lunes, 20 de febrero de 2017

Tu perro odia que lo abraces, te tiene miedo y te juzga. 18 datos muy curiosos sobre tu perro.

Tu perro te tiene miedo

¿Reconoces la mirada de la foto? Seguro que tu perro te la ha mostrado alguna vez cuando ha hecho alguna travesura y has pensado que era consciente de que había hecho algo mal. Pero no es cierto. Lo que ves en sus ojos es miedo.

Según una nueva investigación realizada por Alexandra Horowitz, una experta en procesos cognitivos de los perros, esa mirada está vinculada al miedo que tiene a tu regañina, más que a la culpabilidad que puede llegar a sentir.

No hay ningún estudio que haya demostrado que los perros puedan sentir culpabilidad. Que a ti te lo parezca se debe más a que tendemos a humanizar su comportamiento.

Imitan nuestra personalidad

Por si no lo sabías, nuestros queridos amigos peludos adquieren rasgos propios de nuestra personalidad.

Según un estudio publicado por un grupo de investigadores de la Universidad de Viena en la revista PLoS ONE, la idea de que un perro adquiere la personalidad de su propietario acaba de recibir apoyo científico. Según los científicos australianos, los perros pueden reflejar la negatividad y la ansiedad de sus propietarios. De la misma forma, los perros que son relajados y agradables, también pueden transmitir esta actitud a los seres humanos, lo que tal vez pueda ayudar a sus dueños a lidiar con el estrés.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores sometieron a más de 100 perros y sus respectivos dueños a varias pruebas, incluyendo la medición de la frecuencia cardíaca, su respuesta a la amenaza y muestras de saliva con el fin de medir los niveles de cortisol, un marcador del estrés. Después, se evaluó a los propietarios por cinco grandes sellos distintivos de la personalidad: neuroticismo, extroversión, apertura a nuevas experiencias, amabilidad y escrupulosidad. También se hizo lo mismo con los perros.

Según Iris Schoberl, autor principal de la investigación, "nuestros resultados muestran que los perros y los dueños son díadas sociales (pareja de dos seres estrecha y especialmente vinculados entre sí) y que se retroalimentan entre sí, influyendo en su comportamiento". Es decir, los perros son sensibles a los estados emocionales de sus propietarios y pueden reflejar sus emociones.

Te juzga

¿Discutes con tu pareja delante del perro? Quizás quieras replanteartelo la próxima vez que ocurra. Según una nueva investigación publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, tanto los perros como los monos capuchinos valoran la forma en la que te comportas con los demás.

El fin del experimento era comprobar si los monos capuchinos son capaces de valorar el comportamiento de las personas que ayudan a otras. Con este fin, pusieron a un actor a intentar abrir una caja que contenía un juguete dentro, mientras otra persona miraba el esfuerzo de su compañero o, por el contrario, se decidía a ayudarle en la tarea. Después, los actores ofrecían comida a los monos y aquí fue donde llegó la sorpresa. Si ambos se habían ayudado a abrir la caja, el mono no mostraba predilección por uno de los dos actores. En cambio, si una de las personas no había colaborado en la tarea, el mono prefería a la persona que había trabajado para conseguir el juguete.

Además de esta, se realizaron otras pruebas que después se extrapolaron a los perros. Todas obtuvieron el mismo resultado: tu perro valora cómo te comportas con el resto de humanos, así que toma buena nota para la próxima vez.

Les salen canas por culpa del estrés

Tras pasar mucho tiempo con perros, Camille Rey, experta en comportamiento animal y alumna de la Universidad del Norte de Illinois (NIU), comenzó a encontrar un patrón en nuestros amigos peludos: los perros con más ansiedad mostraban un pelo blanquecino con el tiempo alrededor de su hocico y de sus ojos.

Las conclusiones de su estudio, publicado en la revista Applied Animal Behavior Science, afirman que el estrés puede causar que a tu perro le salgan canas.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores examinaron a 400 perros en Colorado en parques, exposiciones caninas, clínicas veterinarias y otros lugares. Estas observaciones, además de los cuestionarios de comportamiento entregados a los propietarios de los animales, revelaron una relación entre el comportamiento ansioso y su probabilidad de desarrollar canas entre las edades de 1 a 4 años, momento en que los cambios de color en su pelaje debido al envejecimiento natural, sería completamente inesperado.

Según Rey, "estudios recientes sugieren que los perros viven con intensidad las emociones de los propietarios". Así que ya sabes, si no quieres hacer viejo a tu perro antes de tiempo, controla tus niveles de ansiedad cuando estés a su lado.

Sueñan con nosotros mientras duermen

¿Sueñan los perros con sus dueños o solo les interesan las bolitas que pones en su cuenco? Según Deirdre Barrett, profesor de psicología clínica y evolutiva de la Universidad de Harvard, ambas cosas podrían ser ciertas.

Aunque el profesor asume de que no hay forma de tener el 100% de certeza sobre esta afirmación, Barrett cree que, al igual que nosotros, los protagonistas de sus sueños están relacionados con las experiencias que tu mejor amigo ha tenido a lo largo del día.

Según explica Barret, "los humanos soñamos con cosas que nos han pasado durante el día, solo que de una forma menos lógica y más visual. No tenemos argumentos para pensar que los animales sean distintos a nosotros, máxime teniendo en cuenta la unión que hay entre un perro y su dueño. Es más que probable que tu mascota esté soñando con tu cara, tu olor y en cómo complacerte o molestarte".

Además, el psicólogo de Harvard confirma lo que todos hemos pensado alguna vez: cuando mueven sus patas mientras duermen, es porque están soñando que corren alegremente.

¿Y los gatos? Como no podía ser de otra forma, pasan de nosotros. Según Barret, investigaciones realizadas anteriormente llevan a pensar que los protagonistas de los sueños de los felinos son los ratones.

Comprenden la terrible pérdida de sus dueños
Todos hemos escuchado varias historias en la que leales mascotas han reaccionado a la muerte de sus dueños de sorprendentes formas, que van desde de las más desgarradoras a las más curiosas. Desde hace unas décadas, los investigadores se esfuerzan en saber qué pasa por la cabeza de un perro y cómo reaccionan a determinados eventos como es la muerte de un ser humano con el que convive.

Según explica Stanley Coren, profesor de psicología en la Columbia Británica, a IFLScience: "los estudios actuales muestran que los perros tienen un cerebro equivalente al de un niño de dos o tres años". Además, el mejor amigo del hombre es capaz de experimentar dolor, tristeza e incluso depresión, aunque probablemente "carece de la inteligencia emocional necesaria para comprender la permanencia de la muerte", argumenta Coren. "Antes de los cinco años, los niños no entienden algunos conceptos muy básicos sobre este tema, no comprenden que la muerte es irreversible".

Esto tampoco quiere decir que los perros sean tontos o no intuyan qué está pasando. Un número mayor de investigaciones sobre cognición canina muestran que son animales emocionalmente complejos con un alto grado de inteligencia social. De hecho, son capaces de comprender el lenguaje humano, el tono de su voz, su lenguaje no verbal e incluso sus miradas para descifrar lo que le están diciendo. Es esta "intuición social" lo que permite a los perros establecer lazos estrechos con los seres humanos y que, consecuentemente, genera estas respuestas conmovedoras de las mascotas cuando sus dueños se marchan para siempre.

Sin embargo, Coren cree que si bien tienen la capacidad de comprender conceptos abstractos como la autoridad, la muerte puede escapar a su raciocinio. "Los perros son muy sociales y conscientes de la pérdida de una persona importante en su vida, pero no creo que sepan que su dueño se ha ido para siempre".

En cuanto al por qué esperan junto a sus tumbas, Coren cree que "probablemente estén esperando a que vuelvan y no de luto por su pérdida. No creo que el perro se asombre si de repente su dueño abre la caja y se sienta".

Miran la televisión
Quien tiene un perro, lo sabe. Cuando estamos vaciando nuestro coco frente a la caja tonta, de vez en cuando aparece nuestro leal amigo a ladrar a la tele o a girar la cabeza frente a la misma mostrando su inquieta curiosidad.

Pero, ¿qué está pasando exactamente por sus cabezas para que reaccionen así? Un grupo de investigadores se propuso averiguarlo, para lo que utilizaron mecanismos de seguimiento de la visión muy similar al que se utiliza con los seres humanos. Fue así como descubrieron que los perros tienen sus propias preferencias y gustos en cuanto al programa televisivo que elige su dueño. O, al menos, eso creen.

Según indica el estudio, los canes tienen preferencia por ver en la TV otros perros, aunque también han descubierto que el sonido es factor de atractivo para ellos. Cuando escuchan a perros ladrando o gimiendo, o personas dándoles órdenes o elogios e incluso ruido de juguetes de otras mascotas, también focalizan su atención en el televisor.

No obstante, los perros ven la televisión de forma muy distinta a los humanos. En lugar de quedarse quietos o pacíficamente sentados en el sofá, los perros necesitan acercarse a la pantalla para verlo más de cerca, así como dar paseos 'nerviosos' entre su propietario y el dispositivo electrónico. Son espectadores esencialmente inquietos e interactivos.

Tampoco ven las imágenes como las vemos nosotros. Los perros tienen visión dicromática, solo perciben dos de los tres colores primarios. Esto se debe a que solo tienen dos tipos de receptores de color (conos), a diferencia de los humanos, que tenemos tres. Cada uno de estos conos es sensible a una longitud de onda diferente (por ejemplo, color) de la luz. Mediante la detección de diferentes cantidades de cada longitud de onda y la combinación de ellos, nuestros tres conos pueden transmitir varias señales por todas las tonalidades de la rueda de color, de la misma manera los tres colores primarios se pueden mezclar en cantidades diferentes. Por ello, es cierto que algunos colores no los aprecian y otros los ven con menos intensidad.

Con este pequeño detalle ya cuentan en DogTV, un canal dedicado a los perros. Dan prioridad a aquellos tonos que están dentro de su gama cromática (azul y amarillo), lo que llama poderosamente la atención de los canes. Además, sus ojos también son más sensibles al movimiento. Para los veterinarios, las nuevas televisiones con alta definición ayudan a que el animal vea mejor las imágenes y, por ende, le atraiga más la caja tonta.

La cuestión es, ¿lo disfrutan? Las primeras investigaciones al respecto creyeron demostrar que cuando se da a elegir al animal entre tres pantallas con emisiones distintas, los perros son incapaces de decidir, prefiriendo ver cualquier pantalla sin importarle el contenido que se retransmite por ella.

Pero con el paso del tiempo, y la consecuente evolución de estas tecnologías, los perros parecen estar mostrando más interés por programas donde salen colegas suyos como protagonistas. Aunque lo cierto es los científicos reconocen que aún hay que profundizar en esta compleja cuestión.

Otra de las teorías es que el perro muestre interés por aquello que le atrae a su dueño. Es uno de los pocos animales que mantiene la mirada con el ser humano y que puede leer sus expresiones faciales. No sería descabellado pensar que es una pura cuestión de empatía.

Su corazón está sincronizado con el nuestro
Sabemos que son conscientes de cómo nos sentimos cuando nos miran a la cara. También, que son capaces de identificar nuestras emociones y actuar en consecuencia convirtiéndose en nuestro mejor amigo en épocas difíciles. Hemos podido averiguar también que su especie ha evolucionado con el fin de convivir con el ser humano y que este sea su máxima prioridad. También que junto a los primates Rhesus, son los únicos que buscan la mirada del ser humano. Lo que hasta ahora desconocíamos es que también sincronizan el latido de su corazón al nuestro.

El hallazgo ha sido realizado gracias a una investigación llevada a cabo por una marca de comida canina y la Universidad Monash (Australia). Con el fin de investigar el vínculo existente entre el dueño y su perro, hicieron un experimento en el que involucraron a tres personas y sus respectivas mascotas. Es cierto que solo había tres muestras, aunque se buscaron casos en los que el dueño había sentido a la mascota como un apoyo tras pasar momentos complicados en su vida personal tales como una enfermedad, la pérdida de un familiar o el tener que enfrentarse a una discapacidad.

Tras elegir a los participantes, pusieron a humanos y animales un monitor cardiaco. Dado que los participantes tenían un historial previo de ansiedad, su frecuencia cardíaca al comienzo del experimento era muy elevada. Lo más curioso fue que cuando sus perros se pusieron a su lado, las pulsaciones de los dueños fueron descendiendo paulatinamente hasta sincronizarse con las de su mascota.

Entienden lo que decimos

Antes de que la ciencia se adentrase a investigar el cerebro del perro, un estudio todavía en tinieblas, cualquier dueño de un can sabía lo que reza este titular: que cuando les hablamos parece que nos entienden.

Para despejar dudas al respecto, un equipo de investigadores de la Eötvös Loránd University capitaneados por Attila Andics, han realizado una pionera investigación sobre la capacidad de nuestras queridas mascotas para entender no solo nuestras palabras, sino la entonación con la que las decimos. El trabajo, publicado en la revista Science, ha concluido que el aprendizaje del vocabulario "no parece que sea una capacidad exclusivamente de los humanos que sigue a la aparición del lenguaje, sino que se trata de una función anterior que puede ser explotada para poder vincular secuencias de sonidos completamente arbitrarios a significados".

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores húngaros valoraron la actividad cerebral de un grupo de perros voluntarios gracias al uso de la resonancia magnética funcional. Una vez en el interior de la máquina, los científicos activaron una grabación con la voz de sus dueños, en las que estos grababan la misma palabra con distintos tonos de voz.

Fue así cómo los científicos se percataron de que los canes relacionan las palabras con la entonación y de que su cerebro funciona de una forma muy similar al nuestro: usan el hemisferio izquierdo para procesar las palabras que les decimos y el derecho para la entonación. Si ambas coinciden, para el perro habrá un feliz bingo en su sistema de recompensas. Para los investigadores esto es una prueba de que sus mecanismos neuronales para estos menesteres evolucionaron mucho antes de lo que creíamos. Y que no tienen por qué ser los únicos.

El estudio teoriza con que esto se ha podido producir a consecuencia de la domesticación, que habría provocado el desarrollo de esta capacidad para adaptarse a su imprescindible convivencia con el ser humano.

Identifican nuestras expresiones faciales
¿Es este el mejor momento para pedir comida? Vamos a ver qué cara tiene..." Un estudio realizado por científicos austriacos afirma que este podría ser un pensamiento natural de tu perro antes de tantear si puede pedirte que le llenes su cuenco de bolitas. Según la investigación, publicada en Current Biology, el descubrimiento representa la primera evidencia sólida de que un animal que no sea el ser humano puede interpretar las expresiones faciales de otra especie.

Saber si los perros nos entienden ha sido un estudio recurrente a lo largo de la historia, aunque hasta ahora los resultados no habían sido convincentes para los investigadores. En esta ocasión, los científicos entrenaron a los canes para que pudieran distinguir una cara triste o feliz en la cara de una sola persona. Se les mostró sólo la parte superior o inferior del rostro. Después, aumentaron la dificultad añadiendo 15 pares de fotografías con más rostros nuevos. Finalmente, pusieron a prueba a los perros con cuatro tipos de pruebas diferentes para descartar el azar. Descubrieron que los perros eran capaces de seleccionar de forma recurrente el rostro feliz e ignorar aquellas imágenes de personas con rostros malhumorados. Los resultados muestran que, además de distinguir las expresiones faciales, eran capaces de transferir lo aprendido en el entrenamiento a nuevas señales.

"La investigación evidencia que los perros tienen la capacidad de distinguir expresiones de felicidad y enfado en los seres humanos y saben también cuál es el significado de cada una de ellas." afirma Ludwig Huber, autor principal del estudio. "No sólo pueden interpretar estos sentimientos en sus dueños, sino en cualquier persona."

Aunque no podemos saber exactamente como categoriza los rostros un perro, "con toda probabilidad asocian una sonrisa a algo positivo y una cara enfadada a un significado negativo". De hecho, los científicos pudieron comprobar como eran mucho más lentos para asociar una cara malhumorada con una recompensa y eso se basa en la experiencia previa del animal. Es decir, sabe que cuando ese rostro está en el ambiente lo mejor es mantenerse alejado hasta que pase el 'temporal'.

Ahora que sabes esto, no te olvides de dedicarle una sonrisa a tu leal compañero.

No, no ven en blanco y negro

Es un mito. Según un artículo publicado en Actas de la Royal Society B, un equipo de investigadores rusos descubrió que los animales son más propensos a reconocer un papel por su color que por su brillo.

Como la mayoría de mamíferos, los perros solo tienen dos tipos de receptores de color (conos). A diferencia de los humanos, que tenemos tres. Cada uno de estos conos es sensible a una longitud de onda diferente (por ejemplo, color) de la luz. Mediante la detección de diferentes cantidades de cada longitud de onda y la combinación de ellos, nuestros tres conos pueden transmitir varias señales por todas las tonalidades de la rueda de color, de la misma manera los tres colores primarios se pueden mezclar en cantidades diferentes.

Los perros, al tener un cono menos, es cierto que algunos colores no los aprecian y otros los ven con menos intensidad.

También podrían necesitar gafas

Cuando te acercas peligrosamente a los 40 (ahora no hace falta que te quites años, no nos mira nadie) aparece un desagradable compañero de viaje bautizado como presbicia y más conocido popularmente como vista cansada. Con el paso de los años, y tras ver un montón de barbaridades con nuestros ojos, el cristalino comienza a cansarse y no hace su trabajo con tanta efectividad como cuando eras un chaval.

La razón es que el cristalino deja de ser flexible y se vuelve más rígido, lo que nos hace más ardua la tarea de enfocar de un sitio a otro. Especialmente en las distancias cortas. La mayoría de personas suele descubrir la presbicia cuando se da cuenta que su brazo no es lo suficientemente largo como para retirar un papel y conseguir leerlo.

Prácticamente todas las personas desarrollamos presbicia cuando pasamos los 36 años. Incluso los que padecen otras anomalías como miopía, hipermetropía o astigmatismo, combinan esta afección con la suya habitual. Se salvan un poco los miopes, que por su condición, su camino hacia la vista cansada es más lento que el del resto de los mortales.

Pero el ser humano no es el único que padece problemas visuales. Tras ver a perros luciendo gafas de sol como nueva tendencia o un chimpancé usando bifocales, cualquiera podría esperarse que lo próximo es realizar una operación de LASIK a un bonobo.

Y no iríamos desencaminados. Según un nuevo estudio realizado por el Instituto de Investigación en Primates de la Universidad de Kyoto, los bonobos sufren exactamente la misma anomalía visual que los seres humanos al superar cierta edad. Según explican en la revista especializada Current Biology, a estos primates también se les resisten las distancias cortas según se van haciendo mayores.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores observaron a 14 bonobos salvajes de edades comprendidas entre los once y los 45 años. Concretamente, se centraron en un comportamiento que suelen tener los bonobos cuando están en público: acicalarse entre ellos. Fue así como descubrieron que los más mayores tenían que alejarse de su objetivo para ver con claridad si estaban realizando bien la tarea.

Según los investigadores, los bonobos desarrollan la presbicia a los 40 años, lo que se asemeja mucho a lo que acontece en los cansados ojos de los seres humanos.

Detesta que le abraces

Stanley Coren, experto canino y profesor de psicología en la Universidad de Columbia Británica, acaba de hacer un favor a todos los perros del mundo al anunciar su último descubrimiento: los perros odian que les abracen.

Ni mucho menos esto quiere decir que tu perro no te quiera tanto como parecía. Más bien, que las formas de expresar cariño son diferentes entre especies. Según explica Coren en un artículo publicado en Psychology Today, nuestras mascotas se sienten infelices y estresadas cuando las abrazamos ¿Por qué? Por un razonamiento muy sencillo: les arrebatamos cualquier posibilidad de huir.

Para llegar a estas conclusiones, Coren y sus colegas analizaron 250 fotografías que encontraron en Internet en las que aparecían perros siendo abrazados por su dueño. Según los investigadores, el resultado objetivo de este entrañable álbum dista mucho de lo que nos gustaría escuchar: ocho de cada diez animales estaba notablemente incómodo.

Llegados a este punto te preguntarás ¿y por qué no he notado el malestar de mi fiel compañero en esa situación? No siempre los perros muestran este sentimiento de forma clara. Una señal irrefutable para nosotros sería que nuestra mascota enseñará los dientes o amenazará con morder, pero es realmente extraño que tu perro te haga eso. Coren explica que existen otros microgestos que se pueden interpretar, indicadores más sutiles que nos alertan de que estamos incomodando a nuestro leal compañero.

Algunas de estas señales de advertencia consisten en doblar las orejas hacía abajo, entrecerrar o cerrar los ojos, lamerse el hocico o girar la cabeza con el fin de evitar cualquier contacto visual.

Tras analizar detenidamente el material, Coren descubrió que en el 81% de las fotografías los perros mostraban al menos un signo de malestar, estrés o ansiedad. Solo el 7,8% de los canes se mostraba contento en esa situación, mientras que otro 10,8% tenían una actitud neutral o ambigua.

"Los perros son animales cursoriales, un término que indica que están adaptados específicamente para correr", argumenta Coren. Esto quiere decir que la próxima vez que quieras mostrar amor a tu mascota cambies de técnica. "Es mucho mejor una palmada, una palabra amable e incluso un regalo".

Reconocen a los suyos

La mayoría de los dueños de perros sabemos que sí. Solo hay que observarle como mueve la cola y te llora para que le sueltes cuando ve en el parque al perro del vecino. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto? Incluso los científicos se han hecho esa pregunta alguna vez, de ahí que un grupo de investigadores franceses realizara un estudio con el fin de averiguar si los perros son capaces de reconocerse únicamente por la apariencia.

El proceso para resolver el misterio no fue nada sencillo. Para que todos los voluntarios peludos tuviesen un "lenguaje común" para llevar a cabo las pruebas hubo que adiestrarles primero. Los investigadores se hicieron con dos pantallas, una en la que mostrarían una foto de un animal cualquiera y otra en la que saldrían fotos de perros. Realizaron tres sesiones de entrenamiento con el fin de enseñar a los perros (mediante el uso de ricas golosinas) que el truco de la prueba estaba en acercarse a aquella pantalla que mostrase la cara de sus congéneres.

Teniendo en cuenta la gran diversidad de especies que existen del Canis lupus familiaris, entenderéis que la prueba no era sencilla para ellos. Aún así, aprobaron con una excelente nota. Los nueve perros reconocieron a sus congéneres sin mayor problema.

Lo cierto es que distinguir entre el perro con greñas y la oveja no era nada sencillo. Pero lo hicieron. Para los investigadores, estas pruebas no son concluyentes, pero aseguran que apostarían porque los perros saben reconocerse entre sí a pesar de las grandes diferencias morfológicas que hay entre las distintas especies de perro.

La razón por la que se persiguen la cola

Es algo habitual en nuestras mascotas pero tal vez no sea un juego. Un estudio de la Universidad de Helsinki ha encontrado similitudes entre los perros que se persiguen la cola y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) que sufren los seres humanos.

Entre otras cosas, en los dos casos influye la alimentación, las experiencias de la infancia y la genética. También coinciden otras actitudes como la timidez o asustarse con el ruido, propio de los perros que se persiguen la cola y también de las personas con TOC. Los investigadores observaron que los perros que consumen complementos vitamínicos con la comida son menos propensos a perseguir su cola. También hay indicios de que estos nutrientes influyen en los humanos con trastornos obsesivos. Gracias a este estudio podríamos conocer mejor algunas de las enfermedades psiquiátricas que afectan a las personas.

Sudan por la lengua

Durante los días de verano de un perro, su lengua mojada les refresca tanto como a nosotros nuestras axilas sudorosas. Pero, por suerte para los perros, sus lenguas no transpiran de verdad.

Los animales con poco pelo en el cuerpo -como los humanos, los caballos y algunas especies de monos- se refrescan cuando el sudor se evapora de su piel. Para las especies con pelo largo, como los perros, sudar sería como ponerse un abrigo empapado. Por esta razón, los perros sacan la lengua y jadean para enfriarse.

Se necesita energía, en forma de calor corporal, para evaporar el líquido de la superficie de la piel o de la lengua, explica Jack Boulant, un fisiólogo térmico de la Universidad Estatal de Ohio, cuando el calor evapora la humedad de la superficie, la temperatura corporal baja.

Después de algunos años, los científicos han descubierto que el termostato interno de los perros, el sistema termoregulatorio, reacciona al calor bombeando sangre caliente a la lengua, abriendo las glándulas salivales y provocando una respiración rápida y poco profunda. A medida que el aire caliente fluye por la tráquea y la lengua, ayuda a evaporar la humedad, lo que elimina el calor de la sangre del perro.

Además de bajar la temperatura corporal, este proceso ayuda a refrigerar el cerebro. La sangre circula por la nariz y la lengua y llega más fría al cerebro, lo que mantiene el órgano que regula el calor a una temperatura más baja que el resto del cuerpo. El sistema de enfriamiento funciona también para las razas con el morro corto, como el pequinés, que tiene el hocico más pequeño y conductos de aire más estrechos.

Su lengua NO es desinfectante

El rumor viene de un bulo popular, pero no es del todo cierto. La saliva del perro (y la del ser humano) está muy en contacto con el exterior, y por eso alberga muchos agentes bacterianos.

Es cierto que cuando un perro tiene una herida se la lame, porque le pica y porque“sabe” que el ácido ascórbico de la saliva reacciona con los nitratos de la piel formando pequeñas concentraciones de monóxido de nitrógeno, que ayuda a cicatrizar y desinfectar sus heridas. Pero eso muchas veces es contraproducente, ya que una herida que se mantiene húmeda puede empeorar.

Entienden el punto de vista humano

Que el perro es el mejor amigo del hombre ya lo sabemos. Y como buen amigo, su deber es escucharnos y tratar de entendernos. Al menos a su manera.

Un estudio publicado en la revista Animal Cognition ha demostrado que los canes son capaces de ponerse en el lugar de los humanos y comprender nuestro 'punto de vista'. Si, por ejemplo, le enseñas a tu perro que no debe robar comida de tu plato, procurará no hacerlo, al menos mientras puedas verle. Otra cosa es lo que haga si le dejas solo o apagas la luz. Técnicamente esto quiere decir que nuestras mascotas perrunas son capaces de adaptar su comportamiento en respuesta a los cambios que se produzcan en las circunstancias de sus dueños.

Este hallazgo puede ser de gran importancia para evaluar las capacidades de los perros que deben interactuar con humanos de forma constante, como es el caso de los lazarillos o los perros policía.



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