miércoles, 1 de febrero de 2017

La desastrosa terapia que consiste en beber (o inyectarse) agua oxigenada

Cuando decimos que la estupidez humana no tiene límites, nos referimos a cosas como la terapia del peróxido de hidrógeno: la creencia de que beber o inyectarse agua oxigenada puede ser un método eficaz y natural de prevenir o curar las enfermedades. La ciencia tiene algo que decir sobre eso.

El peróxido de hidrógeno (H2O2) es una molécula de agua con dos átomos de oxígeno en lugar de uno —pero no la confundas con el agua: ingerirla puede ser mortal. Más conocida como agua oxigenada, se trata de un poderoso agente oxidante que se utiliza en concentraciones bajas para blanquear o desinfectar todo tipo de productos, o en concentraciones altas como oxidante de cohetes. Y sí, también es habitual su uso médico como germicida, pero no está exento de riesgos.

Un estudio de 2013 analizó 1054 casos de envenenamiento por peróxido de hidrógeno y listó algunos de los síntomas que pueden darse cuando ocurre lo peor, que el oxígeno del agua oxigenada llegue a producir una embolia:
  • Quemaduras
  • Vómitos
  • Convulsiones
  • Alteración del estado mental
  • Dificultad respiratoria
  • Hipoxia
  • Inestabilidad hemodinámica
  • Cambios en el electrocardiograma
  • Accidente cerebrovascular
  • Déficit neurológico focal
  • Embolia pulmonar
  • Embolia cardiaca
  • Nivel elevado de troponina
Según el estudio, un 13,9% de los pacientes mostró síntomas de embolia tras consumir agua oxigenada de alta concentración, y un 6,8% murió o siguió viviendo con algún tipo de discapacidad tras el envenenamiento.

La terapia del peróxido de hidrógeno es tan peligrosa que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) emitió una advertencia en 2006 para aquellas compañías que comercializaban agua oxigenada como tratamiento de salud alternativo, ya sea diluida o en forma concentrada, citando los peligros asociados y su falta de efectividad.
Es cierto, animales como las hormigas consumen el peróxido de hidrógeno de plantas y cadáveres en descomposición para combatir infecciones, pero a diferencia de los humanos saben instintivamente qué dosis tomar para recuperar su salud sin intoxicarse en el proceso, y aun así la mejora en el porcentaje de supervivencia no es muy elevada: en torno al 15%.


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