domingo, 12 de marzo de 2017

¿Español o castellano? Esa es la cuestión

El de la señora García fue uno de los casos más extraños que jamás se conocieron en el aeropuerto. Llegó una mañana de invierno con una pequeña maleta en la mano, un abrigo de lana y un bolso no demasiado grande colgado en bandolera. Todo en su aspecto parecía normal y no había nada en ella que llamara la atención.

Procedía de un vuelo internacional, así que para entrar al país debía pasar antes por el control de pasaportes. Cuando le llegó el turno, la señora García abrió parsimoniosa su bolso colgado en bandolera y extrajo de él un paquete de pasaportes atados con una goma, como si fuera un fajo de billetes. «Elija usted, agente, el que más le guste», le dijo al policía que no daba crédito a lo que veían sus ojos detrás de la ventanilla. «¿Todos estos pasaportes son suyos?», preguntó el agente. Y ella respondió con una sonrisa y afirmando con la cabeza. «¿Sabe usted que esto no es legal y que me veo en la obligación de detenerla hasta aclarar cuál es su nacionalidad?», quiso confirmar el agente sorprendido por la actitud tranquila de la señora García. En efecto, otros dos policías acudieron hasta allí y le pidieron amablemente que les acompañara hasta las dependencias de seguridad del aeropuerto. Los pasaportes de la señora García eran legales, eso era lo sorprendente. Expertos del cuerpo de seguridad nacional no tuvieron ninguna duda en certificar la autenticidad de aquellos documentos. Pero cuando le preguntaban a la mujer cuál era su verdadera nacionalidad, ella se encogía de hombros y se limitaba a contestar con una sonrisa: «Ciudadana universal».

¡Cuánto mejor le iría a este mundo si pudieran eliminarse las nacionalidades! Pero como Trump ha llegado a la presidencia de EEUU para que dejemos de soñar con sandeces, mejor vamos al caso que nos ocupa. ¿Y cuál es ese caso? La eterna y nunca resuelta batalla de cómo llamar a nuestra lengua, esa que hablamos unos 560 millones de personas en el mundo y que unas veces decimos español y otras, castellano. ¿Cuál es la correcta? Dejemos el suspense para otro día, que no hay tiempo y el espacio de esta sección es limitado: ambas lo son.

En España, en territorios bilingües, la preferencia es ‘castellano‘ para diferenciarla del gallego, el euskera o el catalán. Y en Hispanoamérica, hay de todo. En el sur, la preferencia, excepto en Colombia y El Salvador, es ‘castellano‘. Para estos hablantes, el español es lo que hablan en España, y ellos no son españoles. Pero si vamos al norte, en México, o a Centroamérica y Caribe, se inclinan más por ‘español‘ porque su modo de hablar es distinto del castellano. Entre los especialistas, usan castellano para hablar de los orígenes de nuestro idioma o para referirse al dialecto que se habla en la zona central de España.

Pero cuando contraponemos nuestra lengua a otras como el francés, el inglés o el alemán, ahí la tendencia es a decir español. Así pues, tanto monta, monta tanto uno como otro. Llámala como te dé la gana y recuerda que una cosa es la política —que todo lo enreda— y otra muy distinta, un idioma.



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