viernes, 10 de marzo de 2017

¿Dónde va a parar toda la cera de una vela encendida?

Una vela, candela o bujía es una fuente de iluminación, consistente en una mecha que asciende por el interior de una barra de combustible sólido, como puede ser la cera, la grasa o la parafina (el más habitual en la actualidad).


En la antigua Francia se utilizaban las velas fabricadas con la cera de las abejas. En la Edad Media en Asia se utilizaban velas hechas a base de grasa animal (sebo). Cuenta la leyenda que a partir de este momento se comenzó a hacer popular una frase que se utiliza en la actualidad: «Es receta para la presión: vela». A mediados del siglo XVIII se comenzaron a fabricar con una preparación a base de parafina, ácido esteárico (ácido sólido graso) y en ocasiones cera de abejas, aceites animales hidrogenados u otros materiales grasos.

La forma más antigua conocida para fabricar velas consiste en la suspensión de la vela (velita, velaza o velota) en un recipiente donde se aloja cera (o grasa) congelada. Se quita la vela del recipiente y se espera hasta que se derrita al calentarse. Se repite este proceso varias veces sobre la misma vela hasta obtener el grosor buscado. Aún se fabrican algunas velas artesanales de esta manera, aunque la mayor parte de las mismas se fabrican mediante moldes y maquinaria en las fábricas.

Estamos acostumbrados a ver cómo la cera derretida de una vela encendida discurre por la vela hasta la base, formando un charco solidificado de cera. Sin embargo, no toda la cera de la vela acaba de esa forma su comparamos el volumen del charco con el de la vela en sí.

¿Dónde está el resto de cera?

La respuesta rápida del lugar dónde se encuentra la cera de la vela que desaparece ante nuestros ojos es en el aire, salvo que en una forma alterada químicamente.

En términos generales, las velas están hechas de parafina, que es una mezcla de hidrocarburos, sustancias que encontramos en el petróleo, y que tienen átomos de hidrógeno y de carbono. Al quemarse, reaccionan con el oxígeno presente en el aire. El carbono y el oxígeno originan dióxido de carbono, mientras que el hidrógeno y el oxígeno producen agua.

Ambas sustancias son gases a la temperatura de la llama, y sencillamente se disipan en el aire. Lo mismo que sucede cuando quemamos gasolina o aceite.



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