miércoles, 9 de noviembre de 2016

Con que me hubiesen dicho que no les gustaba era suficiente...y otras imágenes divertidas






Jubilación, día de la mujer, matrimonio gay y otros derechos que ya existían en la antigüedad

Aunque en determinadas momentos y situaciones puede parecer mentira, en teoría la evolución experimentada por los pueblos a lo largo de la historia ha servido para que hoy en día disfrutemos de sociedades más justas e igualitarias. Nuestra sociedad reconoce a sus ciudadanos derechos y libertades, también obligaciones, de los que hace menos de un siglo apenas se intuían, pero haríamos mal en pensar que todos son logros de nuestro tiempo. En algunos casos sería mejor decir que son derechos reconocidos hace siglos, que se perdieron en la historia, y ahora recuperamos.

El día de la mujer trabajadora (Sumeria)

En la antigua Sumeria las mujeres tenían una serie de derechos que no recuperarían hasta siglos más tarde. Por ejemplo, se les permitía estudiar (si podían pagarse las clases, claro) y, sobre todo, podían vivir de su trabajo, ya que no sólo se les permitía ejercer oficios de todo tipo, sino que lo que ganaban era de su propiedad. Conocemos numerosos casos de mujeres trabajadoras y muchas tablillas con contratos comerciales aparecen con firmas femeninas. Las reinas y princesas de las primeras dinastías disponían de sus propias oficinas personales, con sus escribas particulares, al margen de sus maridos (los escribas constan como “servidores” de ellas, y no de ellos). Desde esas oficinas dirigían negocios en los que su esposo no metía baza, salvo para beneficiarse por estar casados con ellas. Algunas de estas mujeres hicieron rico al cónyuge, como el caso de las reinas Tashlultum, esposa de Sargón de Akkad (primer monarca acadio) y Tutasharlibish, esposa de Sharkalisharri (quinto monarca acadio), que comerciaban con grano y piedra de construcción, respectivamente.

Entre la gente humilde, las mujeres realizaban toda clase de actividades comerciales y practicaban oficios que durante siglos se considerarían “masculinos”, como la carpintería o el tallado de estatuas. Curiosamente, en la cultura sumeria determinadas labores se consideraban muy “femeninas”, aunque los hombres no estuvieran excluidos de las mismas, como la de herborista (los farmacéuticos de la época), la de perfumista o la de masajista. Debe advertirse que los masajistas de esos tiempos estaban muy cercanos a la medicina, por el uso que hacían de aceites esenciales. Y en este campo de la salud podemos destacar en la III Dinastía de Ur a Kubatum, Zamena y Ummeda, todas ellas doctoras. También era algo muy popular que las mujeres de clase baja poseyeran tabernas, a veces dando salida al vino que ellas mismas producían en tierras pertenecientes a su dote matrimonial.

A modo de resumen, se puede señalar que conocemos dos tablillas donde se indica la existencia de 13.000 mujeres trabajadoras en la ciudad de Ur durante la II Dinastía de Ur y de 7.000 mujeres trabajadoras en la ciudad de Lagash en la III Dinastía de Ur. Y es en este marco de trabajo femenino, en el que encontramos un primer caso de celebración en honor de las mujeres trabajadoras. Al fallecer Gemen-Ninlila, que era consorte del rey Shulgi, segundo rey de la III Dinastía de Ur, éste decreta, en honor de la fallecida, siete días de descanso laboral para las mujeres trabajadoras del reino. Tras la muerte de otra consorte, Eanisha, vuelve a decretar otros siete días de asueto. Ambas consortes habían sido empresarias de éxito.

Jubilación (Roma)

El gran éxito militar de Roma se debió a la gran labor en el campo de la ingeniería, a los pactos, alguna que otra traición… y, sobre todo, a las legiones. Estructuras militares organizadas, disciplinadas, con gran movilidad (podían recorrer 50 Km/jornada) y maniobrabilidad. Estaban compuestas por hombres que tuviesen la ciudadanía romana que se alistaban voluntariamente a los 17 años y tras pasar cuatro meses de dura instrucción debían permanecer en activo durante 25 años. En épocas de guerra era obligatorio alistarse y en casos extremos se bajaba la edad de reclutamiento.

Cuando estos “veteranos” cumplían sus años de servicio se licenciaban (emérito) y recibían una parcela de tierra o una cantidad de dinero -en tiempos de Augusto el equivalente a la paga de doce años-. En muchas ocasiones se fundaron ciudades para asentar a los jubilados, como Emérita Augusta -hoy Mérida- que fue fundada por Augusto al licenciar a los veteranos de las legiones V y X tras las guerras cántabras.

Matrimonios civiles entre personas del mismo sexo (Edad Media)

Durante la Edad Media se acuñó el término affrèrement, en Francia, y brotherment, en Inglaterra, para hacer referencia a la unión civil de dos hombres. Mediante un contrato legal, dos hombres se comprometían a vivir juntos y compartir “el pan, el vino y el dinero“. Y aunque el modelo de esta nueva “unidad familiar” era el de dos hermanos que heredaban las propiedades de sus padres y que decidían seguir viviendo juntos, tal y como habían hecho desde niños, compartiendo sus posesiones, el affrèrement/brotherment también fue utilizado por hombres sin ninguna relación de parentesco. Al igual que cualquier otro tipo de contrato legal, debía ser jurado y ratificado ante un “notario” y era necesaria la presencia de testigos, normalmente amigos de las partes contratantes. Bajo dicha figura jurídica, las posesiones de ambos pasaban a ser de propiedad conjunta y, en caso de fallecimiento de una de las partes, el sobreviviente se convertía en su heredero legal.

Parece lógico pensar que los hermanos solteros, y sin intención de contraer matrimonio, utilizasen esta unión civil, pero también que las parejas de homosexuales se sirviesen de esta especie de matrimonio civil para “legalizar” su situación y casi normalizar una relación otrora platónico o furtiva. Lamentablemente, y como ha ocurrido en demasiadas ocasiones a lo largo de la historia, no existen contratos de este tipo que hagan relación a la unión de dos mujeres.

Otros, como el historiador de la Universidad de Yale John Boswell en su libro Uniones del mismo sexo en la Europa premoderna, van más allá y documentan registros de ceremonias de la Iglesia donde se unieron a dos hombres mediante los mismos rituales que los matrimonios heterosexuales. Durante la investigación para la documentación del libro, Boswell consiguió recopilar más de 60 textos, datados entre los siglos VIII y XVI y repartidos por todo el mundo, de ceremonias cristianas para “la unión entre personas del mismo sexo“. Según Boswell, la Iglesia replanteó la idea del matrimonio en el siglo XIII como una institución cuyo fin era la procreación. De esta forma, se cerró la puerta a los matrimonios homosexuales y los eruditos de la Iglesia y los funcionarios pusieron a trabajar la maquinaria del olvido para justificar este nuevo enfoque… y hacer desaparecer de la historia este tipo de matrimonios.

En todos los trabajos hay momentos como estos...







Nuestro planeta es una belleza







Los contratos de productos de Apple tienen mas palabras que la novela "El Hobbit"

Cada vez que adquieres un nuevo dispositivo electrónico o te suscribes a un servicio online es necesario aceptar un contrato de términos de servicio y condiciones de uso. Si sumas las palabras de los contratos de productos de Apple obtendrás más que las que incluye la novela El Hobbit.


El contrato que firmaste al comenzar a usar la App Store de iOS para así poder descargar aplicaciones cuenta con un total de 2819 palabras. En el caso de iTunes son 4125 palabras y si usas un Apple Watch suponemos que habrás leído las 5245 palabras de sus términos de servicio y condiciones de uso, ¿cierto?

Aquella persona que sea fanática de los dispositivos de Apple y use todos sus productos y servicios en teoría habrá leído más de 100.000 palabras de contratos, un número superior a lo que incluye la novela de El Hobbit o la primera entrega de la saga Harry Potter.


La triste realidad es que nadie se toma tan en serio como debería los contratos de productos de ninguna marca. La enorme mayoría de personas sencillamente marca la casilla de “acepto” y continúa con su vida sin prestar atención a lo que dice ese contrato que acaba de firmar, incluso si ese tiene que ver con transacciones monetarias usando su tarjeta de crédito o garantía.

En el caso de Apple la compañía cuenta con más de 100 contratos para todos sus productos (entre hardware y software) que están disponibles en su web oficial, y la mayoría deja claro que el usuario no es propietario del software que usa y que nadie puede hackear o modificar sus dispositivos, además de liberar de culpas a la compañía en algunos casos.

Estos contratos también permiten a Apple suspender el uso de alguno de sus productos dependiendo de lo que hagas con él, incluyendo música que hayas comprando con iTunes en algunos casos (como sospecha de piratería). En general, los contratos incluyen condiciones muy importantes para el uso de un producto, por lo que quizás la próxima vez que te suscribas a algún servicio te sirvas una taza de té y te sientes en tu silla favorita para disfrutar de lo último de Stephen King: un contrato legal de uso.



Chewbacca filmaba sus escenas en Inglés y después doblaban sus líneas.

Para los que vivimos en otra galaxia, el lenguaje de los wookiees suena como burdos gemidos y gruñidos. Pero en el set de grabación de Star Wars, Chewbacca sonaba más bien como un señor inglés muy gritón.

Es un hecho conocido por los fans de la saga que el actor Peter Mayhew, quien interpreta a Chewbacca, no emitía esos rugidos durante el rodaje de las películas sino que seguía los diálogos del guión en perfecto inglés con acento británico. Sus líneas se doblaban más tarde a la lengua shyriiwook.

Por desgracia, las secuencias predoblaje no son de dominio público, pero el propio Mayhew ha compartido una con sus fans a través de Twitter. 


La hilarante escena pertenece al rodaje de Star Wars: Episodio V - El Imperio Contraataca y ha sido recuperada por el documentalista Jamie Benning.

El tiempo pasa: así lucían 60 famosos en los años 80.

Jennifer Jason Leigh (1989, 2016)

Harrison Ford (1988, 2016)

Bruce Willis (1985, 2016)

Dustin Hoffman (1986, 2016)

Dennis Quaid (1980, 2016)

Sean Penn (1988, 2016)

Humor resistente







Llega la aplicación para calificar personas como en la serie "Black Mirror"

Si eres uno de los que ha tenido la dicha de ser perturbado de forma inquietante por el primer episodio de la tercera temporada de Black Mirror, entonces sabes de lo que estamos hablando. En el capítulo titulado "Nosedive" ("Caída en picada" en español), la gente está atrapada en un extraño pero no tan descabellado sistema de calificaciones, este te deja dar estrellas a una persona y el promedio termina siendo el principal indicador de su valor social.

A modo de broma y promoción, Netflix ha lanzado RateMe, una web que nos permite hacer justo eso. La página que funciona perfectamente tanto desde un navegador de escritorio como desde el móvil, nos deja calificar a nuestros amigos (o enemigos) y descubrir nuestro propio rating. Todo al mismo estilo que en la serie de ciencia ficción escrita por Charlie Brooker, con el magnifico sonidito de las estrellas incluido y todo.


El funcionamiento es extremadamente simple. Si quieres calificar a un amigo, selecciona la opción, escribe tu nombre o usuario de una red social como Twitter, escribe el nombre de tu amigo, elige el número de estrellas y si lo deseas añade un mensaje adicional.

Al presionar el botón "Rate Now" deberás esperar unos segundos (a veces falla bastante, quizás por el tráfico que están recibiendo con la novedad) y obtienes una captura igual a la aplicación favorita de Lacie. Puedes compartirla directamente en Twitter y Facebook para bromear con tus amigos, ¿o no?


También puedes averiguar tu propio rating o el de cualquier usuario que se te ocurra. ¿De dónde salen los números? Ni idea, pero podrían ser al azar o parte de una conspiración para hacerte creer que tu valor en el mundo está representado por el número de estrellas o "Me gusta" que alguien te de en una aplicación... espera un momento...




"Socorro", dijo José Mujica: Las reacciones sobre el triunfo de Trump no paran.







¿Podría Trump llegar a "cerrar internet"?

A pesar de haber ganado las elecciones, Trump no podrá tomar cualquier decisión que le venga en gana, pues el congreso estadounidense tiene su peso a la hora de votar cambios y reformas. A pesar de esto, vamos a analizar las cambiantes y azarosas posturas de Trump en ámbitos referentes a la tecnología y a la ciencia.

Banda ancha y neutralidad en la red
Trump no ha hablado mucho sobre estos temas en su campaña electoral. Lo único que tenemos como referencia fue un tweet que puso en 2014 en el que criticaba que las nuevas reglas de neutralidad en la red de la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) eran un golpe de poder de Obama y tenían como objetivo acallar a los medios conservadores.
Con respecto a la libertad de expresión, Trump ha expresado abiertamente en varias ocasiones que le gustaría multar a los periodistas que son críticos con él. Con respecto a las telecomunicaciones, Donald Trump preferiría desregular el sector de las telecomunicaciones, beneficiando así a los operadores principales del país que criticaron reglas para favorecer la competencia durante el gobierno de Obama.

Trump llegó a decir que habría que llegar a cerrar Internet en ocasiones cuando esto hiciera falta. En concreto, sus declaraciones fueron: “Estamos perdiendo a mucha gente por culpa de Internet. Tenemos que ir a ver a Bill Gates y a la gente que entienda lo que está pasando. Tenemos que hablar con ellos, y llegar a cerrar Internet o algunas de sus áreas de alguna manera. Habrá quien diga ‘Oh, libertad de expresión, libertad de expresión.’ Esa gente es tonta; hay mucha gente tonta.

Ciberseguridad
Una de las críticas más importantes durante la campaña de Donald Trump a Hillary Clinton fue su garrafal error con los emails, y la falta de seguridad que éstos tenían. En su cuenta de correo personal, Hillary Clinton enviaba emails relacionados con asuntos de estado, pasando todos por un servidor que tenía en su propia casa y que, como hemos visto, no contaba con las medidas de seguridad adecuadas.

Mientras Hillary Clinton era una candidata claramente belicista, que apoyaba no tener relaciones cordiales con Rusia, Donald Trump sí ha hablado bien de Rusia en varias ocasiones, e incluso llegó a pedirles abiertamente que siguieran hackeando al DMC (Democratic National Committee), es decir, el comité que gobierna el partido demócrata.

Trump también ha criticado abiertamente a Apple por dos razones: primero, por no fabricar enteramente sus teléfonos en Estados Unidos (mientras Donald Trump fabrica sus gorras en China). Segundo, por no ofrecer una puerta trasera a las autoridades para acceder al iPhone cifrado de asesinos o terroristas, llegando incluso llamar públicamente a un boicot contra Apple.

Probablemente Trump desconozca las implicaciones que podría tener una puerta trasera, ya que tarde o temprano los hackers conseguirían tener acceso a ella. Quizá por ello lo único que hay en sus promesas electorales sea algo tan difuso e impreciso como ‘analizar inmediatamente toda la infraestructura de ciberdefensa norteamericana y sus posibles vulnerabilidades, mediante un comité formado por militares, policía y el sector privado.

Aumentar el precio de la carne y de la leche podría salvar al planeta

Habrá quien al escuchar que quieren aumentar los impuestos sobre la carne y los lácteos se lleven las manos a la cabeza y, ya de paso, se tape los oídos para no tener que escuchar los motivos que vienen después. Pero vale la pena tratar de entender las razones que habría detrás de una medida así antes de salir con antorchas a la calle o encadenarse en la puerta de un McDonald's.

Durante demasiados años la industria ganadera ha sido el elefante en la habitación del que nadie quería hablar cuando se abordaba el tema del cambio climático.

En 2006 la FAO (La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ya dejó claro en un informe que la ganadería produce más gases invernadero que todos los medios de transporte del planeta juntos.

Pero todo el mundo siguió mirando hacia el otro lado. Es más cómodo criticar a las aerolíneas que replantearse el beicon en la pizza.

Y crecen también la contaminación, la obesidad, la diabetes, la arterioesclerosis, el cáncer...

Esta nueva propuesta va justo adonde más nos duele, el bolsillo, pero puede que una colleja a la hora de sacar la cartera una forma efectiva para reaccionar.

Según un estudio de la Universidad de Oxford, una sobretasa del 40% sobre la carne y de un 20% sobre la leche podrían salvar medio millón de vidas al año gracias a fomentar unas opciones alimenticias más saludables.

El informe, publicado en la revista Nature Climate Change, propone reevaluar las tasas aplicadas a cada tipo de comida según la huella ecológica que implica su producción. En el caso de la ternera, la deforestación, las emisiones de metano y los cereales cultivados para alimentar al ganado, suponen una contaminación elevadísima, por lo que necesitaría unos impuestos adicionales del 40% de media para contrarrestar los daños de su producción.

Si el plan se aplicase a nivel óptimo las emisiones se reducirían en un billón de toneladas cada año.

Además, han calculado todos los números y medidas necesarias para que, tanto en países ricos como en los que están en vías de desarrollo la ciudadanía pudiera tener acceso a comida saludable sin problemas económicos.

Si el plan se aplicase a nivel óptimo las emisiones se reducirían en un billón de toneladas cada año, el equivalente a lo que produce toda la industria aeronáutica a nivel global

Los antecedentes que conocemos de este tipo de iniciativas no siempre han funcionado. Cuando el gobierno de Dinamarca puso un impuesto sobre las grasas saturadas y simplemente se quedó con la pasta, tuvieron que abortar la medida en un año. En México, por el contrario, la tasa sobre los refrescos fue todo un éxito ya que los fondos fueron invertidos en surtir a los colegios de agua potable gratuita.

Tal y como dice Rob Bailey, director de investigación en el centro de estudios Chatham House, conseguir recortar la demanda de carne y lácteos no es una tarea fácil: "El cambio es político. Como demuestra este estudio, en muchos países hay una fuerte necesidad de cambiar la dieta de la población por cuestiones de salud pública y razones climáticas, pero no está pasando".

"Los gobiernos son reacios a intervenir en las decisiones de estilo de vida de la gente por miedo a la reacción pública y las críticas de ser un estado sobreprotector. Así como el temor a la reacción de la industria de la carne y el lobby de la agricultura por atacar sus intereses", declaró.

Springmann, director del estudio llevado a cabo por la universidad de Oxford, no titubea a la hora de poner sobre la mesa las opciones que tenemos: "O aceptamos el cambio climático y que cada vez haya más casos de enfermedades cardíacas, diabetes y obesidad, o hacemos algo sobre el sistema alimentario".