domingo, 5 de febrero de 2017

Hechos que la iglesia jamás reconocerá como falsos (o poco probables)

Es triste caer en cuenta de que nadie vive en la misma realidad. Todos habitamos en el mismo plano del mundo. Somos una especie de mamíferos desarrollada en el cuerpo esférico al que llamamos Tierra y hemos escrito nuestra propia historia desde hace miles de años. Pero aunque compartimos anatomías similares, un cerebro y una información genética común, tenemos perspectivas diferentes del mundo, dependiendo del lugar y contexto en que nos encontremos. 

Por esa razón a todas las personas que conocemos les parece insólito que Donald Trump haya ganado la presidencia de Estados Unidos; se forzaron a ignorar realidad y creyeron que el grupo de personas racistas fanáticas del pensamiento del empresario era más pequeño. Esa visión distorsionada es lo que hace que millones de personas religiosas tengan una versión de la historia muy distinta a la que realmente aconteció según los expertos y la evidencia científica.

¿Cómo es que sucedió eso?
Siglos de refuerzo mediante la Biblia, sin ningún tipo de pruebas oficiales más allá de la fe, se posicionaron como fidedignos. Es decir, crearon una versión distorsionada de diferentes sucesos y se interpusieron ante el conocimiento real. El problema empieza desde que los devotos creen que el inicio de los tiempos llegó con la creación de los siete días y la historia de Adán y Eva, ignorando los millones de años de evolución y las pruebas que la sustentan.

Es increíble pensar que incluso hasta nuestros días existe negación de que los humanos tienen un parentesco común con los simios y que todos y cada uno de los eventos que aparecen en el texto sagrado –incluso las fantasías sobrenaturales– hayan sido reales. Probablemente no fue culpa de quienes crearon las religiones, sino de quienes las malinterpretaron.

¿Qué es real?

Desde el siglo XVIII –caracterizado por su revolución espiritual– expertos han tratado de solucionar los misterios de la Biblia, haciendo distintos análisis y tomando como base registros ajenos a las religiones. Aunque a la fecha algunos continúan con ese trabajo, la mayoría está de acuerdo en lo siguiente: Los principales hecho del génesis son mitos y gran parte del Nuevo Testamento no puede ser probada, especialmente la era de los apóstoles. En el Antiguo Testamento se usan elementos de historia real para contextualizar la de los israelitas y judíos, pero cada pasaje está lleno de tintes de fantasía.


Por ejemplo, el Éxodo del pueblo judío de Egipto concuerda históricamente con los hechos de la época. Hubo políticas migratorias que hicieron que ciertos creyentes se dirigieran hacia palestina, pero la figura de Moisés no ha podido ser confirmada como verdad, al igual que el hecho de que abrió el mar rojo usando fuerza divina.

Un punto importante de ciertos hechos bíblicos, como la inundación que le da lugar al Arca de Noé, es que sí ocurrieron, pero no de la forma en que fueron presentados; sino que a ciertas catástrofes naturales se les atribuyó un poder divino y se convirtieron en motivo de leyenda.


Otro hecho a considerar dentro del canon Bíblico, es que el propósito principal de los textos era adoctrinar a los seguidores e introducirlos a las creencias judías y cristianas. Lo que comenzó como una serie de lecciones de vida, se convirtió en una leyenda absurda con intereses propagandísticos. Adornaban sus historias de origen para ganar seguidores y resistirse a gobiernos de otras religiones mientras destrozaba la historia a su alrededor; más o menos como Donald Trump usa sus “hechos alternativos”.

¿Y Jesús?

Lo interesante del análisis es que después de que Jesucristo muere en la cruz, todos los elementos sobrenaturales en exceso desaparecen, quizá como una forma de atribuirle más divinidad a un personaje que bien pudo no haber existido. Aunque la tradición romana de origen cartaginés de crucificar a quienes violaban la ley con especial ahínco, el contexto político y social de las tradiciones sincréticas, así como el culto al Sol apuntan a la existencia de un hombre que predicó costumbres contrarias al Imperio. Lo más probable es que sí haya vivido una figura como la que imaginamos pero sin poderes divinos y sin una resurrección; sino un hombre tranquilo que predicaba la religión judía con absoluta devoción.

Si tomamos una postura positiva, podemos afirmar que la Biblia no fue escrita con intención de levantar una historia fantástica y establecerla como realidad, sino como una serie de enseñanzas morales del judaísmo con diferentes contextos históricos para provocar su predicación. Si nos ponemos una capa arrogante y negativa, podemos encontrar un desprecio irrevocable hacia quien aún profese datos incorrectos, pues así Jesús haya existido o no, sólo unos pocos entendieron el mensaje que simbolizaba: la unión y la paz.

La historiografía y las investigaciones arrojan que la mayor parte de lo que dice la Biblia es tanto histórica como científicamente incierto; algunas personas existieron, pero todo el contexto y los hechos sobrenaturales, son producto de la imaginación y de la participación de más personas de las que pensamos. Imaginemos si Donald Trump decide establecer una historia alterna a la que existe; el mundo se dividiría en más realidades de las que tenemos. Es triste pensar en que nunca estaremos sincronizados como humanidad y que la marca que dejaron las religiones será difícil de eliminar.




 


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