jueves, 14 de abril de 2016

Amplia selección de imágenes divertidas y WTF!







Los beneficios mentales de ir a tirar la basura

Es extraño que haya miles de estudios sobre el amor (así, a ojo), pero ninguno sobre tirar la basura. Extraño porque tirar la basura (sin quejarse) es más un acto de amor que un acto de higiene. Tirar la basura evita la fermentación de mal humor y con ello se aleja discusiones con la familia y la pareja. 


El principio de Pareto
El principio de Pareto ilustra sobre la conveniencia de tirar la basura en cuanto aparece la alerta azul o naranja (cuando los restos están a la altura de las asas anunciando desbordamiento). Pero, ¿quién es Pareto? Un sociólogo, economista y filósofo italiano, dice Wikipedia. ¿Y qué dijo? Formuló el principio que lleva su nombre también conocido como regla 80/20 y que originalmente dice:

El 20% del esfuerzo genera el 80% de los resultados

¿Qué significa? Un ejemplo: si uno tiene 100 minutos por delante para realizar una tarea, es probable que entre el cafelito, el WhatsApp, los estados de Twitter y Facebook, concluya la tarea en 20 minutos. (Posiblemente, los últimos 20 minutos).

¿Qué tiene que ver Pareto con tirar la basura?
La siguiente infografía hecha a mano intenta aclararlo:

¿No sería lógico coger la bolsa y tirarla al contenedor sin pensarlo dos veces en vez de emplear media hora o más negándose a la tarea? Ese «siempre me toca a mí», «¿Ahora? Espera al intermedio de la peli»… Sí, sería lo lógico, pero los humanos no somos por lo general lógicos (los programas de televisión de trocitos tipo «lo mejor de la semana» reflejan un preocupante aumento de la idiotez).

Puede que la negativa se deba a la aversión por los olores que desprenden los restos de comida. Tampoco favorece que las ordenanzas municipales (al menos por aquí) obliguen a tirar la basura de noche, llueva o haga frío. Malpensando, quien va a tirar la basura sin una queja algo oculta: fuma un cigarro a escondidas o espera charlotear con la vecinita del perrito cuyo nombre desconoce, pero sabe el del perro, cuándo hace caca y cuándo le toca veterinario. Ciertamente, tirar la basura es desagradable incluso en el mundo virtual. No es raro que todo jugador de losSims, en cuanto puede, se compra un robot para que se deshaga de la basura.

Tirar la basura no entra dentro de las parafilias. Al parecer, una patada en los testículos con una bota militar es, para muchos, más placentero que deshacerse de una bolsa. (Aseguran quienes lo han probado). Por el contrario, hay personas que declaran sentir vergüenza o reparo al ir a tirar la basura.

Para que tirar la basura resulte sexy o cuanto menos una actividad digna de mención quizá necesita una coletilla. Una frase o palabra que la haga atractiva, como por ejemplo lo que pasó con la tortilla: Mi teoría es que en un principio se llamaba solo tortilla, pero [alguien] vio que así pasaba desapercibida y como era un snob dijo: “Me voy a poner algo molón, algo chic, ya lo tengo: tortilla francesa”».

Quizá si una celebrity apareciera en las revistas tirando la basura, tal vez se pusiera de moda como en su momento las botas de campo en las fiestas de las embajadas.

Sea como sea, tirar la basura sin quejarse dos veces tiene consecuencias positivas para la creatividad (es el momento de justificar el título del artículo). Si uno no malgasta el tiempo en quejas o con negativas mentales, puede emplearlo en un acto creativo o como público atento. (¿Quién escribe o lee tranquilo pensando en «luego tiro la maldita basura»). Así que el primer beneficio es la concentración.

Otro beneficio es que tirar la basura contribuye al pensamiento lateral (el que crea asociaciones) que tiene la manía de aparecer cuando uno se aparta de la actividad que está haciendo. ¿Quién no ha tenido una idea feliz sobre un asunto mientras estaba enfrascado limpiando la encimera, echando gasolina u ordenando trastos?






La nazista que desollaba Judíos para hacer lámparas con su piel.

Fue una de las villanas más temibles y sanguinarias del Holocausto nazi. Su sadismo alcanzó tal grado de intensidad que acabó siendo conocida como "la zorra de Buchenwald".

Ilse Koch nació en Dresden (Alemania) en 1906. Su infancia y adolescencia fueron tremendamente normalales y a los 15 años empezó a estudiar contabilidad en un país destrozado económicamente tras la Primera Guerra Mundial.

En la década de los 30, se unió junto a sus amigos al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Quería que Alemania fuera grande de nuevo. Adolf Hitler era su esperanza, el líder capaz de devolver el esplendor a su país.

Dentro de los ambientes del partido, Ilse conoció a su futuro marido, Karl Otto Koch, que en 1937 fue nombrado comandante del campo de concentración de Buchenwald, uno de los primeros y más grandes campos abiertos por los nazis.

Parapetada tras el poder de su consorte, Ilse vio su oportunidad de dejar de ser una niña buena y convertirse en el terror de los prisioneros. Pronto se ganó, a fuerza de sus actos, la reputación de ser una de las nazis más temidas del campo.

Su primera orden fue la de construir un campo de deportes en el interior de Buchenwald en el que pudiera montar a caballo. Pero no lo hizo simplemente por sus ganas de evasión o su interés recreativo. También se paseaba a lomos de un corcel por el campo dando latigazos a los prisioneros a su antojo.

Los sobrevivientes de Buchenwald narraron años más tarde en un juicio la manera en que Ilse disfrutaba especialmente viendo cómo los niños eran enviados a la cámara de gas. Pero, su crueldad no quedó ahí. En los Juicios de Nuremberg se descubrió que la esposa del comandante tenía en sus dependencias todo un alijo de objetos realizados con piel humana.

Pantallas de lámparas, cubiertas de libros y hasta guantes fueron, supuestamente, confeccionados con la piel de los prisioneros que eran desollados antes de ser enviados a los hornos crematorios. Todo por orden de Frau Koch.

Según las declaraciones de testigos, durante sus paseos en caballo Ilse seleccionaba a los prisioneros aptos para sus obras. Los que más le gustaban eran todos aquellos que tuvieran tatuajes distintivos sobre la piel. Los funcionarios del campo se ocupaban luego de hacerle llegar aquellas muestras de piel.

Ella y su marido fueron arrestados en 1943 por haber cometido torturas y asesinatos por su cuenta. Por lo visto, cualquier castigo debía ser aprobado primero por la oficina principal de Oranienburg y los Koch no informaban de ellos a sus superiores.

Esta "adorable anciana" es, en realidad, una asesina serial.

Amy Dunne, la retorcida protagonista de la película de David Fincher Perdida, existe, vive en Canadá y tiene 80 años.

A lo largo de su vida, Melissa Ann Shepard, conocida como la Viuda Negra, ha envenenado y matado a varios de sus maridos y novios.

Todas sus víctimas han sido hombres a los que ha drogado, poniendo veneno en su café o en la tarrina del helado, y después de su muerte se ha quedado con sus ahorros.

A primera vista, parece una amable anciana que imaginas cuidando de enormes rosales en su jardín de valla blanca y bien arreglada. Pero en el fondo, se esconde la personalidad de una maquiavélica asesina.

Su historia comienza después del divorcio de su primer marido, Russell Shepard, en los 90. Russell de hecho, ha sido el único que no fue víctima del ardid de Melissa y no ha sufrido daños.

Su segundo marido, Gordon Stewart, no corrió la misma suerte. En 1991 Melissa pasó dos veces por encima del cuerpo de Gordon con un coche Chevrolet. El hombre fue aplastado pero cuando le hicieron la autopsia descubrieron que en su cuerpo había una dosis letal de alcohol y narcóticos.

Cuando la policía llegó para interrogar a Melissa, ésta declaró que su marido intentó violarla y que ella solo trataba de escapar. Finalmente fue condenada por homicidio involuntario y salió de prisión en 1994. Después de la cárcel se convirtió en una portavoz de las mujeres maltratadas y fue entrevistada por muchos medios de comunicación.

Curiosas maneras en que el cuerpo influye en nuestra forma de percibir el mundo

A lo largo de la historia, la ciencia y la filosofía se han empleado en desentrañar las relaciones que existen entre el cuerpo y la mente. ¿Existe un nexo de unión entre ambos? ¿Son elementos unidos o independientes?

Hoy en día, la ciencia y la medicina asumen que nuestros procesos mentales tienen lugar en la cabeza. Pero nuestros cuerpos físicos, sus habilidades, sus límites y sus dolencias pueden condicionar las conclusiones de nuestra maquinaria mental de formas sorprendentes.

La psicóloga cognitiva Jessica Witt y otros varios colegas llevan años dedicados al estudio de esa relación entre las capacidades físicas de una persona y los procesos perceptivos. Y los resultados de sus experimentos resultan tan curiosos como fascinantes.

Aquí van diez ejemplos de cómo las características de los cuerpos o su acción influyen en los procesos básicos de la percepción.

1. Las cuestas parecen más pronunciadas cuando estamos fuera de forma o cargamos una mochila 
En general, la gente percibe un objetivo como más lejano cuando la situación requiere que haga un esfuerzo adicional para caminar, saltar o lanzar otro objeto hacia aquel.

En estudios realizados por Witt y otros colegas, personas cargadas con mochilas pesadas juzgaron estar ante una cuesta 5 grados más inclinada que quienes no iban cargados.

Algo similar sucede en relación con nuestro estado físico. Las personas menos en forma tienden a sobreestimar la inclinación de una cuesta con respecto a la gente mejor entrenada.

2. Las distancias parecen más lejanas para personas con dolores crónicos.
En la misma línea, diversos experimentos realizados por Witt y su equipo demuestran que el dolor genera un sesgo en nuestra percepción espacial similar al del esfuerzo.

Las personas con colores crónicos perciben las distancias de manera diferente a la gente no aquejada de dolores. Hasta un 30% más lejanas en algunos casos.

3. Si estás en una buena racha deportiva, tu percepción visual del juego mejoraTodo tipo de atletas sufren distorsiones visuales cuando las cosas les están saliendo bien sobre el campo. Al parecer, los jugadores de béisbol perciben la pelota como más grande de lo que en realidad es cuando están en medio de una buena racha de bateos. La percepción de la altura de la red cambia en función de lo inspirados que estén los tenistas. Igual ocurre con los lanzadores de dardos, que creen que la diana es más grande de su tamaño real cuando están en racha.

4. Los objetos parecen más pequeños y más cercanos cuando sentimos que están a nuestro alcance
El sesgo en la percepción de las distancias también se puede comprobar haciendo uso de objetos de nuestra vida diaria. En un experimento realizado por Witt y Dennos Porffitt con estudiantes de la Universidad de Colorado descubrieron que la gente percibe como más cercanos objetos que están fuera de su alcance en el momento en el que les das un bastón o cualquier otro tipo de objeto para alcanzarlos.

La distorsión se mantiene incluso sin la necesidad de contar con un objeto físico entre las manos. En otra tanda de experimentos, Witt y compañía descubrieron que el mismo sesgo se produce con solo imaginar que disponemos de ese bastón. Imaginar que apuntamos con un puntero láser al objeto es suficiente como para que nuestro cerebro perciba que el objeto está más cerca de lo que en realidad está.

Ilustraciones surrealistas que revelan el lado oscuro de nuestra sociedad.

Igor Morski, un ilustrador y artista polaco, crea imágenes surrealistas empapadas de significados ocultos que reflejan actuales vicios y tendencias de nuestra sociedad actual:






Cuando el photoshop es usado correctamente se logran imágenes como éstas.








Geniales fotografías tomadas desde el ángulo correcto que, seguro, te engañarán







2 cucharadas diarias de aceite de coco contra el alzheimer

Durante cinco años, el esposo de la Doctora Mary Newport, Steve, sufrió de una demencia progresiva que más adelante se convirtió en Alzheimer. Lidiar con eso no era nada fácil. Steve no podía recordar las cosas más básicas, como servirse agua del refrigerador. Además, olvidaba cosas importantes y luego de un par de días, lograba recordarlas. Los medicamentos que tomaba lo estaban deprimiendo; perdió el apetito, se adelgazó y olvidó muchas otras cosas simples, como cocinar.

De repente, un tema interesante captó la atención de Mary: los cuerpos cetónicos.

Algunos estudios hablaban del uso de los llamados cuerpos cetónicos para tratar y prevenir enfermedades como el parkinson, la epilepsia, la esclerosis e incluso el Alzheimer, entre otras. Las células del cuerpo, pueden utilizar cuerpos cetónicos como una especie de gasolina para el cerebro cuando la glucosa no está disponible. Usualmente, éstas no circulan por el cuerpo a menos de que la persona esté en una dieta muy baja en carbohidratos.

“En la enfermedad del Alzheimer, las neuronas en ciertas áreas del cerebro no son capaces de tomar glucosa debido a la resistencia a la insulina y poco a poco se van muriendo. Si estas células tienen acceso a las cuerpos cetónicos, podrían potencialmente permanecer vivas y seguir funcionando” afirma la Doctora Mary Newport.
¿Y qué tiene que ver el aceite de coco con todo esto?

Los cuerpos cetónicos se pueden producir cuando el cuerpo digiere aceite de coco. Por esta razón, Mary consideró que éste podía ser una especie de alternativa favorecedora para pelear en contra del Alzheimer de Steve.

Decidió entonces, darle a su esposo una dosis diaria de aceite de coco (dos cucharadas, dos veces al día).

Después de 60 días, Steve se veía alerta, feliz; hablaba más, tenía sentido del humor. Se concentraba más en las labores cotidianas. Incluso, la realización de algunos ejercicios simples como dibujar un reloj, mejoraron de una forma impresionante. Después de un año, Mary aseguró que su esposo era una persona nueva. Aún tenía dificultades, pero reconocía a sus parientes, participaba activamente de las conversaciones y las expresiones en su rostro eran mucho más alegres.

El reloj antes del aceite de coco:

El reloj después del aceite de coco:

Aunque no se curaría del todo, cada cucharada valió la pena para mejorar su día a día.


¡Ah, los vecinos!







35 proverbios de la sabiduría Japonesa

  1. Si puedes resolver el problema, no vale la pena preocuparse por eso; si no se puede solucionar, no vale la pena preocuparse por eso.
  2. Si ya lo pensaste, atrévete; si ya te atreviste, no lo pienses.
  3. No detengas a quien se quiere ir, no corras a quien acaba de llegar.
  4. Rápido, es despacio pero sin pausas.
  5. Es mejor ser enemigo de una buena persona, que amigo de una mala.
  6. Sin personas ordinarias no existen personas grandes.
  7. Quien desea mucho llegar a la cima, se inventará una escalera.
  8. El marido y la mujer se deben parecer a las manos y los ojos: cuando una mano siente dolor, los ojos lloran; cuando lloran los ojos, las manos quitan las lágrimas.
  9. El Sol no sabe quién tiene razón y quién está equivocado. El Sol brilla sin el objetivo de darle calor a alguien. El que se encuentra a sí mismo es como el Sol.
  10. El mar es grande porque no desprecia los riachuelos.
  11. Hasta el camino lejano empieza con uno cercano.
  12. Quien bebe no conoce el daño del vino; quien no bebe, no conoce sus virtudes.
  13. Incluso si únicamente necesitaras la espada una sola vez en tu vida, siempre debes cargarla.
  14. Las flores bonitas no dan buenos frutos.
  15. La pena, como un vestido desgastado, se tiene que dejar en la casa.
  16. Cuando hay amor, las marcas de viruela son igual de bellas que los hoyuelos en las mejillas.
  17. Nadie tropieza acostado en la cama.
  18. Una palabra buena puede darte calor durante los tres meses de invierno.
  19. Cede el paso a los tontos y los locos.
  20. Cuando dibujas una rama debes escuchar el suspiro del aire.
  21. Cerciórate 7 veces antes de dudar de una persona.
  22. Haz todo lo que puedas, en lo demás confía en el destino.
  23. La honestidad exagerada limita con la estupidez.
  24. A la casa donde se ríen, viene la felicidad.
  25. La victoria es para aquel que aguanta una hora más que su rival.
  26. Puede suceder que una hoja se hunda y una piedra se mantenga a flote.
  27. A la cara que sonríe no se le lanzan flechas.
  28. Un té y un arroz fríos se pueden aguantar, pero una mirada y una palabra fría son insoportables.
  29. A los 10 años, un milagro; a los 20, un genio; después de 30, una persona ordinaria.
  30. Si una mujer quiere algo, atravesará una montaña.
  31. Es un minuto de vergüenza por preguntar, y toda la vida por ignorancia.
  32. Un jarrón perfecto nunca sale de las manos de un mal maestro.
  33. No tengas miedo de inclinarte un poco, te enderezarás más.
  34. Los ríos profundos fluyen en silencio.
  35. Sonríe para vivir mejor!

Humor periodístico