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domingo, 31 de julio de 2016

El tratado de Francisco de Quevedo sobre "el ojo del culo"

Allá por 1628, en pleno siglo de Oro de la literatura española, Francisco de Quevedo se hizo esta pregunta: «Podemos vivir sin los dos ojos de la cara, ¿pero podríamos vivir sin el ojo del culo?».

El poeta planteó esta cuestión en un tratado titulado Gracias y desgracias del ojo del culo que ahora reedita Pepitas de Calabaza.

«Sábese que muchos filósofos y anacoretas,
Para vivir en castidad, se sacaban los ojos de la cara
Porque por ahí bebe el veneno de los vicios.
Pero ¿cuándo por el pacífico y virtuoso ojo del culo
hubo escándalo en el mundo, inquietud o guerra?».


El escritor que poseía los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago aseguraba que el ojete estaba mejor situado que los ojos.

«Es vecino de los miembros genitales». En cambio, los ojos de la cara
«son vecinos de los piojos, la caspa de la cabeza y la cera de los oídos».



Además, el ojo del culo «da gusto a las gentes». De ahí el proverbio:

«No hay gusto más descansado
Que después de haber cagado»


Quevedo, uno de los autores más reconocidos de la literatura española, no se quedó en el trasero y abordó incluso una de sus funciones más comunes. El escritor estaba convencido de que, aunque es verdad que los ojos no sueltan pedos, no es nada que se le pueda reprochar al culo, porque «son cosa alegre, pues donde quiera que se sueltan, anda la risa y la chacota».




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