domingo, 17 de julio de 2016

Breve pero efectiva selección de imágenes divertidas







"El frío es contagioso": Datos curiosos sobre el frío.

¿Sabías que el frío puede hacerte equivocar? ¿Y que dormir con frío podría no ser tan malo? Existen muchos mitos alrededor del invierno y las bajas temperaturas. Pero aquí vamos a derribar algunos de ellos y vas a descubrir curiosidades sobre el frío que nunca oíste.
  • El frío es contagioso. Un estudio realizado en diciembre de 2014 por científicos británicos y alemanes reveló que, luego de ver videos de personas que metían las manos en agua helada, la temperatura de las manos de los participantes bajaba 0,2 °C.Nadie se enferma solo por estar a la intemperie en la estación fría; hay que tener contacto con otra persona que porte, por ejemplo, un virus, dice David Proud, profesor de fisiología y farmacología en la Universidad de Calgary, en Canadá. “Se corre más riesgo de resfriarse en lugares cerrados y concurridos”.Los betabloqueadores (usados para tratar la hipertensión) pueden aumentar la sensibilidad al frío. Si tomás estos fármacos, abrigate bien y pasá menos tiempo a la intemperie en tiempo de heladas.
  • Si hace demasiado frío para salir a correr, quedate un rato de pie al aire libre. En 2015 científicos estadounidenses confirmaron que temblar de frío equivale a hacer ejercicio, porque contrae los músculos, acelera el metabolismo y convierte el tejido adiposo blanco, que almacena energía, en tejido adiposo pardo, que quema calorías.
  • Los chapuzones en agua fría parecen mejorar la salud. Un estudio realizado en Finlandia en 2004 con sujetos que nadaban al aire libre en invierno reveló que al cabo de cuatro meses reducían su nivel de estrés y fatiga, y mejoraban su memoria y estado de ánimo.
  • El aire acondicionado de las oficinas es sexista. En 2015 un estudio publicado en Nature Climate Change observó que los termostatos de los edificios se ajustan según una fórmula obtenida en los años 60 y basada en parte en el ritmo metabólico de un hombre de 40 años. Como el metabolismo de las mujeres tiende a ser más lento, las oficinistas suelen helarse en el verano.
  • Los empleados que pasan frío se equivocan más. En 2004 investigadores de la Universidad Cornell, en Ithaca, Nueva York, subieron la temperatura de una oficina de 20 a 25 °C, y los empleados cometieron 44 % menos errores durante un mes.
  • En cambio, dormir con frío tal vez sea saludable. En un estudio realizado en los Estados Unidos en 2015, los cinco participantes, tras dormir un mes en un cuarto a 19 °C, casi duplicaron su tejido adiposo pardo. Los autores, de los Institutos Nacionales de Salud, creen que esto reduce el riesgo de contraer diabetes y otras enfermedades metabólicas.
  • Científicos de la Universidad de Toronto, Canadá, confirmaron que la frialdad afectiva infunde frío. Los sujetos del estudio que recordaban una experiencia de aislamiento social calculaban menores temperaturas en una sala que quienes recordaban sentirse aceptados.
  • En 2014 investigadores alemanes observaron que la temperatura ambiente afecta nuestra manera de juzgar a un delincuente. Cuando se encendía la calefacción, los participantes tendían a pensar que el reo había actuado al calor de un impulso, pero cuando la sala estaba helada los mismos delitos se consideraban premeditados y cometidos a sangre fría.
  • ¿Es cierto que la mitad del calor del cuerpo se pierde a través de la cabeza? En absoluto, dice un estudio publicado en 2008 en el British Medical Journal. La cabeza deja escapar apenas el 10 % del calor corporal.
  • La llamada “piel de gallina” es un vestigio de cuando nuestra especie tenía el cuerpo cubierto de pelo. Cuando los animales tienen frío, unos diminutos músculos en la piel se contraen y erizan el pelo, lo que forma una capa de aislamiento eficaz.
  • Si querés entrar en calor, no pienses en el dinero. En la primavera de 2016 investigadores austríacos y suizos pidieron a un grupo de voluntarios que metieran las manos en una taza llena de billetes (el grupo de control usó una taza llena de papeles). Quienes tenían las manos en contacto con dinero sentían más baja la temperatura.


#Padresmalvados







El centenario teatro argentino que fue convertido en una librería


Situada en el Barrio Norte de Buenos Aires, hay una preciosa librería llamada El Ateneo Grand Splendid. Fue construido dentro del teatro Grand Splendid, que abrió en 1919. Después fue transformado en un cine, y finalmente, en el año 2000, fue convertido en esta librería, que da la bienvenida a un millón de visitantes cada año.

El edificio actual fue iniciado en 1917 e inaugurado en mayo de 1919 por el empresario de origen austríaco Mordechai David Glücksman (al que todos conocían como "Max"). Él encargó su construcción con el fin de instalar un cine-teatro sobre los cimientos del que fuera el Teatro Nacional Norte. Al nuevo teatro lo llamó Gran Splendid.

Fue diseñado por los arquitectos Peró y Torres Armengol y construido por los arquitectos Pizoney y Falcope.3 Contaba con cuatro hileras de palcos y una platea con capacidad para 500 personas.

En febrero de 2000 el Grupo Ilhsa firmó un contrato de alquiler hasta el 2010 e invirtió 3 millones de pesos en remodelaciones que estuvieron a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

El local posee 120.000 títulos de libros en stock. Según cifras de 2008 pasaron unas 3.000 visitas por día -medido con un contador electrónico en la puerta de entrada- y se vendieron más de 700.000 libros. Es un punto turístico en los recorridos de la zona sobre todo para los extranjeros.

La librería actual mantuvo el esplendor del desaparecido cine-teatro, con la cúpula pintada, los balcones originales, la ornamentación intacta y hasta el telón de terciopelo. Varios cómodos sillones repartidos permiten sentase a leer cualquier libro sin obligación de compra tanto en lo que fuera el sitio de la platea como en los antiguos palcos, o en lo que fuera el escenario que actualmente se usa restaurante y confitería y posee un piano en el cual se ejecuta música que acompaña la lectura. En el subsuelo las escaleras mecánicas conducen al salón de venta de música y libros para niños. El piso más alto es dedicado a exposiciones. Donde se venden los libros de bolsillo se hallaban las ventanillas para la venta de entradas.


12 divertidos mensajes de texto entre padres e hijos






Algunos famosos y sus antiguas profesiones antes de la fama

Quentin Tarantino

Nicole Kidman

Hugh Jackman

Charlize Theron

Clint Eastwood

Harrison Ford

Humor con "P"







¿Es verdad que las empresas fabrican productos que cada vez duran menos?

"Ya no las fabrican como antes", es una frase que se escucha frecuentemente. En el caso de la llamada "Bombilla Centenaria" luce muy acertada.

115 años después de haber sido encendida, aun brilla tenuemente en una estación de bomberos en Livermore, EE.UU.

La "Bombilla Centenaria" suele mencionarse como evidencia de una supuesta siniestra estrategia de negocios conocida como "obsolescencia programada" o planificada.

Muchos creen que las bombillas y otros productos de la tecnología podrían fácilmente durar décadas, pero es más rentable introducir una vida útil artificial para que las compañías obtengan ventas repetidas.

"Es la teoría conspirativa de la obsolescencia programada", dice Mohanbir Sawhney, profesor de Mercadeo de la Northwestern University de EE.UU.

Y es algo que existe, sí; pero con matices. Más allá de la cruda caricatura de compañías codiciosas deliberadamente desplumando a sus consumidores, la práctica tiene algunos puntos positivos.

En respuesta a los consumidores
Hasta cierto punto, además, es una consecuencia inevitable de que existan empresas sostenibles que le dan a la gente los productos que desean.

"Básicamente, están reaccionando al gusto de los consumidores", dice Judith Chevalier, profesora de Finanzas y Economía de la Universidad de Yale (EE.UU.).

"Creo que hay casos en los que en cierta forma engañan al cliente, pero hay otras situaciones donde la culpa puede recaer en el consumidor".

Como producto, las bombillas proporcionan un ejemplo práctico muy emblemático de obsolescencia programada.

Thomas Edison inventó las bombillas eléctricas comercialmente viables alrededor de 1880.

Esas primeras lámparas incandescentes -incluyendo la "Bombilla Centenaria"- eran de filamentos de carbono y no del tungsteno que se utilizaría extensamente 30 años más tarde.

Al ver que los consumidores no estaban dispuestos a pagar por reponerlas, las empresas de iluminación buscaron producir bombillas que durarán el mayor tiempo posible, dice el sitio especializado en antigüedades "Collector's Weekly". 

Sin embargo, el modelo de negocios cambió cuando la base de clientes creció. Las compañías vieron que podían ganar más dinero haciendo unidades desechables, pasando el costo de reemplazarlas a los consumidores.

Eso dio origen en la década de los 20 al tristemente célebre "Cartel Phoebus" con fabricantes como Osram, de Alemania, Associated Electrical Industries, de Reino Unido, y General Electric (GE) en Estados Unidos, que confabularon para reducir artificialmente la vida útil de las bombillas a 1.000 horas.

La práctica se generaliza

Los detalles de la trama aparecieron décadas más tarde en investigaciones gubernamentales y periodísticas.

Para Giles Slade, autor del libro "Made to Break", (Hecho para romperse) "el cartel es el ejemplo más obvio" de los orígenes de la obsolescencia programada "porque esos documentos fueron encontrados".

Y esa práctica afloró en otras industrias.

Por ejemplo, la competencia en el naciente mercado automovilístico de los años 20 hizo que General Motors introdujera el ahora familiar cambio anual de modelos en sus vehículos.

Aunque el término "obsolescencia programada" no comenzó a usarse hasta la década de los 50, para entonces ya había permeado las sociedades de consumo.

Y de distintas formas, sutilmente o no, aun existe en la actualidad.

Desde la llamada durabilidad artificial, en la que componentes frágiles caducan y repararlos cuesta más que reemplazar los productos, hasta las actualizaciones estéticas, los fabricantes cuentan con suficientes artimañas para seguirle sacando dinero a sus clientes.

Estamos mas cerca de conseguir la capa de invisibilidad perfecta

La invisibilidad, como el oro lo fue para la alquimia en su día, es uno de esos veleidosos de la ciencia. Todavía estamos relativamente lejos de conseguirlo pero un grupo de científicos de la School of Electronic Engineering and Computer Science de Londres han conseguido algo que, como poco, nos acerca a ella.

En realidad, se trata de un medio de nanocomposite que esconde objetos en 3D a los ojos de ondas electromagnéticas de modo que un objeto con profundidad aparece como plano cuando se escanea en unas frecuencias determinadas haciéndolo, por tanto, inherentemente “invisible” a dichas ondas. La estructura de nanocomposite esconde un objeto que normalmente habría provocado una alteración en las ondas.

El objetivo no es, por suerte o por desgracia, la invisibilidad, sino conseguir importantes avances en la ciencia de antenas. Permitiría crear antenas de diferentes tamaños y formas ancladas en lugares muy diversos. El descubrimiento tiene implicaciones también en variedad de campos, desde las microondas a la óptica pasando por el control de cualquier tipo de onda electromagnética.

Si alguna vez la humanidad conseguirá la tan ansiada invisibilidad resulta complejo de establecer, pero si algo enseña la historia es que la ciencia suele acabar victoriosa ante la afirmación “Eso es imposible”.

Una vez conseguida esa famosa capa: ¿cómo frenar los asesinatos, robos, espías y todas las posibilidades criminales que, quienes protegidos por la invisibilidad, podrán cometer? 

Parafraseando al tío de Peter Parker "Grandes inventos, traen grandes responsabilidades..."



Cosas que no deberíamos publicar en las redes sociales

En los últimos años se viene hablando mucho del peligro de revelar demasiada información personal en las redes sociales. Probablemente, haya escuchado muchas veces consejos como el que recomienda no presumir de sus propiedades o de sus planes de viajes para no atraer a los ladrones, así como no dar información personal que facilite a los ladrones el robo de su identidad o sus contraseñas.

Sin embargo, también hay otro tipo de información que conviene no compartir públicamente por distintas razones.
  • Bulos De vez en cuando aparecen en Facebook oleadas de bulos que son compartidas por miles de personas. Así, la Red se llena a veces de publicaciones acerca de que Facebook va a empezar a cobrar por la privacidad o acerca de que los usuarios tienen que declarar públicamente que son propietarios de sus fotos y otros contenidos que publican porque, en caso contrario, se convertirán en propiedad de la Red. Otro bulo popular gira en torno a kas muertes de famosos. La regla es muy sencilla: no comparta ni publique nada que pueda desmentirse fácilmente invirtiendo un par de minutos de búsqueda en Google.
  • Fotos de niños Está creciendo una generación de niños cuya vida es fotografiada por familiares o personas ajenas, que publican sus retratos en las redes sociales desde su más temprana edad. Y nadie parece prenguntarse si a estos niños les gusta que sus 'tiernas' fotos aparezcan delante de todos o si, como muchos adultos, prefieren más privacidad.
  • Comentarios políticos Cuando la situación política en su país y en el mundo se caldea, no conviene publicar opiniones políticas, ya que en el ardor de las disputas se pierden fácil e innecesariamente amigos o incluso las buenas relaciones con familiares. No merece la pena.
  • Noticias de otras personas Deje a otros decidir si quieren o no que todo el mundo conozca los momentos importantes de su vida. En el peor caso, puede ocurrir que una persona descubra algo muy importante sobre otra antes de que esta tenga ocasión para revelarlo. A nadie le gustaría, por ejemplo, que sus padres se enterasen de su boda o de su embarazo a través del Facebook de personas ajenas.
  • Actividades en el trabajo Aunque parece algo evidente, resulta que muchas personas no entienden los peligros asociados a revelar en Facebook lo que hacen en su trabajo, especialmente cuando no están haciendo nada, pues esta información puede llegar a sus jefes. Asimismo, es mejor no darle a 'me gusta' a las publicaciones de otras personas en horarios de oficina, ya que esto demuestra claramente que se está perdiendo el tiempo en vez de trabajar. Además, gracias a la red social, la información sobre algún proyecto suyo de trabajo siempre puede llegarle a sus competidores.
  • Publicaciones que buscan llamar atención Comentarios como "ha sido el peor día de mi vida" o "soy la persona más feliz del mundo", sin dar más detalles, son absolutamente vacíos y lo único que buscan es que todo el mundo se ponga a preguntar qué es lo que pasó, o sea, que buscan llamar la atención. Sencillamente, resulta irritante.


Yo, sólo yo, y nadie mas que yo

El pronombre «yo» proviene de «ego» en las lenguas romances. ¿Será nuestro ego el que nos lleva a utilizar esta palabra indiscriminadamente y a otorgarle acepciones que no debería tener?

Cada época cuenta con sus muletillas particulares. La lengua oral es contagiosa como un hongo en un entorno húmedo. Lo son especialmente las expresiones breves, las que suenan más o menos divertidas o inesperadas, las que una vez hicieron gracia a alguien. De ahí que se hayan difundido hasta la extenuación soluciones como «esto no, lo siguiente» o muletillas como «en plan».

Últimamente se oyen varias expresiones que incluyen la primera persona del verbo ser. En ellas, la idoneidad de la elección de la palabra «soy» es cuanto menos cuestionable. Aquí van algunos ejemplos curiosos:

«Soy Android» o la identificación con una marca
En el mundo de la telefonía móvil o el de la fotografía, por poner dos ejemplos, los responsables de marketing y fidelidad de algunas marcas han conseguido algo digno de quitarse el sombrero: los usuarios están tan orgullosos de utilizar esas marcas que no dicen usarlas o poseerlas, sino que aseguran «ser» ellas.

Es el caso de las personas que en lugar de decir que están acostumbradas a las cámaras fotográficas de la marca Canon dicen «yo soy Canon», por ejemplo (y no «yo soy de Canon» ni «yo uso Canon»).

O las que, cuando alguien pide un cargador para iPhone, responden «lo siento, yo soy Android».

«Soy yo» o la vaguería hecha pregunta
¿Cuántas veces escuchas a alguien empezar una frase diciendo «soy yo, o…»?

Por ejemplo: «¿Soy yo o aquí hace mucho calor?» o «¿Soy yo o el dependiente acaba de ignorarnos?».

Si se piensa en el significado de esa frase, se descubre que esas personas casi nunca quieren decir «soy yo». Normalmente quieren decir algo así como «¿es una impresión solamente mía, o…?».

La explicación de ese «soy yo», que es tan inexacto a pesar de que «se entiende» por la proliferación de su uso, parece simplemente el deseo de ahorrar tiempo y palabras.

«¿Eres tú o soy yo?»: sigue la imprecisiónEs un derivado del punto anterior. Una frase totalmente válida si no fuera porque se utiliza, por ejemplo, cuando se oye sonar un teléfono móvil. En ese caso, las personas que dicen «¿eres tú o soy yo?» quieren decir en realidad «¿es tu móvil o el mío el que suena?» o «¿es a mí o a ti a quien llaman?».

Sería la evolución moderna de la típica frase de los ya no enamorados para dejar a sus parejas: «no eres tú, soy yo»; que en realidad quieren decir más bien «no es por ti sino por mí».

Yo también soy ese desgraciado
Cada vez que ocurre una desgracia, las redes sociales se llenan de mensajes de apoyo a las víctimas y repulsión hacia los responsables.

Una de las formas más extendidas es la de publicar mensajes que aseguran que «todos somos» o al menos quien lo escribe «es» ese desgraciado. Ya sabes: «yo también soy Charlie Hebdo» o «todos somos refugiados sirios».

Si bien las intenciones son nobles, la forma elegida es un tanto cursi y ridícula.

¡Abre, que soy yo!
«Soy yo» es también una frase entrañable y egocéntrica a un tiempo que lleva años escuchándose a través de los teléfonos o telefonillos. Quien la pronuncia presupone que su interlocutor lo reconocerá sólo por su voz. Lo cual a veces es así, pero no siempre, dando lugar a deliciosos malentendidos. El psicópata también podría decir «¡abre, que soy yo!» cuando llamara al portero automático. ¡Y no mentiría!

¿Está necesariamente mal utilizar estas expresiones? No. Pero el hablante que quiera ser rico en su discurso debería economizarlas para no dejarse llevar por la marea de lo que «todo el mundo dice» sin pararse a pensar en lo que realmente está diciendo.

¿Soy yo, o usamos estas expresiones para tener que pensar lo menos posible? En plan, «digo esto porque me suena bien». Eso demuestra desinterés no, lo siguiente.

Por supuesto, hecha esta reflexión, cada cual puede seguir diciendo lo que considere oportuno. Como si llama a un timbre y dice: «¡Abre, que soy yo… Fujifilm!»





Antes y ahora: estrellas de la música con 4 décadas de diferencia

Linda Ronstadt (1977, 2013)


Eric Clapton (1974, 2013)

Bob Dylan (1974, 2014)

Tina Turner (1979, 2015)

Billy Joel (1974, 2015)

Elton John (1970, 2015)