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miércoles, 14 de marzo de 2018

Dos mamíferos que ponen huevos

Equidna
A lo mejor sí. O a lo mejor no. Pero, ¿te has preguntado alguna vez por qué se relaciona al conejo con la entrega de huevos en Pascua siendo éste un animal vivíparo?. Una de las muchas leyendas que circulan por internet sobre el origen de esta tradición guarda relación con una madre alemana muy pobre que no disponía de dinero suficiente para recompensar a sus hijos con dulces. Por ello, un buen día, decidió decorar huevos y ocultarlos en el jardín con el propósito de que sus pequeños los encontraran. Sin ser invitado al juego, un conejo se coló por allí y los niños le atribuyeron a él la procedencia de los esféricos y vistosos regalos.

A continuación te presentamos dos especies de mamíferos que sí ponen huevos en la vida real. Pero cuya figura –rellena de rico chocolate-, seguro, no encontrarás estos días llenando los escaparates de las pastelerías y los lineales de los supermercados.

El equidna es tan diferente de cualquier otro animal, que aún hoy desconcierta a los científicos, aseguran desde el zoo de San Diego (Estados Unidos). Mientras que otras especies se han extinguido, él ha encontrado la forma de sobrevivir sin experimentar cambios en su biología y etología desde la prehistoria. Solo hay otro mamífero dentro del reino animal que sea ovíparo como él: el ornitorrinco.

Las hembras ponen un huevo al año del tamaño de una uva y lo mantienen a salvo en una bolsa localizada en su vientre. Diez días después la cría eclosiona y comienza a tomar la leche que segrega su madre a través de unas glándulas especiales alojadas en la citada bolsa.

El equidna se distribuye por Australia, Tasmania y Papúa Nueva Guinea; ocupando desde las tierras altas hasta los bosques, e incluso los desiertos.

Se trata de una criatura solitaria que goza de un agudo sentido del oído. Aunque no posee orejas como tal: dispone de unas grandes aberturas verticales situadas justo detrás de los ojos.

Sus patas cortas delanteras le facilitan la alimentación; con ellas abre termiteros o parte troncos huecos. No tiene dientes, pero sí una larga (15 cm) y pegajosa lengua con la que atrapa las hormigas y lombrices que muele con las almohadillas duras que posee en la base de la lengua y en el techo de la boca. El hocico del equidna, además, es muy sensible a las señales eléctricas que emite el cuerpo de un insecto.

Puede horadar un hoyo tan rápido como un humano usando una pala. La habilidad de excavación constituye su mejor opción a la hora de buscar protección ante los depredadores (dingos y zorros, principalmente), los incendios y las sequías, por ejemplo. Sus patas traseras también le resultan muy valiosas: con una larga garra extra que le nace en el segundo dedo se «peinan» las púas que recubren su piel; limpiando los insectos y la suciedad que hayan podido quedar atrapados entre las mismas.

Su esperanza de vida en zoos, pues en estado silvestre se desconoce, es de 58 años.

Existen el equidna de pico largo y el de pico corto.

Un ejemplar adulto puede alcanzar un peso de 2,5 kilos y una longitud de entre 35-76 centímetros.

El ornitorrinco

El ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus) es una especie de mamífero semiacuático endémico del este de Australia y de la isla de Tasmania. Es una de las cinco especies —junto con las cuatro de equidna— que perviven en la actualidad del orden de los monotremas, grupo que reúne a los únicos mamíferos actuales que ponen huevos en lugar de dar a luz crías vivas. Es el único representante vivo de la familia Ornithorhynchidae y del género Ornithorhynchus.

La inusual apariencia de este mamífero —ponedor de huevos, venenoso, con hocico en forma de pico de pato, cola de castor y patas de nutria— desconcertó a los naturalistas europeos cuando se lo encontraron por primera vez, llegando incluso a ser considerado por algunos como una elaborada falsificación.4​ Es uno de los pocos mamíferos venenosos existentes; los machos tienen un espolón en las patas posteriores que libera un veneno capaz de producir un dolor intenso a los humanos. Sus características únicas lo convierten en un importante sujeto de estudio en el campo de la biología evolutiva, así como en un símbolo reconocible e icónico de Australia; ha aparecido como mascota en acontecimientos nacionales y aparece al dorso de la moneda australiana de 20 céntimos. Es el emblema animal del estado de Nueva Gales del Sur.

Hasta principios del siglo XX se lo cazaba por su piel, pero actualmente está protegido en todo su ámbito de distribución. No se considera que se encuentre bajo amenaza inmediata, a pesar de que los programas de reproducción en cautividad han tenido un éxito bastante limitado, y de que es una especie vulnerable a los efectos de la contaminación


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