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lunes, 28 de marzo de 2016

La curiosa historia del lugar de la tierra que ningún país quiere (Y la película que hará Disney)

Bir Tawil es una pequeña región deshabitada que no es propiedad de ningún país, fruto de conflictos territoriales históricos entre Egipto y Sudán, en cuyas fronteras se encuentra, y la existencia de una segunda región que sí quieren ambos. Esta es su historia.

Hablar de una superficie terrestre que no es propiedad de ningún estado suele llevar a hablar de la Tierra de Marie Byrd, en la Antártida, una región cuya lejanía al resto del mundo, clima y condiciones la hacen poco apetecible para cualquiera, incluso para Estados Unidos, única nación que alguna vez se ha interesado, aunque no de manera formal, por Tierra de Marie Byrd.

Sin embargo, hay otra región bastante más pequeña, y con menos problemas a priori para hacerla habitable (actualmente está totalmente deshabitada), que tampoco es reclamada por ningún estado soberano. Al revés: los dos que comparten frontera con ella, Sudán y Egipto, se la asignan al otro. Empecemos por el principio.

Bir Tawil es una región de 2.060 km cuadrados, algo así como lo que ocuparían Ciudad de México y Madrid unidas, con forma de trapecio. Para explicar su ubicación concreta entre Sudán y Egipto, hay que remontarse a la historia de ambos países y el momento en que determinaron sus fronteras. En 1899, Inglaterra, potencia colonial de la región en esa época, creó un borde rectilíneo que delimitaba la frontera política entre ambos países. La "guía" escogida fue el paralelo 22. Egipto al norte, Sudán al sur.

Tres años después, en 1902, Reino Unido creó otra frontera, esta vez administrativa, que coincidía en buena medida con la de 1899, pero al acercarse al límite que formaba el mar Rojo al este dejaba de seguir la línea recta del paralelo 22 para dibujar una línea hacia el sur, y luego volver a "subir" 95 kilómetros después, y a partir de ahí continuar ascendiendo, dejando un área notable en manos de Sudán. ¿El motivo? Ese área, de forma triangular, tenía mejores accesos desde Sudán que desde Egipto, y las tribus que la habitaban históricamente provenían de Sudán.

Así quedó el dibujo con ambas fronteras superpuestas.

El papel del triángulo
El trapecio de la izquierda es Bir Tawil, y el triángulo de la derecha es el Triángulo de Hala'ib, que prácticamente multiplica por diez la extensión de Bir Tawil, y además está abierto al mar Rojo. 

Si Hala'ib ha sido un territorio históricamente disputado por ambas naciones, Bir Tawil es todo lo contrario. Como el interés principal está en el triángulo, que presenta mejores condiciones para la habitabilidad y tiene parte de la costa africana del mar Rojo, además de tener una extensión diez veces mayor, ninguno de los dos países lo quiere. Reclamar este territorio supondría aceptar la frontera que ninguno quiere, y por tanto atribuir al otro el triángulo que sí es objeto de deseo para ambos. Egipto se acoge a la frontera original, la del paralelo 22, y Sudán emplaza a la frontera administrativa dibujada por Reino Unido. Así pues, para ambos países Bir Tawil debería ser del otro.

En el Derecho Internacional, como nos explica el jurista Enrique Calasanz, no hay ningún artículo que pueda solventar una situación como esta, de Terra nullius ("tierra de nadie"), prácticamente única en el mundo. Los únicos casos similares son el de la Tierra de Maire Byrd, y el de porciones de territorio en la frontera entre Serbia y Croacia, que fruto de sus acontecimientos de los últimos lustros, no tiene una frontera acordada entre ambos países, dando lugar a cuatro áreas no reclamadas. Sólo una de ellas, la más grande, llamada "Riga", ha sido reclamada recientemente por Liberland.

El delirio
Cuando se lee un caso así es muy fácil pensar de forma onírica en la posibilidad de invadir, pacíficamente y sin oposición alguna, dicha región. Y a partir de ahí, establecer una nueva nación, con una nueva bandera recién salida de Photoshop y un jefe de estado que por supuesto es uno mismo. Viva la autoproclamación. Por supuesto, el sesteo dura dos minutos y rápidamente se nos viene a la cabeza la infinidad de problemas, quebraderos de cabeza, sacrificios y dinero ido por el camino que supondría esta aventura. Y naturalmente, seguimos con nuestras cosas. Pero como solía decir un sabio, "hay gente para todo".

Un estadounidense cumplió su fantasía yendo a Bir Tawil con su propia bandera para "conquistar" y reclamar el territorio, Jeremiah Heaton es ese señor que hace lo que todo el mundo no hace porque no hay pragmatismo alguno. Un estadounidense como cualquier otro que se enteró de la situación de Bir Tawil en 2014 y decidió ir hasta allá para poder reclamar su soberanía. "Si el Derecho Internacional lo consiente, ¿por qué no?", debió pensar. El 16 de junio de 2014, el bueno de Jeremiah llegó hasta Bir Tawil y, como su nombre no era muy internacional, prefirió cambiarlo a "Reino de Sudán del Norte".

Todo reino debe tener un rey que haga las veces de jefe de estado, y por supuesto ese rey era Jeremiah, que así podía cumplir una promesa con su hija de siete años: "te haré princesa". 

Llevó hasta allí una bandera diseñada por su familia. Hasta aquí la historia ya es bastante rocambolesca, pero es a partir de ahora cuando Jeremiah se empezó a venir demasiado arriba: anunció la apertura de embajadas del reino (de "su" reino) en varios países del mundo, y proclamó su voluntad de desarrollar en Bir Tawil, perdón, Reino de Sudán del Norte, una nación basada en la ciencia, la ecología y la autosostenibilidad, que garantice la libertad financiera (Léase: "paraíso fiscal") y digital para sus ciudadanos, así como la alimentación básica. No contento con eso, también habló en modo visionario de su reino como un laboratorio de nuevas tecnologías agrícolas y fuentes de energías renovables futuristas.

Los hechos, que suelen ser letales con los charlatanes venidos a más, son bastante reveladores. Ningún país ha reconocido al Reino de Sudán del Norte como nación. Ninguna embajada del Reino de Sudán del Norte ha abierto en ningún país. Nadie se ha ido a vivir al Reino de Sudán del Norte. Y bueno, para resumir, todo sigue exactamente igual que antes, más allá de la anécdota del amigo Jeremiah, que intentó crear la primera nación creada mediante el crowdfunding con un éxito relativo: quedó muy lejos de su objetivo de recaudar 250.000 dólares, pero es apreciable que consiguiese llegar a los 10.000.

Y en Disney, que de tontos no tienen ni un pelo y saben detectar mejor que nadie las historias potencialmente lacrimógenas para imprimir billetes con ellas pocos años después, ya avanzaron que adaptarían la historia de Jeremiah para una película. Realmente, un caso de película.



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