos de uno o varios autores donde el más reciente aparece primero, con un uso o temática en particular». Lo más relevante de un blog, sin embargo, es su bidireccionalidad: cualquier lector puede comentar una entrada o establecer un diálogo con el autor para halagarle o enmendarle la plana. A su vez, los lectores pueden hacerse comentarios entre ellos en una suerte de foro que enriquece el texto principal hasta el punto de que, en ocasiones, lo mejor de un artículo está en los comentarios.

Justin Hall (y su pene) vivía en Chicago. En diciembre de 1993 se hallaba leyendo un artículo de John Markoff del New York Times acerca del navegador Mosaic, que prometía la sencillez en el acceso a fin de que tanto profesionales como neófitos de la informática pudieran publicar en internet. Y este es el segundo factor relevante en un blog, el que quizá hizo evolucionar definitivamente los weblogs en blogs: la sencillez en el manejo y la edición.

Las nuevas tecnologías no avanzan hasta que la mayoría del mundo puede acceder a ellas. Por eso, en enero de 1994, Justin Hall, que acababa de empezar sus estudios en el Swarthmore College, laznó su sitio web. En la página de inicio mostraba una foto de él mismo atacando al coronel Oliver North, otra de Cary Grant tomando ácido y una declaración que rezaba: «El pedestre Al Gore, primer aduanero oficial de la información».

Era, indudablemente, una página de tono amigable: «¿Qué tal? Esto es informática del siglo XXI. ¿Vale la pena ser pacientes? Voy a publicar esto, y supongo que lo van a leer, en parte para averiguar la respuesta, ¿te parece?». En el encabezamiento de su lista de enlaces recomendado se leía en clara alusión a Dostoievsky: «Enlaces de Justin desde el subsuelo». También disponía de una sección dedicada al sexo, donde ponía: «No olvides limpiar el semen de tusteclados». Tal y como señala Walter Isaacson en su libro Los innovadores:

Se convirtió en la primera forma de contenido creada exclusivamente para (y sirviéndose de) las redes de ordenadores personales. Su weblog contenía poemas mordaces sobre el suicidio de su padre, elucubraciones sobre sus diversos deseos sexuales, fotografías de su pene, relatos encantadoramente agudos sobre su padrastro y otras efusiones que rondaban los límites de lo que se considera un «exceso de información». En resumidas cuentas, se convirtió en el fundador del blogueo canallesco.

La primera revolución de los blogs se fundó sobre el exceso de información banal, porque entre todo ello podía crearse justo la información que alguien necesitaba leer. También se pasaron los límites de lo que podía o debía contarse, con una cercanía y compadreo que solo podía obtenerse en la barra de un bar.

En ese sentido, es significativa la anécdota que Justin explicó en su blog a propósito del encuentro sexual mantenido con una chica. Tras el escarceo, se le había inflamado la piel del prepucio. Su problema genital incluso fue ilustrado con fotografías en primer plano de su pene: «en unas pocas horas, gente de todo el mundo publicó comentarios con sus propias experiencias, recomendándole curas y asegurándose que la afección no tardaría en desaparecer». Probablemente miles de personas en todo el mundo pudieron leer por primera vez acerca de un problema embarazoso que ellos también habían sufrido.

Después de colgar su vida en internet y trabajar profesionalmente en HotWired, una plataforma de publicación dirigida por Howard Rheingold, Justin empezó a convertirse en un apóstol del bloguero amateur, que sencillamente sirviera para crear lazos con la comunidad e intercambiar información con semejantes. Destruyendo la jerarquía informativa de los medios de comunicación tradicionales. Así nació a nivel empírico el weblog, el we blog (nosotros blogueamos):

En su página colgó un anuncio en el que se ofrecía a enseñar a la gente a publicar en HTML si lo acogían durante una o dos noches, y a lo largo del verano de 1996 viajó por todo Estados Unidos durmiendo en casa de quienes aceptaron el ofrecimiento.

Las plataformas de publicación de blogs simplificaron el proceso de tal modo que cualquiera que tuviera algo que decir podía inaugurar su propio medio de comunicación para hacerlo. En 2003, «blog» fue admito como adjetivo y como sustantivo en el Oxford English Dictionary. Y en 2014 ya había en el mundo alrededor de 847 millones de blogs. Lo cual arroja una cifra espectacular si tenemos en cuenta que solo hay tres mil millones de personas con acceso a la Red.

El blog de Hall llegó a tener una gran audiencia en Internet sin embargo, en 2005 Hall decidió cerrar su blog, encontró que a los 31 años lo mejor era vivir normalmente y no vivir pegado a la bitácora que lo había obsesionado durante once años.





Comentarios