domingo, 17 de diciembre de 2017

¿A quien beneficia matar la neutralidad en Internet?

los ciudadanos estadounidenses se les acabó un Internet igualitario. El Comité Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), que controla el partido republicano y preside Ajit Pai, eliminó las protecciones para la neutralidad de la red que estableció Barack Obama en 2015. Ahora las compañías de telecomunicaciones podrán reducir la velocidad de según qué páginas, o incluso bloquearlas, dependiendo de los servicios que paguen.

Supone el fin de visitar todos los portales indiscriminadamente. El neoliberalismo los ha transformado en un lote de productos. Si quieres ver vídeos de Youtube, Netflix o visitar páginas adicionales a la tarifa contratada, se deberá pagar más. Y, si no, no se cargarán ciertos sitios web.

La administración de Donald Trump vende esta medida como la “restauración de la libertad de Internet” y alega que el blindaje de Obama “deprimía la inversión”. La priorización elegida por cada usuario, dicen, fomentará la innovación y mejorará el servicio.

Lo cierto es que los beneficiarios tienen un nombre distinto al de los ciudadanos. Son los gigantes como Comcast, AT&T o Verizon. En sus manos queda restringir o limitar qué se consume. Si un operador llega a un acuerdo comercial con, por ejemplo, NBC News, implicaría que los usuarios de una tarifa vean limitado -o negado- el acceso a otros medios de comunicación. Así las operadoras también condicionarán qué sitios web sobreviven.

En 2014, antes de la protección de Obama, Comcast llegó a ralentizar la velocidad de conexión de Netflix, lo que forzó a la compañía a desembolsar más dinero para que no se redujera más. Por su parte, AT&T intentó en su momento frenar el acceso de usuarios de iPhone a FaceTime con la intención de que quienes quisieran este servicio, abonarán más.

Una queja de los operadores de telecomunicaciones es que los grandes portales, debido al uso enorme de datos, engullen todo el ancho de banda, por lo que el servicio les sale muy barato. Pero este discurso para defender el fin de la neutralidad de la red esconde algo perverso. Las grandes compañías podrán alcanzar acuerdos para que se les priorice. Las pequeñas, no, por lo que más que “fomentar la inversión”, podría hundirlas o dificultar que se abran nuevas empresas. Con visibilidad dudosa en Internet, ¿quién se arriesga a abrir un negocio?

A las organizaciones también se les da un golpe. Colectivos feministas, pro derechos humanos o LGTBI dependen de Internet para hacerse oír. La desregulación aprobada supone cerrarles la boca.

No va a ser fácil tumbar la iniciativa que se sacó adelante. A pesar de contar con una gran oposición -desde el Partido Demócrata, Google, Facebook hasta grupos en defensa de la libertad de internet como Fight for the Future-, recurrir a los tribunales supone largo tiempo. Esta iniciativa arrebata a los gobiernos locales y regionales la posibilidad de seguir ofreciendo neutralidad de la red, aunque la propuesta vaya a los juzgados.

La otra vía pasa por que el Congreso la derogue basándose en la Ley de Revisión, pero se necesita el respaldo de dos tercios de la Cámara. Solo 107 de los 239 congresistas republicanos se han expresado explícitamente en contra de la neutralidad de la red. Que los demócratas logren que el resto esté a su favor sería el milagro.




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