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lunes, 28 de marzo de 2016

La isla donde hay todo, pero donde nadie quiere vivir

Esta bella isla tiene escuela, policlínica, biblioteca, supermercado, Internet, y obsequia terrenos a quien quiera residir, pero ni así consigue nuevos habitantes.

El gobierno de la Isla Pitcairn, en el Pacífico Sur, está ofreciendo terrenos gratis a los inmigrantes que quieran asentarse, pero ni así logra que alguien se interese en vivir en ese territorio ultramarino británico en la Polinesia. Actualmente cuenta con menos de cincuenta habitantes, y las perspectivas de crecimiento no son nada alentadoras.

Minúscula y prácticamente inaccesible, Pitcairn tuvo su lugar en los noticieros internacionales a causa de un juicio por abuso de menores que involucró a un antiguo gobernante local, Michael Warren, quien fue sentenciado a 20 meses de prisión por poseer más de mil imágenes de pornografía infantil.

Y ese no fue el único escándalo. En 2004 la isla se vio conmovida por un caso semejante, cuando siete de los doce hombres de la isla fueron acusados de 55 delitos sexuales, según consigna el periódico luso Diário de Notícias.

Desde entonces, las autoridades locales han intentado captar nuevos colonos, pero no les ha resultado nada fácil, y ni siquiera la oferta de parcelas está dando resultado: sólo una persona presentó candidatura al programa de repoblamiento de la isla.

Poseedora de hermosos paisajes, esta isla de origen volcánico tiene escuela, policlínica, biblioteca y supermercado. También cuenta con servicios de internet y teléfono fijo (celular sólo para SMS y con prepago). El problema es que para llegar al lugar hace falta tomar un barco en Tahití y afrontar una travesía de 36 horas. Y si una vez allí uno se arrepiente, debe esperar tres meses hasta la llegada del siguiente navío.

La única localidad de la ínsula es Adamstown, con una superficie de unos 4,6 kilómetros cuadrados. Los primeros occidentales en habitar la isla fueron los marinos amotinados del navío inglés HMS Bounty, que se rebelaron contra el comandante William Bligh en 1789.



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