domingo, 25 de marzo de 2018

Adictamente no lleva tilde (un relato ortográfico)

Doña Teresa siempre había deseado tener hijos. Pero la naturaleza, que tiene sus cosas y sus caprichos, no parecía dispuesta a convertirla en madre. Pasaban los años y a pesar de intentarlo con ahínco (y con mucho gusto, todo hay que decirlo), el niño no terminaba de llegar.

Así que aburrida, decidió adoptar a un perro y volcar sobre aquel cachorrillo todo el amor maternal que no podía regalar a un bebé de carne y hueso. El perro era feo, para qué andar con florituras. Pero alegraba la vida de doña Teresa con esa fidelidad absoluta que solo un can puede tener.

Doña Teresa y su santo esposo seguían intentando día a día (o noche a noche, para eso no había horario) el milagro de convertirse en padres y cuando ya pensaban que tanto fornicar no daría fruto, la buena mujer quedó embarazada.

El niño que nació para cumplir su deseo de ser madre salió más rana que los concejales a Esperanza Aguirre, y lejos de convertirse en un adolescente encantador (si es que «adolescente» y «encantador» pueden ir juntos en una misma frase), el chaval resultó ser un figura de esas que mas vale perder que encontrar...

Afortunadamente, doña Teresa tenía a su perro, que también había crecido como su hermano humano, pero cuyo carácter era muchísimo más encantador que el del muchacho. La buena mujer enfermó a disgustos y murió antes de que sus dos hijos, el perruno y el humano, pudieran verla envejecer. La muerte de su marido un par de años antes y el carácter agrio del muchacho acabaron con su salud.

Pero cuando el hijo se presentó ante el notario para conocer el testamento de su madre, se llevó la sorpresa de su vida. Doña Teresa había dejado como único heredero de todos sus bienes a su perro, regalando al figura de su vástago una magnífica peineta (de las metafóricas, se entiende).

Y hablando de testamentos, ¿quién hereda la tilde en los adverbios acabados en -mente?, ¿el adjetivo base o la terminación? Pues el adjetivo. Aunque siempre que este la llevara antes de unirse (en pecado o no, que lo decidan otras mentes biempensantes) a -mente.

Por tanto, escribiremos ágilmente, rápidamente o cortésmente porque tanto ágil como rápido y como cortés ya lucían la tilde en todo lo alto. Por el contrario, escribimos adictamente, fugazmente, tranquilamente o normalmente porque ninguna de ellas llevan tilde cuando solo son adjetivos.

No está mal recordar que estos adverbios son palabras excepcionales porque conservan dos acentos: el del adjetivo base y el de la terminación. Por esa singularidad prosódica, su acentuación gráfica supone una excepción ya que si tuviéramos en cuenta solo las normas ortográficas, ninguna de ellas llevaría tilde al ser todas palabras llanas que acaban en vocal.

Y ya que estamos liados con estas palabritas, una bola extra como propina: si queremos enlazar dos o más adverbios de este tipo, lo suyo es eliminar la terminación -mente del primero: furtiva y satisfactoriamente. No es que sea incorrecto decir furtivamente y satisfactoriamente, pero queda feo. Muuuuuy feo.





Publicar un comentario