miércoles, 8 de febrero de 2017

8 datos científicos sobre el (misterioso) funcionamiento de tu cuerpo

La ciencia y la tecnología han llevado al hombre al espacio, han ayudado a que se expanda por los rincones más adversos del mundo y han asegurado que las mujeres no suelan morir durante el parto. Pero el cuerpo humano sigue siendo un territorio lleno de tesoros para los amantes del conocimiento. No te pierdas estos hallazgos.
  • Los castrados viven más... o eso dicen. Según una investigación llevada a cabo en perros, los que estaban castrados vivieron 1,5 años más, de media, que los que mantenían sus órganos reproductores intactos. Los autores detectaron que tenían menos enfermedades infecciosas, lo cual podría explicarse por el hecho de que las hormonas testosterona y progesterona pueden ser inmunosupresoras. Afortunadamente, los seres humanos tenemos antibióticos. Pero un estudio de cuánto vivían los eunucos coreanos de la dinastía Chosun, que duró de 1392 a 1910, sugiere que la misma regla se aplica a los seres humanos. Al menos, a los hombres.
  • Los científicos guardan la información de un genoma humano completo en archivos que se conocen con el nombre de BAM (Binary Alignment Map, en inglés). Dichos archivos incluyen todo el material que se obtiene al codificar los 3.000 millones de pares de bases de un genoma humano. Pero los 70 gigabytes contienen información en bruto que solo los especialistas pueden interpretar, no te molestes en hacer una búsqueda por internet. 
  • El médico de navío alemán Julius Robert Mayer observó el fenómeno en un viaje que hizo en 1840. Mientras practicaba una sangría se dio cuenta de que la sangre venosa era de un rojo más brillante al que estaba acostumbrado. Razonó que se debe a que el organismo quema menos oxígeno en un clima cálido que en uno frío, donde lo emplea para calentar el cuerpo. Y cuanto más oxígeno, más roja es la sangre.
  • La producción nunca se detiene dentro de la nariz, pero el producto cambia mucho. Tanto que los mocos son un auténtico barómetro de la salud. El resultado de la fábrica es amarillento o blanquecino, así como más denso, cuando estamos congestionados. Se debe a la alta concentración de glóbulos blancos. Se tornan verdes cuando el sistema inmune trabaja a destajo, a consecuencia de una enzima llamada mieloperoxidasa y de unas células del sistema inmunológico conocidas como neutrófilos. Lo mejor es que salga claro y fluido: eso es síntoma de salud. 
  • La radiación de algunos isótopos empleados para hacer pruebas clínicas de imagen, entre las que no se incluye la radioterapia, puede extenderse a las personas que entren en contacto contigo. Por eso se aísla a los pacientes que pasan por estas pruebas durante unas horas. Eso sí, las paredes de una habitación de hospital normal y corriente son barrera suficiente para contener la radicación.
  • Cicatrizar una herida requiere que las células de la piel se coordinen con las del sistema inmunológico. Pero parece que la comunicación entre ambos tipos de célula se rompe progresivamente a medida que pasa el tiempo, y por eso la reparación es más lenta. La comunicación entre ellas no vuelve a ser la misma, pero siempre les quedarán las tiritas.
  • Las mascarillas que se comercializan para filtrar partículas y para respirar aire limpio en ambientes como el de un incendio deben sellar perfectamente el contorno del rostro. Es una condición indispensable para que funcionen adecuadamente. Y el vello facial puede impedirlo, por eso conviene afeitarlo bien, como indican los fabricantes de estos productos. Eso o correr como alma que lleva el diablo.
  • Es menos frecuente que entre las mujeres, pero es así. La diferencia fundamental es el lugar del cuerpo que adquiere la característica piel de naranja. Mientras que las mujeres la ven aparecer en las caderas y en los muslos, los hombres la acumulan en un lugar tan insospechado como el cuello. Y ambos sexos comparten el abdomen como lugar de residencia de la temida celulitis. Nunca la pierdas de vista. 

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