lunes, 19 de marzo de 2018

Así castigó la inquisición española al primer europeo que fumó tabaco

La Santa Inquisición decidió condenar, por las dudas, al primer europeo en fumar tabaco por «pecador e infernal». Porque –pensaron los inquisidores– aquel humo que brotaba de la boca solo podía ser obra del Diablo. 

Rodrigo de Jerez volvió de América con un hábito que, siglos después, iba a penetrar en lo más hondo del continente. Ser el pionero le costó caro.

Natural de Ayamonte (Huelva), Rodrigo de Jerez navegó en la Santa María hasta lo que Cristóbal Colón creía un remoto punto de Oriente, en verdad una isla del Caribe. En aquella primera expedición de Colón, en 1492, el grupo de castellanos se topó con una extraña práctica entre los indios caribes:

«Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, (y) yerbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban».

En octubre de 1492, dos exploradores enviados a explorar una de las islas caribeñas, Rodrigo de Jerez y un judío converso llamado Luis de Torres, se encontraron con fumadores de unas «hojas secas que desprendían una peculiar fragancia». El tabaco y la desnudez de los indígenas asombró a los dos aventureros: «Son gente, dice el Almirante, muy sin mal ni de guerra, desnudos todos, hombres y mujeres, como sus madres los parió. Verdad es que las mujeres traen una cosa de algodón solamente, tan grande que le cobija su natura y no más. Y son ellas de muy buen acatamiento ni muy negro(s) salvo menos que canarias».

Aunque se considera que el introductor oficial de la planta en Europa fue Fray Román Pané, que viajó con Colón en su segunda expedición, es la historia de Rodrigo de Jerez la que más ha calado a nivel popular. Según esta versión un tanto novelada, a su vuelta a España, esta vez en «La Niña», Rodrigo de Jerez llevó consigo tabaco y empezó a fumarlo de forma pública y a cultivarlo en su huerto. Alertado por la novedad, la Santa Inquisición encarceló al andaluz por estimar que se trataba de una actividad satánica.

Rodrigo de Jerez pasó casi un lustro en prisión por fumar tabaco, si se hace caso del relato popular sobre su incidente con la Inquisición. A su muerte fue enterrado en la Parroquia de San Mateo de su ciudad natal. Sobre las ruinas de este templo, destruido en una de las guerras que castigó este territorio fronterizo, se construyó la Iglesia de Nuestro Señor y Salvador, razón por la que hoy se desconoce con certeza dónde se encuentran los restos de Rodrigo de Jerez. Un hombre pionero en Europa haciendo lo que era normal en América.

La persecución al tabaco también se aplicó en China, Rusia y el Imperio Otomano, además de en la propia Roma. El Papa Urbano VIII publicó una bula en 1642, la Cum Ecclesiae, en la que declaraba que cualquiera que tomara tabaco, por vía bucal o nasal, por piezas, molido, en polvo o fumado en pipa, dentro de las iglesias de la diócesis de Sevilla (en 1650, Inocencio X extendió la prohibición a San Juan de Letrán y a San Pedro en Roma), quedaba excomulgado latae sententiae. La preocupación principal era en ese momento de naturaleza estética y no religiosa: evitar la profanación de las iglesias e impedir que los sacerdotes se entretuvieran con el rapé durante la celebración de la misa.




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