miércoles, 15 de febrero de 2017

La loca idea científica para "recongelar" el ártico

Hace tres meses, cuando el inicio del gélido invierno se esperaba en el Ártico, las temperaturas no se desplomaron por debajo de cero. En lugar de alcanzar los -25ºC, las temperaturas marcaron grados por encima del nivel de congelación. El Ártico siguió derritiéndose en los meses en los que se debería congelar. Se registraron temperaturas de hasta 20ºC por encima de lo que hubiera sido normal en esas fechas.


Para el físico Steven Desch, los objetivos del Acuerdo de París no podrán arreglar la descorazonadora realidad de la región polar, que se calienta dos veces más rápido de lo que se pronosticaba hace unos años. Y con la intención de sumar alternativas para frenar ese deshielo, él y su equipo han propuesto una chocante solución: volver a congelar la región ártica.

Para ello necesitarían 10 millones de bombas de agua impulsadas por mecanismos eólicos dispersadas sobre la zona. Con ellas aspiran a arrojar el agua del océano sobre la placa de hielo para que se congele encima y así aumentar su grosor. Según sus cálculos, con esta técnica se podría agregar un metro adicional de hielo marino, lo que sería como retroceder en el tiempo al panorama que había hace 17 años.

"Un hielo más grueso significaría hielo más duradero. A su vez, eso significaría que el peligro de que todo el hielo marino desaparezca del Ártico en verano se reduciría significativamente", explica Desch a The Guardian.

En el artículo de investigación que detalla la propuesta se ofrecen números que asustan.

"El área del Océano Ártico es de unos 107 kilómetros cuadrados. Si las bombas accionadas por aire fueran distribuidas en un 10% de todo ese área, se necesitarían 10 millones de bombas de agua; si se quisiera abarcar todo el Ártico, se necesitarían alrededor de 100 millones de bombas.

Se requeriría de una turbina eólica con aspas de acero de unos 6 metros de diámetro, con un peso en el orden de los 4000 kilos. Para mantener cada turbina a flote se necesitaría una boya que requeriría para su construcción una cantidad equivalente de acero. Redondeando, nuestra estimación es que se necesitarían alrededor de 10.000 kilos de acero por cada dispositivo".

Para fabricar las 100 millones de bombas de agua que se precisan para abarcar el Ártico entero, se necesitarían 100 millones de toneladas de acero. Para que te hagas una idea, la producción anual de acero de EEUU se sitúa en los 80 millones de toneladas.

La implementación de esa red de turbinas eólicas, que actuarían en invierno, costaría alrededor de 500.000 millones de dólares, estiman los científicos. La suma es elevada, pero los científicos recuerdan el precio que tendríamos que pagar de llegar a ver la región polar derretida sería mucho mayor. De completarse el deshielo, la vida del planeta entero quedaría perturbada al perder el mayor mecanismo que existe en la Tierra para reflectar la radiación solar.

Las turbinas que rocían agua salada a la superficie helada no son la única solución que se ha planteado. Otras propuestas previas de geoingeniería han surgido en respuesta al calentamiento humano causado por los seres humanos, incluyend o blanquear artificialmente el Ártico con partículas brillantes de aerosol para ayudar a reflejar la radiación o crear nubes artificiales para filtrar el calor que llega.

Ideas que pueden parecer descabelladas y extremas pero, como recuerda Desch, "la única estrategia en la actualidad parece ser decirle a la gente que deje de quemar combustibles fósiles. Es una buena idea, pero va a necesitar mucho más que eso para evitar que el hielo marino del Ártico desaparezca".




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