domingo, 5 de febrero de 2017

8 señales de que estás con demasiado estrés

Si experimentás algunos de estos trastornos, tanto físicos como mentales, que te sorprenden y afectan a tu salud, es probable que sean consecuencias del estrés. Pero no te asustes, hay formas de evitarlos si les prestás atención.


Cambios de peso abruptos:
 “El estrés aumenta la producción de cortisol, hormona que altera el metabolismo de grasas, proteínas y carbohidratos”, dice la doctora Shanna Levine, profesora en la Escuela de Medicina Icahn, en Nueva York. El estrés también puede estimular o inhibir el apetito.
¿Qué hacer? Consumí nueces entre comidas. La proteína te ayudará si estás inapetente, y la fibra te saciará si estás comiendo mucho.

Brotes de urticaria:
en situaciones de estrés, el organismo libera histaminas y las ronchas afloran. Como el sistema inmunitario se debilita, la piel reacciona irritándose ante factores a los que normalmente era insensible, como el calor, las lociones y los detergentes.
¿Qué hacer? Cubrite la zona afectada con una toalla fría y húmeda. Si esto no funciona, tomá un antihistamínico.

Confusión mental:
el exceso de cortisol también merma la concentración, lo que ocasiona problemas de memoria, así como ansiedad y depresión, señala la doctora Levine.
¿Qué hacer? Ante todo, relajate, y meditá hasta que recobres la lucidez. Cerrá los ojos, e inhalá y exhalá despacio. Concentrate solo en esto.

Dolores de cabeza:
es común que los músculos se tensen en respuesta al estrés, y que esto cause dolor de cabeza. ¿Padecés accesos de migraña? El estrés puede provocarlos o exacerbarlos.
¿Qué hacer? Si no querés tomar analgésicos, untá en tus sienes unas gotas de aceite de lavanda o menta cuando empiece el dolor.

Acidez estomacal:
el estrés suele incrementar la producción de ácido gástrico, y esto ocasiona acidez. “También puede entorpecer la digestión y producir gases, distensión abdominal y hasta mayor frecuencia de contracción intestinal, lo que suele causar cólicos y diarrea”, dice Deborah Rhodes, médica internista de la Clínica Mayo.
¿Qué hacer? Tomá un antiácido de venta libre, o bebé té de jengibre.

Caída de cabello:
los folículos pilosos pueden entrar en una fase de inactividad por efecto del estrés y, pasados unos meses, ocasionar caída de cabello. El estrés también puede hacer que el sistema inmunitario ataque los folículos y se exacerbe la pérdida.
¿Qué hacer? Tené paciencia. Una vez que desaparezca el factor estresante, volverá a crecer el pelo.

Resfríos persistentes:

el estrés debilita el sistema inmunitario y dificulta el combate de microorganismos. En un estudio se infectó a voluntarios con una cepa del virus del resfrío; los que decían estar sometidos a mucho estrés se resfriaron dos veces más a menudo que los menos agobiados.
¿Qué hacer? Según un estudio, los complementos de zinc podrían acortar un día la duración de un resfrío si se toman en un lapso no mayor de 24 horas desde la aparición de los síntomas. Meditar, hacer ejercicio regularmente y dormir lo necesario también ayudan a reducir el estrés y a fortalecer las defensas.

Acné... ¡otra vez!
El cortisol también influye en este caso: hace que las glándulas sebáceas trabajen de más. El exceso de grasa puede quedar atrapado dentro de los folículos, junto con bacterias y restos de células muertas. Éste es el origen de los granitos.
¿Qué hacer? Los productos tópicos a base de peróxido de benzoílo o ácido salicílico pueden curar el acné si se aplican a menudo. Si preferís una solución más natural, lavate la cara con té verde, o aplicate un poco de aloe vera puro; sus propiedades antibacterianas favorecen la curación.



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