domingo, 13 de agosto de 2017

Los aborígenes norteamericanos consideraban que ser homosexual era un don

Los aborígenes Navajo, nativos de Norteamérica, se referían a los homosexuales hombres o mujeres como a “personas de dos espíritus”, por sus cualidades masculino-femeninas. Concebían esta condición como un don, ya que les permitía comprender los dos lados de la realidad humana.


Adicionalmente, tenían una quinta categoría para los individuos transgénero: nádleehí, “el que se transformó”, lo cual era una afirmación de su libertad individual.

Para los Ojibwa, los homosexuales eran niizh manidoowag, es decir, “dos espíritus“, y para los Cheyenne eran hemaneh, “mitad hombre, mitad mujer“. Y así encontramos ejemplos similares en casi todas las grandes tribus, incluyendo a los Aztecas.

En estas culturas, los individuos eran valorados por su contribución a la sociedad y no por sus biologías o comportamientos privados. De hecho, ni la sociedad ni la familia asignaba roles de género a los niños, que iban vestidos todos con ropa neutral hasta alcanzar una edad en que decidieran por sí mismos. Entre los Lakota, algunos decidían ser winkte, y se vestían mitad de hombre y mitad de mujer.

Así fue hasta que la colonización erradicó la tradición de los dos espíritus obligándolos a vestirse y comportarse de acuerdo con uno de los dos únicos géneros que la iglesia católica concebía.

Tal vez esta visión precolombina sea mucho más certera que la del actual movimiento LGBT, que no deja de definir a las personas por su sexualidad, y no por su espíritu.




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