domingo, 12 de marzo de 2017

Una enfermera que se tiraba pedos en un quirófano inspiró un curioso estudio científico

Esta es la historia de una enfermera que no podía resistirse en la sala de operaciones y acababa tirándose pedos con cierta frecuencia. La constancia de esta mujer por buscar soluciones acabó en un estudio científico sobre la naturaleza contaminante (o no) de los pedos en un hospital.

Por razones obvias, en este pequeño relato se ha obviado el nombre de la enfermera, quién siempre quiso permanecerse en un segundo plano cuando la investigación comenzó.

Principios del 2001 en Camberra, Australia. En los últimos meses el problema de la enfermera se hizo más grande. Ya no eran unos pedos silenciosos que apenas suscitaban miradas. La enfermera sabía que en el quirófano donde se trataban numerosas operaciones a vida o muerte los doctores la miraban mal.

La explosión flatulenta de los primeros días había dado paso a una más sonora, y lo que es peor, de intenso olor hasta el punto que debía alejarse de la zona de cirugía para intentar no dejar rastro. La gran preocupación de aquella profesional era si su incontinencia podría ser motivo de contaminación en una zona que por razones obvias debía estar limpia.

¿Qué hizo? La mujer acudió al doctor Karl Kruszelnicki y le explicó sin tapujos sus dudas. Kruszelnicki se dio cuenta de que no tenía una respuesta a la aparente sencilla pregunta de la enfermera. El doctor se puso a su vez en contacto con un colega, el microbiólogo Luke Tennet, y juntos idearon uno de los experimentos más legendarios que se recuerden. El fin: probar si los pedos son o no contaminantes para las salas de un quirófano.

Tennet convenció a un colega para que fuera el “hombre de campo”. Lo primero que debía hacer era tirarse un pedo con toda la fuerza que pudiera, un pedo vestido (con los pantalones) a 5 centímetros exactos de una placa de Petri sobre la que someterían los resultados. En segundo lugar debía desnudarse de cintura para abajo y realizar una segunda explosión flatulenta, con las mismas fuerzas que el primero y a la misma distancia de 5 centímetros.

Una vez que terminó, el hombre se subió los pantalones y ambos doctores esperaron para ver qué pasaba. Al día siguiente dieron con un hecho insólito. Durante la noche, el segundo pedo del hombre (desnudo) había logrado brotar en la placa de Petri unos grumos visibles de dos tipos de bacterias que generalmente se encuentran sólo en el intestino y en la piel. Curioso, porque el pedo que había pasado a través de la ropa no había causado ninguna bacteria.

El experimento fue probado una segunda vez obteniendo los mismos resultados. Los doctores habían resuelto que la ropa actuaba como un filtro cuando alguien se tiraba un pedo. Según los doctores:

Nuestra deducción es que las bacterias de la segunda placa de Petri fueron causadas por el propio flato, y el anillo de salpicaduras alrededor fue causado por la velocidad del pedo, el cual sopló las bacterias de la piel y las lanzó en el plato. Parece, por lo tanto, que el pedo puede causar infecciones si el emisor está desnudo, pero no si está vestido.

Aún así, los resultados del experimento no deben considerarse alarmantes, ya que ninguno de los dos tipos de bacterias es perjudicial. De hecho, son similares a las bacterias “amistosas” que se encuentran en el yogur.

No ganaron un Premio Nobel por su estudio, pero sí resolvieron una de esas dudas que nadie se atreve a preguntar. Hoy y gracias al culo del amigo del doctor Tennet, sabemos que los pedos pueden contaminar si salen “en libertad”, sin filtro alguno, aunque sus bacterias no sean perjudiciales para nosotros.





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