domingo, 23 de julio de 2017

En el WC del futuro no tendremos que tirar la cadena

Desde el origen de los tiempos, la principal preocupación del ser humano ha sido encontrar comida. El problema era deshacerse de los desechos generados después de ingerirla.

Durante la etapa nómada, la solución era sencilla: se abandonaba el lugar una temporada y se regresaba a él transcurrido cierto tiempo. Cuando esto sucedía, a su vuelta encontraban que esa zona, antes insalubre, se había vuelto más frondosa y tenía más vegetación.

El ser humano no tardó en vincular ambos fenómenos. Mientras que un exceso de desechos resultaba desagradable e insalubre, una buena gestión de los residuos podía ser beneficiosa para el campo.

Sin embargo, a medida que los asentamientos humanos fueron creciendo, el volumen de residuos aumentaba y la capacidad de gestionarlos menguaba. El resultado era que lo insalubre de las heces superaba con mucho a sus beneficios.

Por esa razón, a lo largo de la historia se han inventado diversas formas de deshacerse de los residuos humanos. Desde letrinas a pozos negros e incluso canalizaciones de alcantarillado. A pesar de ello, en pleno siglo XXI, hay lugares que aún no disponen de servicios sanitarios.

Mientras que la telefonía móvil ha llegado a casi cualquier lugar del mundo, hay territorios en los que no hay servicios. En ocasiones por falta de agua y en otras, por exceso. Cuando llega la época de las lluvias torrenciales, los pozos negros se desbordan y anegan casas, calles y cultivos.

Concienciada por este problema, la Bill & Melinda Gates Foundation puso en marcha el Reinvent The Toilet Chalenge, un proyecto que busca mejorar la calidad de vida de las personas a través de la innovación y la investigación en los servicios sanitarios y los inodoros.

Para ello, la fundación ayuda a financiar iniciativas que desarrollen sistemas que, además de facilitar la eliminación de residuos humanos permitan recuperar energía, agua y nutrientes de las heces.

Pero no solo eso. Los inodoros promovidos por la Bill & Melinda Gates Foundation deben funcionar sin necesidad de corriente eléctrica o agua y su coste de uso no debe superar los 0,05 céntimos diarios para que sean fáciles de instalar en países en desarrollo.

A aquellas se suma una última exigencia: previendo que en el futuro el agua escasee, la Fundación Gates quiere asegurarse de que las propuestas no son solo soluciones para países del llamado Tercer Mundo. Por lo tanto, el sistema debe resultar útil para todo tipo de países, rentas y territorios.

Una de las personas que recibió una ayuda de la Fundación Gates es Virginia Gardiner. Esta licenciada en Literatura Comparada ha creado Loowatt, una empresa que ha diseñado un inodoro que no precisa de agua para funcionar.



Después de depositar los excrementos, un dispositivo los recubre con un plástico, los envasa al vació y los deposita en un compartimento estanco que es retirado por la propia compañía una vez a la semana, o antes, en caso de que sea necesario.

El contenido es llevado a la planta de gestión de residuos de Loowatt que, tras procesarlos, obtiene biogás y fertilizantes a partir de ellos.

Las familias interesadas en el inodoro de Loowatt deben pagar 12 libras como depósito por tener el aparato en su domicilio. Cantidad que es devuelta si el usuario ya no quisiera tenerlo por más tiempo. A esas doce libras hay que añadirle tres libras al mes para cubrir el servicio de recogida de residuos.

A pesar de que la propuesta de Loowatt aún está en pleno desarrollo, ya hay lugares de Madagascar que lo utilizan. Si bien es cierto que el sistema de gestión de residuos no consigue explotar todo el potencial de las heces humanas, los habitantes de esos lugares han visto como su calidad de vida mejoraba.

Además de una mayor higiene en su entorno y un descenso de las enfermedades en el lugar, ya no temen caerse en un pozo negro y morir asfixiados por los gases o que las inundaciones desborden los pozos. Además, ahora tienen compost y abonos para sus campos.
Según los expertos, los inodoros sin agua serán el futuro a la hora de solucionar el problema de los excrementos humanos en los países en desarrollo. La razón principal es que en esos lugares un sistema como el que se usa en occidente es impensable.

A la falta de agua, se suman los costes para construir el alcantarillado. Si además no se quiere que los desechos acaben en el mar o en los ríos, también hay que construir plantas de gestión de residuos. Unas inversiones en infraestructuras inasumibles para los gobiernos de esos países.

Lo más llamativo de todo esto es que en el futuro es probable que este sistema de inodoros sin agua, lejos de exportarse a los países en desarrollo, sea el que acabe imponiéndose en occidente.

Para empezar, Loowatt ya ha comenzado a utilizarlos en eventos masivos y festivales de música de Estados Unidos e Inglaterra. Para que te vayas acostumbrando.




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