martes, 20 de marzo de 2018

La nueva y saludable obsesión de crear bosques inmensos dentro de las grandes ciudades

Los árboles son fuente de vida y, a lo largo de las últimas décadas, el ser humano los ha estado eliminando a un ritmo vertiginoso. Según datos de la FAO, entre 1990 y 2015 han desaparecido de nuestro planeta unas 129 millones de hectáreas de bosques, –una superficie casi equivalente a la de Sudáfrica-. Y aunque en los últimos años la deforestación se ha ralentizado, aún son muchos los miles de árboles que se pierden diariamente, la mayoría debido a la actividad humana. Ante ello ha surgido una sorprendente tendencia que lleva a plantar grandes arboledas donde no estamos acostumbrados a verlas.

Por ejemplo, ciudades como Barcelona están llevando la naturaleza al centro urbano, mientras en Gran Bretaña quieren crear un enorme bosque que atraviese la isla. En Singapur y Australia también tienen planes para integrar la vegetación en las ciudades; e incluso China la ha llevado al mismísimo desierto para parar su avance. Todos estos proyectos no han dejado indiferente a los ciudadanos: unos los ven como grandes iniciativas para traer aire fresco a sus pulmones, mientras que otros creen que, especialmente los proyectos más ambiciosos, quedarán tan solo en papel mojado.

Nuevos jardines en la urbe y un bosque para todo el paísAun así, lo cierto es que algunos de estos planes ya están en marcha y gozan de una gran acogida. Es el caso de Barcelona, que dentro de su Plan del Verde y de la Biodiversidad 2020, ha planteado crear cinco nuevos enormes jardines en la capital catalana, de los cuales algunos están en construcción, y ampliar las zonas verdes existentes. Con ello, duplicarán el número de árboles de la ciudad. Concretamente, se aumentará el área con árboles en dos tercios y cada ciudadano contará con un metro cuadrado adicional de zona verde. En total, se calcula que se incorporarán a la urbe casi 44 hectáreas de nuevos espacios verdes para 2019 y más de 162 hectáreas para 2030. Esto implicará derivar tráfico a túneles, restringir el aparcamiento de algunas plazas o reconvertir zonas industriales abandonadas para dotar de un aspecto más verde a la Ciudad Condal.

Con todo esto se pretende acabar con el aumento de la contaminación y las altas temperaturas que tienen lugar en el centro de la ciudad, sobre todo en verano, haciendo de esta zona un lugar cada vez más incómodo para vivir o visitar. Construida hasta en el último rincón y con una red de calles especialmente poblada, Barcelona apenas tiene arboles y espacios verdes en comparación con los imperantes espacios conquistados por el asfalto y el hormigón.

Ahora, el nuevo plan verde se basa en su propia experiencia. En 2000 se inauguró un extenso parque a orillas del río Besós, que discurre por los términos de Montcada i Reixac, Santa Coloma de Gramenet, y Sant Adrià de Besòs, entre otros, donde se ha visto que la vegetación y la fauna le han dado una nueva vida a los alrededores de la ciudad.


De igual modo, la ciudad de Perth, al oeste de Australia, ha puesto en marcha un plan a completar en 2036 con el que pretende mejorar la calidad de vida de sus habitantes. A través de un estudio pormenorizado, sus responsables investigan la edad y la esperanza de vida útil de los árboles existentes en la ciudad, realizan repoblaciones y analizan el impacto de los nuevos ejemplares plantados en todo el área metropolitana de Perth.

Algo más ambicioso en extensión es el proyecto natural que acaba de anunciar el gobierno de Reino Unido con el que quiere crear un gigantesco bosque que abarque desde Liverpool hasta la ciudad de Hull, en la costa este. En total, 50 millones de árboles para conformar un denso mosaico de más de 25.000 hectáreas en una de las zonas menos boscosas de la isla.

Aunque a los ingleses esto no les resulta nuevo. En la década de los 90, se inició la creación de un gran bosque de más de 520 kilómetros cuadrados en el centro de la isla. Es conocido como The National Forest y fue el primer intento de mezclar antiguos bosques con áreas recién plantadas para crear una masa boscosa estable. Al igual que en Barcelona, todo se debe a que Reino Unido necesita más verde: solo el 10% de su extensión son arboledas que incluso, en algunos casos, se están viendo atacadas.

Ciudades forestales y árboles que frenan desiertos
Dentro de esta tendencia también destaca la propia creación de ciudades en las que impere lo verde ante cualquier otro factor. Es el caso de las cuatro islas artificiales que se elevarán entre Singapur y Malasia, en aguas del Estrecho de Tebrau. En una superficie total de 14 kilómetros cuadrados se construirán ciudades ‘eco-inteligentes’ que pretenden acoger a 700.000 residentes en 2050. En ellas, no solo las zonas verdes serán las protagonistas sino que la vida en estas islas estará marcada por las novedades tecnológicas del momento gracias a sus edificios inteligentes y a un efectivo aprovechamiento de las energías renovables. Además, se creará una innovadora red de transporte que dividirá el tránsito de vehículos, un tren ligero y peatones en diferentes capas en altura que, a su vez, se conectarán con el resto de islas.



Otro ejemplo semejante lo encontramos en China donde trabajan en construir una ciudad forestal para el próximo 2020. Ubicada a lo largo del río Liujiang, en el sur del país asiático, está previsto que esta nueva urbe cuente con 40.000 árboles y casi un millón de plantas, además de capacidad suficiente para albergar a 30.000 personas. Con ella se pretende crear un espacio para vivir libres de la contaminación que tanto atenaza a las áreas metropolitanas de China.

Su diseño es obra del estudio de arquitectos de Stefano Boeri y se inspira en uno de sus proyectos anteriores, desarrollado en Milán, donde erigió dos rascacielos cubiertos de árboles en 2014. Además, esta misma firma, que destaca por sus bosques verticales, está trabajando en este innovador concepto al este de París.


Aunque la obsesión por lo verde de China no solo pasa por las ciudades, sino que también llega al mismísimo desierto de Gobi, al norte del país. Esto se debe a que estas zonas áridas cada vez están ganando más terreno, por lo que desde el gobierno chino se ha decidido frenar con un extenso cinturón de árboles. La conocida como la Gran Muralla Verde es posiblemente el proyecto de ingeniería ecológica más grande del mundo al ocupar más de 4.500 kilómetros. En total, se han plantado 13 millones de hectáreas de árboles desde 2008. Sin embargo, el proyecto ha tenido muchas voces críticas, ya que la mayoría son árboles frutales o no autóctonos, por lo que necesitan grandes cantidades de agua y son propensos a padecer enfermedades y plagas. En definitiva, la solución a la extensión de las zonas áridas está teniendo un gran coste medioambiental.


Aún así, no han sido los únicos que han llevado árboles al desierto. Inspirados por la experiencia china, varios países subsaharianos se plantean también crear una enorme barrera de árboles que frene la desertificación del Sahel y que abarcaría desde Senegal a Etiopía. Más que un proyecto técnico ha de considerarse una iniciativa política llevada adelante por un grupo de países asolados por la falta de agua, que busca despertar el interés en los pobladores y cambiar su forma de pensar, impulsando prácticas agrícolas que frenen la erosión. Ahora solo quedará esperar y ver cómo se desarrollarán estos proyectos y cuál será el impacto que provoquen en nuestro planeta. ¿Estaremos ante una nueva era más verde para la humanidad?



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