martes, 7 de marzo de 2017

Las camas elásticas no son para las vacas...y otras imágenes divertidas






El Padre de Marilyn Manson lo sorprende en su sesión de fotos con Terry Richardson

Decir WTF!, es poco...







No encontrarás tatuajes mas adorables que los tatuajes de tus mascotas







El destino de estos niños era convertirse en celebridades

Adele

Ryan Gosling

Benedict Cumberbatch

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Neil Patrick Harris

Chloe Grace Moretz

Arte japonesa en los mas variados elementos alimenticios







¡Que horror!







Humor acompañante







Nunca deberías hacer ejercicio con el estómago vacío

Puede que pienses que hacer deporte con el estómago vacío tiene alguna ventaja, como quemar más grasa en cada entrenamiento. La realidad es que los inconvenientes de esta práctica son muchos más que sus ventajas. Aquí te explicamos por qué hay que comer algo antes de ir al gimnasio o a correr.


Los defensores de hacer ejercicio “en vacío”, o sea, con el estómago vacío piensan que de esta forma se puede acelerar la pérdida de peso. De hecho, hay algún estudio que lo confirma. Uno publicado en la revista British Journal of Nutrition reveló que los deportistas que hacían ejercicio en vacío quemaban un 20% más de grasa que los que habían comido algo antes. Otro estudio en International Journal of Sports Nutrition and Exercise Metabolism llegó a conclusiones similares. El entrenamiento aeróbico con el estómago vacío reduce más cantidad de grasa corporal y baja más peso si lo comparamos con el entrenamiento con el estómago lleno.

¿Por qué se quema más grasa de esta forma? La especialista en medicina deportiva Kelly Pritchett explica que el organismo alterna entre sus fuentes de energía. Para realizar actividades que implican un esfuerzo sostenido como levantar pesas o correr largas distancias, el cuerpo necesita quemar una sustancia llamada glucógeno, que no es otra cosa que nuestra reserva de carbohidratos. Si nos quedamos sin reserva de glucógeno (cosa que es más probable que pase con el estómago vacío), el organismo tiene que buscar otra fuente de combustible. Esa fuente es el exceso de grasa del que te quieres librar.

Evitar que el organismo compense la grasa quemada
Hasta aquí parece la fórmula ideal, pero hay un problema importante. Para empezar, a tu organismo no le gusta que lo maten de hambre. Le gusta tener reservas de grasa. Si quemas estas reservas muy rápidamente, tu cuerpo ajustará su metabolismo para compensar la pérdida. En esencia, lo que hace es entrar en una especie de modo supervivencia y trata de quemar las mínimas calorías posibles.

Si quemas mucha grasa, tu cuerpo comenzará a creer que necesita almacenar más de esta grasa la próxima vez que comas, y lo hará tan bien que contrarrestará la mayor parte de calorías que hayas quemado durante el entrenamiento. Un estudio de la revista American Journal of Clinical Nutrition reveló que los períodos de hambre demasiado largos causan una caída bestial en el metabolismo que hace que no merezca la pena saltarse los almuerzos.

Tener menos hambre
Otra clave es que hacer ejercicio después de haber comido algo hace más por moderar tu apetito que entrenar con el estómago vacío. Según un estudio de Appetite, el 100% de las personas que comen algo antes de hacer ejercicio experimentan menos urgencia por comer la próxima vez que tengan que hacerlo. Teniendo en cuenta que bajar peso depende más de lo que comes, que del ejercicio que haces, es un factor importante a tener en cuenta.

Evitar la pérdida de masa muscular
Por si fuera poco, hacer ejercicio con el estómago vacío puede llegar a hacernos perder algo de masa muscular en ciertas circunstancias. Si el organismo acaba con sus reservas de glucógeno, puede decidir recurrir a romper las proteínas de la masa muscular además de quemar grasa.

Hacer ejercicio logra que los músculos se endurezcan mediante síntesis proteínica, pero este proceso se acelera si tenemos el estómago vacío, lo que puede redundar en una mayor pérdida de masa muscular que luego es complicado recuperar.

Este proceso no ocurre siempre. Solo se da cuando aumentamos la intensidad del ejercicio más allá de nuestra rutina habitual. Si, por ejemplo, hacemos nuestro entrenamiento matutino normal con el estómago vacío, es probable que el cuerpo aún tenga suficiente glucógeno de la cena de ayer. Según un informe de Journal of Applied Physiology hacer ejercicio con el estómago ni aumenta ni disminuye nuestro rendimiento durante un ejercicio típico al que nuestro cuerpo esté acostumbrado. En definitiva, si haces tu rutina normal de ejercicio con el estómago vacío no tienes que preocuparte mucho por la pérdida de masa muscular.

Ir más allá del entrenamiento normal
De lo que sí tienes que preocuparte es de otra cosa. Si haces ejercicio con el estómago vacío no tendrás la suficiente energía como para esforzarte más y superar el entrenamiento rutinario. En otras palabras, no podrás mejorar tu forma física en la misma medida que si entrenas habiendo comido antes.

Un estudio de Journal of Science and Medicine In Sport sugiere que los entrenamientos en vacío están significativamente por debajo de los entrenamientos con el estómago lleno en lo concerniente al ejercicio máximo y a batir marcas personales. Ir más allá de la rutina diaria es lo que nos permite aumentar nuestra masa muscular o correr más lejos, así que es recomendable hacerlo cuantas más veces se pueda, y para ello necesitamos haber comido.

En definitiva, es posible hacer ejercicio con el estómago vacío y algunas personas lo prefieren porque se sienten más ligeras y alerta. Sin embargo, más allá de los gustos personales, la ciencia prueba que no tiene beneficios. Es mejor comer algo rico en carbohidratos antes del entrenamiento, y comer algo ligero con más proteínas después. Además, tener hambre nos hace estar de mal humor. Es mejor terminar tus entrenamientos feliz y satisfecho que sintiéndote miserable y a punto de matar a alguien por un pedazo de comida.




El queso rallado no tiene queso: alimentos que nos engañan

Imagínate: quieres comprar un coche, en la publicidad dice “vehículo” y cuando te lo entregan te das cuenta que es un patinete y, además, le falta una rueda. Esto es lo que pasa cuando vas a hacer la compra al supermercado, según informa la Organización de Consumidores y Usuarios.

Que no te den gato por liebre. Estos son los 7 grupos de alimentos más falsos que un diente de madera:

1. No digas jugo, di néctar
Aunque en tu cabeza exista como jugoo, un néctar no es un jugo: tiene la mitad fruta y la mitad agua con azúcar. Lo peor es que aunque sean zumos falsos, valen más caros que los zumos reales. Y ya no digamos la diferencia, tanto económica como nutritiva y de sabor que habrá entre un néctar y un zumo que te hagas en casa. “La clave es fijarse en la letra pequeño y no en la foto”, aconsejan desde OCU.

2. No digas jamón, di York
York es una casa real y una ciudad inglesa. Lo que no es, es jamón. “Bajo la denominación ‘York’ no hay jamón sino otras carnes de cerdo. Preparadas de la misma forma, pero de piezas menos nobles… y más baratas”. Y ojo al dato con las promesas de jugosidad: “En contra de lo que parece, es de menor calidad que otros (tiene más agua y menos jamón)”.

3. No digas queso, di rallado de grasas vegetales con madera
Gracias al concepto "rallado" se han perpetrados auténticos crímenes a la alimentación humanidad. Es el gran cajón desastre dondelas marcas entran todo lo que te imagines y más menos queso. “Pese a llamarse así no tiene queso. Es un producto lácteo con grasas vegetales más baratas que la grasa láctea. No se funde con tanta facilidad como un queso de verdad y suele quemarse al gratinar”. Que se lo digan a la empresa Castle Cheese, que el pasado enero fue multada con 500 mil dólares por añadir pulpa de madera a su queso rallado.

4. No digas carne picada, di amasijo de carnes con conservantes y colorantes Entre ese amasijo de fideos de carne es difícil diferenciar qué mezcla de carne contiene. Y todavía es más caer en la cuenta que no todo es carne. “Entre el 65% y el 90% es carne, pero el resto son espesantes, almidones, proteínas de sojas, conservantes y colorantes. Parece barata, pero quizás no lo es tanto si tenemos en cuenta que no todo es carne picada (y que la proporción de grasa es importante)”.

5. No digas calamares, di potaEstán cortados en anillas, son blancos como los calamares y ya te los imaginas rebozados o con un arroz. Pe ro no son calamares, sino pota, otra especie. “Suelen ser más grandes y más duras. Como consecuencia de este último aspecto, se someten a un procesado con agua y fosfatos para hacerlas más tiernas y blanquearlas. Son considerablemente más baratas que el calamar, y aunque se vendan frescas, lo habitual es que sean descongeladas (debe estar indicado claramente)".

6. No digas miel, di miel sin polen y con aguaParece imposible, pero sí: hay mieles falsas. La OCU no lo incluye en su lista, pero Según el estudio llevado a cabo por el científico Vaughn Bryant, de la Universidad de Texas A&M y Food Safety News, encontró que el 76% de mieles compradas en supermercados habían sido ultrafiltradas, es decir, se les había quitado todo el polen que las convierte en un alimento de calidad. Además, algunas estaban mezcladas con agua, edulcorantes baratos y otros ingredientes.

7. No digas palitos de cangrejo, di pescado picado sin cangrejoSabor a cangrejo, colores del cangrejo, pero de cangrejo ni rastro. Por algo en japonés lo llaman “surimi”, que quiere decir “músculo de pescado picado”. Es una solución milenaria del país nipón para darle salida a los pescados que no se vendían. Ahora se hace pasar por cangrejo o langosta y se mezcla ese puré de pescado con azúcares, almidones, fosfatos y potenciadores del sabor



Situs Inversos: Cuando los órganos del cuerpo están invertidos

¿Qué tienen en común el cantante Enrique Iglesias, el jugador de la NBA Randy Foye y la actriz Catherine O'Hara, famosa por ser la madre de Macaulay Culkin en Solo en Casa?


En apariencia, nada pero estos tres personajes pertenecen al pequeño porcentaje de los seres humanos que presentan Situs Inversus, una rara enfermedad que provoca que sus órganos vitales estén invertidos.

La dolencia, que afecta a 1 de cada 20.000 personas (un 0,01% de la población) es una condición genética en la que uno o varios órganos están colocados en modo espejo. El corazón y el estómago en el lado derecho o el hígado en el izquierdo, por ejemplo.

Se han dado casos hereditarios de situs inversus a través de los genes recesivos. En estos casos, los dos padres son portadores del gen que provoca la patología aunque no la paden pero pueden transmitirla a sus hijos.

Por otro lado, también se puede producir el situs inversus en los llamados “gemelos espejo”, donde uno de los hermanos presenta la malformación porque el óvulo fecundado se ha dividido más tarde de lo habitual. Por último, el situs inversus también puede ser un signo de otras enfermedades, como la poliesplenia o el Síndrome de Kartagener.

Pese a lo extraño de la patología, la gran mayoría de las personas no se dan cuenta de que lo padecen y muchos se percatan solo cuando se dan complicaciones médicas. Una de esas complicaciones pueden ser las malformaciones cardíacas, que tienen lugar sobre todo en el caso de la dextrocardia (cuando el corazón está invertido).

Afortunadamente, esas malformaciones solo afectan al 3,5% de los pacientes con esta enfermedad y se producen de dos maneras. La más común es la transposición de los grandes vasos, por el cual la aorta y la arteria pulmonar están intercambiados. Eso provoca color azulado en la piel o dificultad para respirar. En otros casos, las estructuras dentro del corazón crecen en el lado equivocado, aunque el órgano se encuentre en la parque izquierda del cuerpo.

Además de las complicaciones cardíacas, se pueden presentar problemas a la hora de diagnosticar otras enfermedades porque los síntomas se presentan a la inversa. En el caso de los infartos del corazón, duele el brazo derecho. O en la apendicitis el dolor se ubica en el lado izquierdo en vez de en el derecho.

Otro problema asociado al situs inversus tiene que ver con los trasplantes. En este caso, la operación será más compleja, ya que los órganos del donante no están preparados para conectarse con estructuras del revés.




Hombres cariñosos con otros hombress¿gays de la época Victoriana?

Cuando en 2008 Herbert Mitchell, el bibliotecario de la Universidad de Columbia, murió, dejó un curioso tesoro al Metropolitan Museum of Art.

Mitchell era un coleccionista obsesivo, amante de todos los objetos curiosos del pasado que pudiera encontrar. Además de antiguos catálogos y pósters, Herbert tenía una gran colección de retratos, muchos de ellos de hombres posando de una forma más afectuosa de la que nadie esperaría de una época sexualmente tan represiva como la victoriana.

En estas íntimas imágenes de estudio, los hombres se cogen de la mano, apoyan las piernas sobre el otro o se sientan en el regazo de sus compañeros sin mostrar ningún tipo de complejo.

Ninguna de las imágenes incluyen notas o información identificativa, por lo que nos es imposible saber qué tipo de relación había entre los protagonistas. Así que, solo nos queda imaginar qué historia hay detrás de cada una de ellas.