La industria azucarera pagó "estudios" para que culparan a las grasas de los ataques al corazón

En la década de 1960 comenzaron a estudiarse qué alimentos estaban detrás del incremento en el número de enfermedades coronarias responsables de los ataques al corazón. Se hicieron necesarias recomendaciones nutricionales que guiaran a la población para reducir los casos de obesidad y diabetes. Numerosas investigaciones apuntaban como factores de riesgo a los azúcares añadidos y a las grasas saturadas. Sin embargo, la práctica totalidad de los artículos que se publicaron en la época señalaban como únicos culpables a las grasas, omitiendo a los primeros.

Una investigación llevada a cabo por la revista JAMA International Medicine ha destapado el porqué de aquella ausencia: las empresas azucareras pagaron a científicos de la época para culpar mayormente al colesterol y a las grasas y así eludir la relación entre azúcares y enfermedades cardiovasculares.

La noticia revela la correspondencia entre la Fundación de Investigación del Azúcar (SRF, por sus siglas en inglés) y Marcos Hegted, profesor de nutrición de la Universidad de Harvard.

LA SRF habría pedido Hegted y a Fredrick Stare, jefe del Departamento, que revisaran artículos científicos ya publicados sobre las causas de las enfermedades coronarias para borrar de ellas el consumo de azúcares y trasladar el mayor peso a las grasas saturadas. Su campaña surgió efecto. En 1967 se dijo a los ciudadanos en dos artículos sacados por la revista The New England Journal of Medicine que una dieta alta en grasas y colesterol aumentaba la probabilidad de sufrir infartos. En los mismos artículos se rebajaba el peso de los azúcares como factores de riesgo.

"Estos documentos dejan claro que la intención del estudio financiado por la industria era llegar a una conclusión inevitable. Los investigadores sabían lo que el patrocinador esperaba y eso fue lo que hicieron",manifiesta Marion Nestle, profesora de Salud Pública de la Universidad de Nueva York tras la información publicada.

"Este balance histórico de los esfuerzos de la industria demuestra la importancia de contar con opiniones escritas por personas sin conflictos de interés y con transparencia en la información financiera", concluían los periodistas autores de la investigación.

Los mismos periodistas, en un intento por ser consecuentes con la credibilidad que reclaman, manifiestan que no pueden acusar directamente a la industria azucarera de escribir los artículos que se publicaron en 1967. Aunque basaron su investigación en documentos internos de la SRF, no pudieron entrevistar a los responsables (ya fallecidos) y no pudieron determinar si más agentes jugaron su parte en este caso.




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