A lo largo de la historia, la cultura en general y las obras literarias en particular han estado siempre entre los grandes damnificados cuando los poderes fácticos decidían qué tenían que pensar los ciudadanos. Para ello, no se andaban con remilgos y aprovechaban la más mínima oportunidad para quitar de la circulación aquellos libros que consideraban que podían perjudicar sus intereses. Sin embargo, en algunas ocasiones la decisión fue totalmente disparatada y carecía especialmente de sentido.

Sin ir más lejos, ¿qué maldad puede encerrar ‘Alicia en el País de las Maravillas’? Mientras la inmensa mayoría pensaba que la obra que Lewis Carroll publicó en 1865 era un cuento que ayudaba a despertar la imaginación de los niños, un gobernador chino consideró que podía representar una amenaza para los más pequeños. A juicio de Ho Chien, el responsable de la censura, existía el peligro de que al leer las aventuras de Alicia junto al Sombrero Loco y el Gato de Cheshire, los niños y niñas pensaran que los humanos y los animales eran semejantes. Fue por ello que lo vetó en la región china de Hunan y, aún a día de hoy, en las guías de viajes se aconseja a los visitantes que vayan a esta zona del país asiático que no lleven el libro. Por lo que pueda pasar.
Pero no hay que irse hasta la China, donde la censura está a la orden del día en pleno siglo XXI, para encontrar casos en que libros totalmente inocentes acabaron por ser prohibidos por las autoridades. En distintas regiones de Estados Unidos, por ejemplo, se retiró de las bibliotecas y las escuelas publicas el libro ‘El maravilloso mago de Oz’. El motivo que esgrimieron las autoridades allá por los años 30 y 50 del siglo pasado para tomar dicha medida fue que aparecían en el libro una serie de personajes “ímpios” como brujas o monos voladores. En Chicago, por su parte, la obra de Frank Baum fue censurada por la mala influencia que, según los retrógrados dirigentes, suponía que una mujer como Dorothy asumiera el liderazgo de un grupo.

Aunque algo menos inocente, pero desprovisto totalmente de maldad o ideas perniciosas, ‘Doctor Zhivago’ es otra de las más destacadas obras literarias de todos los tiempos que fue vetada en un momento histórico determinado. El libro de Borís Pasternak, que fue publicado en Italia en 1957, estuvo prohibido en la Unión Soviética hasta 1988. Las aventuras y desventuras del protagonista, un joven médico y poeta, no acabaron de contentar a los mandatarios soviéticos, que creyeron ver pasajes con ideas antibolcheviques. Tampoco les gustaba especialmente que el protagonista antepusiera su bien personal al del estado. Y menos les gustó ver todo esto condensado en una película de Hollywood que consiguió cinco premios Óscar.
Por esto mismo, fue el propio Nikita Jrushchov, Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, quien, sin siquiera haber leído la obra de Pasternak, ordenó cargar tintas contra el escritor. Fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos y la presión fue tal que incluso rechazó el premio Nobel de Literatura que le concedieron en 1958.
¡Hasta el mismísimo Harry Potter!

Por descabellado que parezca, la totalmente inofensiva historia de la escritora británica J.K. Rowling también ha acabado siendo víctima de la censura. De hecho, los primeros tomos de la saga de Harry Potter están a la cabeza de los libros más censurados de Estados Unidos. Son muchos los que han llegado a quemar los libros del mago de Hogwarts en señal de protesta, porque consideran que promueve la brujería y el ocultismo. Pero no solamente en territorio estadounidense esta obra ha pasado por dificultades, sino que también sucedió en los Emiratos Árabes e incluso en algunas escuelas británicas.
Lo que más llama la atención no es solamente que acabasen por prohibir un libro tan aparentemente inofensivo, sino que se llegaron a vivir situaciones tan sumamente disparatadas como que en un colegio canadiense exigieran a sus alumnos una autorización expresa de los padres en la que se indicase que les permitían leer las historias del joven mago de Hogwarts.