La única excusa creíble cuando has sido infiel.

Poner los cuernos, como se dice sencilla y llanamente, es algo que está mal visto por la mayoría de las culturas. Engañar y mentir a nuestra pareja sentimental para mantener relaciones sexuales con otra persona se percibe como un defecto castigable para algunos e incluso imperdonable para otros.

Mientras la persona engañada busca explicaciones en la falta de comunicación en la pareja, en el estrés, en la decadencia de la vida sexual conjunta o en un simple calentón al conocer a una persona atractiva, quien comete la infidelidad tiene un trabajo complicado: inventarse una buena excusa para conseguir el perdón.

La noche me confundió, se me echó encima, había bebido mucho, me sentía solo… Las justificaciones pueden ser muchas, pero quizás aquella de que es algo innato a determinadas personas suele ser la menos utilizada por sonar como una mentira absoluta. No piensan así los expertos de 'AsapSCIENCE' quienes sugieren que las probabilidades de ser infieles podrían formar parte de nuestro ADN, lo que se traduce en que no podemos evitarlas.

Aunque los seres humanos se encuentran dentro de ese pequeño 3% de mamíferos monógamos o que mantienen una pareja sexual sucesiva durante toda su vida, a muchas personas les sigue sorprendiendo que la gente cometa infidelidades con su pareja.

En este sentido, el estudio realizado por la sexóloga Shere Hite y recogido en su bestseller 'The Hite Report: A National Study of Female Sexuality' (Seven Stories Press), sigue siendo una de las grandes obras para comprender el engaño. Según descubrió la propia Hite, hasta el 70% de las mujeres casadas y cerca del 72% de los hombres en las mismas circunstancias, habían engañado a sus cónyuges en algún momento del matrimonio.

Aunque investigaciones más recientes parecen haber demostrado que Hite exageraba en sus cifras y que los porcentajes podrían ser bastante más bajos –como la realizada en 2008 por el Centro de Investigaciones Sociológicas que apenas determinó que un 17,2% de los adultos españoles habían mantenido alguna relación extramatrimonial, aunque según advertían los propios autores el porcentaje real probablemente es mucho mayor–, el hecho es que muchas personas son infieles.

Según explican los científicos de 'AsapSCIENCE', la probabilidad de ser infieles está escrita en el gen que codifica un receptor de la dopamina, también conocida como la 'hormona de la felicidad'. Los resultados de su investigación demuestran que el 50% de las personas que poseen la variante alelo largo de este gen han confesado haber engañado a sus parejas en algún momento de sus vidas, mientras que entre los que poseían el alelo corto los infieles apenas alcanzaban el 22%. “Las personas con la variante larga son también más propensas a involucrarse en conductas de riesgo y abusar de sustancias”, explica Dana Dovey en 'Medical Daily'.

Otra hormona relacionada con el engaño es la vasopresina. Esta se libera cuando entramos en contacto físico cercano con otras personas y se encuentra en pequeñas cantidades en las personas que tienen problemas de socialibilidad como puede ser el autismo.

Pero la biología no es el único factor que juega un importante papel en nuestras posibilidades de engañar. “Los expertos reconocen que otros como la cantidad de dinero que ambos cónyuges ganen, los problemas emocionales o el abuso del alcohol, son conocidos por influir en las probabilidades de infidelidad en una relación de pareja”, asegura Dobey.

No obstante, pese a las variaciones en nuestros niveles hormonales o a las circunstancias socioeconómicas en las que nos encontremos, lo cierto es que ninguno de estos factores es realmente determinante para cometer una infidelidad. 'Cariño, me he acostado con tu mejor amiga, pero ya sabes cómo es el ADN', puede ser una excusa estupenda, pero un última instancia solo uno mismo decide si debe o no engañar a su pareja.



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