viernes, 3 de marzo de 2017

Razones por las que se acaba el diesel

Madrid, París y Ciudad de México han anunciado que prohibirán la circulación de vehículos diésel a partir de 2025. La inquietud ha cundido entre los compradores, las ventas se han desplomado y la presión medioambiental ha crecido. La demanda de estos motores descendió del 68,9 % que experimentaron en 2012 al 56,8 % de 2016. Así las cosas, ¿merece la pena comprarse un coche con este tipo de tecnología? ¿Qué pasa si ya se tiene uno?
Efectos nocivos para la salud
Algunos técnicos de la OMS dicen que no hay una base sólida en la relación entre la exposición a los óxidos de nitrógeno (NOx) y cierto tipo de enfermedades… pero tampoco nadie se atreve a negarla. De hecho, algunos estudios relacionan estas emisiones con asma, bronquitis, disminución de la función pulmonar, irritación de los sistemas respiratorio y ocular, enfermedades cerebrovasculares…
Los expertos del sector llaman a la tranquilidad. “Las medidas que se anuncian son muy alarmistas”, opina Francisco Payrí, director del Instituto CMT Motores Térmicos.“No creo que veamos la desaparición de los vehículos diésel en los próximos años”, sostiene Victor Piccione, gerente de comunicación de producto de Ford. Desde la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP) aseguran también que la demanda no va a desaparecer.

Tóxico
Las partículas de los diésel son uno de los caballos a batir en el mundo.La OCDE prevé que el millón de muertes que estas emisiones provocaron en el año 2000 aumenten hasta los 3.5 millones en 2050.
En España y otros países como Italia, Francia y Bélgica este carburante ha estado tradicionalmente muy subvencionado. La preocupación por las altas emisiones de monóxido de carbono (CO) de los motores de gasolina fue la que originó el fuerte apoyo al gasóleo en la primera década del siglo XXI. Los óxidos de nitrógeno (NOx) y la partículas del diésel no preocupaban en exceso a las autoridades comunitarias de aquel momento. Los consumidores respondieron a los estímulos fiscales del gasóleo y las carreteras se llenaron de motores alimentados por un combustible que hasta ese momento había estado casi reservado a la industria. Los NOx y las partículas, en consecuencia, comenzaron a cubrir los cielos y a amenazar la salud de los habitantes de los grandes núcleos urbanos.
La boina
El frecuente aire irrespirable que invade la ciudad de Madrid ha sido el causante de que, a partir de 2025, se prohíba la circulación de vehículos diésel.
Había que tomar medidas. Ya no se trataba de la capa de ozono y del efecto invernadero que potenciaba el CO de la gasolina, sino de nuestro propio bienestar, de las enfermedades pulmonares que podían contraerse como consecuencia de las emisiones del diésel. Preocupada, la Unión Europea impuso severas restricciones al gasóleo. La normativa Euro VI, que entró en vigor en septiembre de 2014, no era fácil de cumplir y los fabricantes tuvieron que enfrentarse a uno de los retos más difíciles de su historia. Lograron superarlo con la ayuda de los catalizadores y los filtros de partículas. Hoy, cien vehículos salidos de la cadena de montaje contaminan menos que uno de los años 70. Pero entonces, ¿por qué tanta algarabía? El problema, explican desde la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), no está en los vehículos nuevos, sino en los antiguos. 

Más eficiente
Hoy, cien vehículos de gasóleo actuales contaminan como uno de los 70. En los nuevos diésel el ruido y las vibraciones se han reducido mucho.
Son los coches de más de cinco años de antigüedad, los que se fabricaron antes de que Bruselas se pusiera seria con el tema, los verdaderos responsables de que en Madrid se hayan superado en ocasiones los 200 µg/m3 que la OMS considera como límite máximo recomendado.
¿Qué pasará?
Los expertos opinan que la gasolina se irá recuperando poco a poco y ocupará el lugar que tenía. El diésel pervivirá en entornos rurales y pequeñas localidades donde la instalación de puntos de recarga eléctricos o de surtidores de combustibles alternativos como el hidrógeno sea minoritaria. También compensará para aquellos que realicen más de 25.000 km anuales y, por supuesto, en la industria del transporte.
La decisión más sabia
¿Hay margen para reducir aún más las emisiones? La tecnología no tiene límites, pero sí costes. “Los diésel se irán encareciendo según se vayan haciendo más limpios”, vaticina Piccione. Hay soluciones diversas para estos problemas. Los expertos opinan que la gasolina se irá recuperando poco a poco y ocupará el lugar que tenía. El diésel pervivirá en entornos rurales y pequeñas localidades donde la instalación de puntos de recarga eléctricos o de surtidores de combustibles alternativos como el hidrógeno sea minoritaria. También compensará para aquellos que realicen más de 25.000 km anuales y, por supuesto, en la industria del transporte. Y si se vive en un gran núcleo urbano, la solución más razonable pasará por un vehículo eléctrico con autonomías cercanas a los 150 kilómetros, además de por las opciones de coche compartido.


¿Qué pasa si ya tienes un automóvil diésel con ciertos años y tienes que desplazarte habitualmente por algunos de esos países? Pues mejor que vayas pensando en otra alternativa.


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