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jueves, 12 de mayo de 2016

1966 el año en que los japoneses se negaron a tener hijos

Las supersticiones forman parte de nuestro día a día. Desde una cábala a la hora de mirar un partido de fútbol hasta pequeños hábitos de todos los días, como no caminar por debajo de una escalera, no pasarse la sal de mano en mano y, por supuesto, no romper los espejos.

¿Pero qué pasa cuando una de estas creencias es tan grande que afecta a la población de un país? Bueno, eso fue lo que sucedió en Japón a mediados de los 60. Esta es la historia de por qué ningún japonés quiso tener hijos en 1966.

Este gráfico representa los índices de natalidad en Estados Unidos y Japón de 1950 a 2010. ¿Observan el pico pronunciado entre 1960 y 1970? Bueno, esa caída abrupta representa uno de los fenómenos más curiosos a nivel social que sucedió en Japón durante la segunda mitad de Siglo XX.

Todo fue producto de la superstición
En Occidente los signos del zodíaco son asignados de acuerdo al día de nacimiento y están asociados con distintos rasgos de la personalidad. En Japón utilizan un sistema similar, pero con influencias del horóscopo chino, en el cual cada año está asociado con un animal y contiene uno de los 5 elementos característicos de la especie.

1966 fue, en Japón, el año del caballo de fuego. Debido a que, según la astrología, estas características influyen fuertemente en la personalidad de las personas, las mujeres nacidas en el año del caballo de fuego fueron catalogadas de <<peligrosas>>, <<cabeza dura>> y en términos generales se suponía que traerían mala suerte a su futuro marido (creencias machistas si las hay).

Recordemos que en esa época, aún no se podía conocer el sexo del bebé antes del embarazo. ¿La decisión? Ante la duda, hubo una disminución radical en la tasa de natalidad ya que las parejas dejaban de tener sexo o directamente realizaban un aborto tras enterarse de su embarazo.

Fue así como el arraigo que tiene la cultura japonesa por la superstición, provocó uno de los fenómenos sociales más extraños y bizarros del Siglo XX.

El tiempo dirá si esta tradición se repetirá nuevamente. En tan sólo 10 años será el próximo año del caballo de fuego y, dado que la tasa de natalidad de Japón ya es mucho más baja que la media, las consecuencias podrían ser desastrosas.



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