martes, 27 de marzo de 2018

Lo que contamina tu teléfono móvil

¿Te has preguntado alguna vez el impacto ambiental que tiene el uso de internet o del teléfono móvil? Pues, según advierte un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Cleaner Production, los centros de datos y los smartphone serán las tecnologías de la información y comunicación más contaminantes en el año 2040.

Los investigadores, de la Escuela de Ingeniería y Tecnología de la Universidad McMaster (Canadá), estudiaron la huella de carbono de diferentes dispositivos: teléfonos móviles, ordenadores portátiles y de sobremesa, tablets, etc. Además, analizaron el impacto de los centros de datos, esos lugares físicos que procesan toda la información y de los que dependemos para que funcione internet.

“Detrás de cada mensaje de texto que enviamos, de cada llamada telefónica, de cada vídeo que descargamos, hay un centro de datos haciendo que esto sea posible. Las redes de telecomunicación consumen un montón de energía, se alimentan de electricidad que aún sigue generándose por la quema de combustibles fósiles. Es un consumo energético invisible para nosotros”, explica Lotfi Belkhir, autor principal del trabajo.

El resultado les sorprendió, pues encontraron que las emisiones de carbono que proceden tanto del uso como de la producción de las tecnologías de la información son bastante mayores de lo que se pensaba. “Si la tendencia continúa, en el año 2014 estas tecnologías serán las responsables del 14% de la huella ecológica, lo que supone casi la mitad del impacto del transporte a nivel global”, advierte Belkhir.

De entre todos los dispositivos, parece que en el año 2020 los más dañinos para el medio ambiente serán los smartphone. Y es que, aunque no se precisa de mucha energía para su uso diario, bien es sabido que su producción tiene elevados costes sociales y medioambientales. Se necesita mucha energía para fabricar un teléfono móvil, y también el uso de minerales escasos y con costosos procesos de extracción como el coltán, el oro y el tugnsteno.

Otro problema añadido radica en la obsolescencia de estos productos: su corta vida obliga al usuario a cambiar de móvil cada dos años como mucho, por lo que se generan cada vez más residuos y las compañías fabrican cada vez más teléfonos. Como resultado, “en torno al año 2020 el consumo energético de los smartphone será mucho mayor que el de los ordenadores”, recalca el investigador.

Soluciones sostenibles
¿Dejar de usar la tecnología? Se trata de una alternativa poco realista. Aunque nada es absolutamente necesario e imprescindible, por supuesto, prescindir de internet o del teléfono móvil es bastante complicado en nuestro actual entorno laboral y personal. Pero se pueden buscar formas de minimizar el impacto de las telecomunicaciones.

Dejar de usar internet o el móvil es una alternativa poco realista
“Los centros de datos podrían empezar a funcionar con energías renovables”, sugiere Belkhir. “La buena noticia es que grandes compañías como Facebook o Google ya han anunciado que realizarán esta transición en sus centros de datos. Pero es necesario que exista una legislación que obligue a todos a hacerlo”.

En el plano personal, también se pueden tomar iniciativas que minimicen el impacto en nuestro uso de las redes de comunicación: ¿realmente es necesario descargarte ese vídeo viral que te han enviado por Whatsapp y que sabes que no vas a ver nunca? ¿Hace falta cambiar de teléfono móvil en cuanto la batería le empieza a durar menos, o cuando simplemente funciona un poco más despacio?

Otra opción es buscar dispositivos que se fabriquen con criterios medioambientales. En el mundo de la telefonía móvil, la opción disponible es el Fairphone. Sus desarrolladores intentan controlar todos los pasos en la producción, desde la extracción de las materias primas en las minas hasta el ensamblaje de sus piezas. Además, se trata de un teléfono modular con piezas recambiables: por ejemplo, cuando la batería se deteriora, no es necesario cambiar de teléfono móvil sino, simplemente, sustituirla. De esta forma se alarga la vida útil del dispositivo y se disminuye su huella ecológica. Un paso más que necesario si queremos caminar hacia un futuro sostenible.




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