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viernes, 30 de septiembre de 2016

No te dejes engañar, estas pseudo ciencias no sirven para nada

Si se usan bien, todas y cada una de las disciplinas de la ciencia pueden servir para beneficiar al ser humano de muchas maneras diferentes.

Sin embargo, tenemos que tener mucho cuidado y ser críticos con aquellas que, sin serlo, nos venden como ciencia, especialmente si se hace con el fin de tratar enfermedades o lesiones.

Nos estamos refiriendo a las pseudociencias y pseudoterapias, un conjunto de nuevas prácticas que se están extendiendo como la pólvora durante los últimos años, engañando con supercherías y técnicas de dudosa credibilidad a aquellas personas que, desesperadas ante la falta de eficacia de la medicina y la ciencia convencionales, deciden aferrarse a clavos ardiendo como éstos.

Algunas pseudociencias y pseudoterapias que debes evitar

1. Hidroterapia de colon

Como pasa con otras técnicas, la hidroterapia de colon es una práctica antigua, que poco a poco ha ido ganando un gran número de adeptos en la actualidad.

A todos nos encanta estar limpios; pero, como es lógico, hay lugares a los que el agua y el jabón no llegan cuando nos aseamos, por lo que podemos pensar que no nos hemos limpiado bien por dentro. Y esto es precisamente lo que piensan quienes recurren a esta táctica, consistente en introducir por el recto un tubo por el que se libera agua a través de todo el intestino.

Según las personas que se dedican a ella, la hidroterapia de colon es una forma fácil y barata de sentirse limpio, ligero y fuerte, e incluso también tiene efectos muy beneficiosos sobre la piel.

Sin embargo, según un estudio publicado en The Journal o Family Practice en 2011, no sólo son patrañas todas sus supuestas virtudes, sino que además puede afectar negativamente a la salud causando síntomas como náuseas, molestias intestinales o insuficiencia renal.

Mejor conformarse con estar limpios por fuera.

2. Medicina ortomolecular

A la hora de tomar una sustancia beneficiosa para la salud debemos tener en cuenta la dosis, pues un mismo compuesto que a cantidades ínfimas puede ser esencial para nuestro bienestar, a niveles elevados puede ser peligrosamente perjudicial.

Sin embargo, los seguidores de la medicina ortomolecular no están de acuerdo, pues defienden encarecidamente el consumo de biomoléculas, como las vitaminas o algunos minerales, a dosis muy por encima de las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.

Además de no hacer nada por nosotros, este exceso de biomoléculas puede ser muy peligroso; ya que, si bien es cierto que en muchas ocasiones la dosis sobrante se elimina con la orina o las heces, otras veces sí que actúan sobre el organismo, dando lugar a patologías como la hipervitaminosis.

Así que en este caso lo de “mejor que sobre a que falte” es un craso error.

3. Magnetoterapia

La magnetoterapia es también una de las terapias alternativas que más fuerza están cobrando en los últimos años, especialmente por el gran número de aplicaciones que tiene.

Básicamente, consiste en el sometimiento de ciertas partes del cuerpo a campos magnéticos; que, supuestamente, actúan sobre componentes como la hemoglobina, encargada de transportar el oxígeno en la sangre.

Sí que es cierto que esta proteína puede repeler los campos magnéticos en presencia de oxígeno y alinearse con ellos en su ausencia; pero, aún así, está científicamente demostrado que incluso los campos magnéticos más fuertes utilizados durante la terapia, son demasiado débiles para afectar al flujo sanguíneo.

Por lo tanto, los anillos imantados utilizados con estos fines pueden ser muy decorativos y quedar muy bien en el dedo, pero en lo que a efectos beneficiosos se refiere, parece ser que no tienen ninguno.

4. Reiki

Nos encontramos de nuevo con una técnica muy antigua, creada en 1.922 de la mano del japonés Mikao Usui. Desde entonces han sido muchos los “sanadores” que se han subido al carro del Reiki, una terapia que se basa en la imposición de manos como método para transferir al paciente una fuerza universal sanadora, conocida como ki.

Ni la evidencia científica ni la lógica abogan por la utilidad de esta técnica, que por otro lado no tienen ningún tipo de efecto perjudicial para la salud de quién se expone a ella. Sin embargo, eso no quiere decir que sea inocua, pues muchas personas deciden abandonar prácticas como la quimioterapia, que a pesar de conllevar un gran número de efectos secundarios, sí que suponen una eficacia demostrada frente a enfermedades tan terribles como el cáncer.

5. Frenología

Nuestra apariencia en ocasiones dice mucho sobre nosotros, pero sin llegar a lo expuesto por los defensores de la frenología, que afirman que se puede conocer mucho sobre la personalidad y el carácter de las personas a través del análisis de rasgos como la forma de su cabeza, el cráneo o las facciones.

Aunque en un pasado se le dio mucha credibilidad, e incluso se llegó a utilizar para justificar conductas como el sexismo o el racismo, hoy en día se sabe que no tiene ninguna base científica, por lo que se trata de concienciar a la población de su ausencia de utilidad.

6. Pseudociencias en el deporte

A pesar de los intentos de los científicos por desmentirlas, las pseudociencias están calando cada vez más fuerte en la sociedad, llegando a sectores tales como el deporte; como hemos podido comprobar durante los últimos Juegos Olímpicos, en los que un gran número de deportistas se han mostrado con círculos rojizos y cintas de colores en la piel, fruto de su sometimiento a terapias como la ventosaterapia y el kinesiotape, respectivamente, utilizados para tratar los dolores musculares de una forma sana, sin tener que recurrir al dopaje.

Esto resulta bastante preocupante; pues, a pesar de toda la información disponible, si vemos a nuestros deportistas favoritos luciendo las marcas de la pseudociencia en su piel, ¿para qué vamos a hacer caso a los verdaderos especialistas?

En ocasiones la desesperación nos lleva a tomar decisiones tan terribles como dejar a un lado los verdaderos tratamientos, que a pesar de los efectos secundarios han demostrado sobradamente su eficacia. Y eso puede ser terrible. De pequeños, cuando nuestras madres nos curaban las heridas y llorábamos por el dolor, a menudo nos decían: “si duele significa que cura“. Pues en este caso ocurre algo parecido. 



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