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domingo, 18 de octubre de 2015

Revelaron la causa de muerte fulminante de 140.000 antílopes.

Nunca se vio algo igual. En menos de un mes 140.000 saigas cayeron fulminados en las estepas de Kazajistán, casi la mitad de la población mundial de este animal en serio peligro de extinción. Desde mediados de mayo, en pleno periodo de cría, hasta junio los cadáveres salpicaron las extensas llanuras kazajas a una velocidad salvaje: en cuatro días murieron 60.000 adultos y crías. Un equipo internacional de expertos inició una investigación urgente y ahora anuncian la causa de la matanza: dos bacterias.

Dos meses después del esperpéntico episodio sucedido en la estepa Betpak-dala o meseta del Hambre los veterinarios creen haber averiguado qué sucedió. La necropsia de 50 cadáveres ha revelado que las toxinas producidas por las bacterias Clostridia y Pasteurella causaron hemorragias masivas en los órganos de los animales e infección en la sangre. A pesar del hallazgo, aún hay un enigma por resolver. La Pasteurella se aloja habitualmente en el tracto respiratorio y la Clostridia en el intestino sin causar ningún trastorno, excepto si el sistema inmunológico de los antílopes está débil. Los científicos aún no han averiguado qué ha desencadenado la virulencia de las bacterias.


El saiga es el antílope más extravagante del mundo. Es nómada y se desplaza en grandes manadas por las frías estepas de Asia Central (Kazajistán, Rusia, Mongolia, Turkmenistán y Uzbekistán). Es pequeño, no supera los 80 centímetros de cruz, de pelaje color marrón claro. Su morro es una llamativa trompa corta, ancha y móvil. Le sirve para calentar el aire helado propio del paisaje que habita. Tan sorprendente es su aspecto que inspiró la apariencia del inolvidable alienígena Alf, protagonista de una serie de humor estadounidense.

El principal enemigo de este animal somos los humanos. Los cazamos para cortarles los cuernos, que se venden caros en el mercado de la medicina tradicional china. Según esta superstición el polvo de los cuernos de los machos cura enfermedades reumáticas y cardiacas.

En la década de los noventa el número de saigas cayó en picado. De un millón de ejemplares disminuyó hasta los 50.000. La pobreza de los habitantes de la recién desmantelada Unión Soviética disparó la caza de saigas para comer. Fue entonces cuando la CITES lo incluyó en su lista de animales protegidos. Atribuyeron el declive a los cambios en la vegetación, la competición por el alimento con el ganado doméstico, al aumento de los depredadores, también a la interrupción de las rutas migratorias y, cómo no, a la caza y el comercio ilegal.

Esta reciente muerte masiva se une a la del año 2010, en la que cayeron 12.000 y a la de 1988, el peor episodio registrado, con 400.000 saigas muertos. Si los científicos no averiguan pronto qué está pasando los siguientes brotes podrían significar el golpe de gracia.



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