miércoles, 18 de abril de 2018

Cómo doblar cualquier cosa con el "poder de la mente"

Uri Geller
Durante mucho tiempo, un hombre hizo creer a millones de personas que podía manipular el metal con su mente, o que tenía la capacidad de reproducir dibujos que nunca había visto. Ese hombre era el israelí Uri Geller, y tuvieron que llegar dos tipos idénticos a él para que el mundo abriera los ojos.

En la década de los 70 estaba de moda el concepto de “ciencia paranormal” en gran parte del planeta. Geller, por su parte, hizo una gran carrera en Estados Unidos después de una serie de apariciones de televisión y revistas más o menos respetadas.

Casi siempre, junto a la entrevista le acompañaba alguna de sus demostraciones donde aparentemente podía doblar las cucharas con suavidad al posar sus manos sobre ellas, o las llaves se curvaban con el suave golpeo de sus dedos, incluso algunas brújulas se tambaleaban al paso de este insólito personaje.

Llegó un punto que Geller parecía un tipo de ciencia en sí mismo, así que a comienzos de los 70 y para comprender mejor sus métodos, los científicos de Stanford (SRI) le pidieron que participara en una serie de experimentos imparciales. Geller estuvo de acuerdo.

Durante cinco semanas, los investigadores Harold Puthoff y Russell Targ convirtieron al polémico personaje en el blanco de su escrutinio científico, uno donde fue sometido a toda clase de experimentos en el laboratorio.

La primera prueba de Stanford giró en torno a una serie de dibujos que se habían realizado antes de los experimentos y que se colocaron en unos sobres. Se le pidió que recreara cada imagen seleccionada en su propio papel.

Algunos de los dibujos fueron examinados por los investigadores antes de ingresar a la sala de experimentos con Geller, otros eran doble ciego, donde ni siquiera los investigadores sabían lo que había dentro de cada sobre antes de que se abriera, y algunas de las imágenes las llevaron consultores externos, selladas en sus sobres antes de llegar a la instalación.

Antes de la mayoría de estos experimentos, Geller expresó una cierta inseguridad acerca de sus habilidades, y de hecho se negó a responder el 20% del tiempo debido a la falta de confianza en su respuesta. Sin embargo, en aquellos que completó, mostró un sorprendente nivel de precisión. Sus representaciones eran un tanto toscas, pero con frecuencia tenían un inconfundible parecido con el original.

Los investigadores también realizaron pruebas para medir su capacidad a la hora de detectar materiales sin verlos, una habilidad (pseudociencia) conocida como radiestesia. En cada uno de estos experimentos se le presentó una caja de diez botes de aluminio numerados y se le pidió que determinara cuál de ellos contenía un objeto.

Antes de que se presentaran a Uri, un tercero colocó el objeto en un recipiente al azar y luego mezcló las posiciones de las latas. Los objetos utilizados eran bolas, imanes, agua a temperatura ambiente y terrones de azúcar. A Geller no se le permitió tocar las latas o la caja. El protocolo indicaba que debía eliminarlas una a una señalándolas o por su número hasta que solo quedaran dos, luego se le pedía que adivinara cuál de las dos restantes contenía el contenido llamando su número y anotándolo.

¿Resultado? A medida que avanzaban las pruebas, parecía ganar confianza hasta que llamó al número del recipiente correcto al entrar a la habitación. En catorce pruebas, hubo dos ocasiones en que se negó a adivinar, pero en todas las otras doce pruebas hizo la selección correcta. Los investigadores estaban alucinados con el rendimiento. No había signos de trampa o fraude, pero las probabilidades de adivinar correctamente en las doce pruebas eran de una entre un billón.

Randi

Lo cierto es que las demostraciones de manipulación de metal fueron algo menos impresionantes. Aunque anteriormente había reclamado la capacidad de doblar objetos metálicos sin tener contacto físico, no lo pudo demostrar en el laboratorio. Cuando se le permitió tocar ligeramente las cucharas o tenedores con las manos, se doblaron; pero tal evidencia era inútil debido a la incapacidad de determinar la cantidad de fuerza que estaba usando.

Finalmente, el informe resultante se publicó en la revista Nature en 1974. Los investigadores no se apresuraron a sacar conclusiones, y descartaron en gran medida los resultados de psicoquinesis como no concluyentes, pero sintieron que se había desempeñado el éxito suficiente para que el fenómeno justificara más estudio científico. Los investigadores acuñaron el término “efecto Geller” para describir sus demostraciones de poderes aparentemente paranormales. Había nacido una superestrella sobrenatural… de lo paranormal, irónicamente respaldada por la ciencia.

Y es en este momento de popularidad de Geller cuando aparece en escena James Randi, el hombre que también podía llevar a cabo las hazañas de Uri. Randi, conocido también como The Amazing Randi, parecía poseer la asombrosa habilidad de doblar cucharas con un toque ligero. Sin embargo, Randi no hacía gala de poderes sobrenaturales. De hecho, era un mago escénico y un escéptico científico.

En realidad, Randi preparaba las cucharas de antemano doblándolas hacia adelante y hacia atrás hasta que el cuello se debilitaba lo suficiente. Todos sus trucos eran eso, trucos donde además solía dirigir la atención de los espectadores a otra parte para mejorar el resultado final. Además, al acabar cada truco explicaba a su audiencia cómo lograba las ilusiones.

En 1974, Randi recibe una llamada de Johnny Carson, quien realizaba el programa The Tonight Show. Carson tenía a Geller como invitado en unos días y era escéptico de las afirmaciones de Geller. Quería la ayuda de Randi para evitar cualquier tipo de trampa en directo.

Finalmente Carson, asesorado por Randi, no le permitió a Geller sacar sus propias cucharas. Randi sugirió que los productores presentaran a Uri una variedad de sus propias cucharas y dibujos sin preparar. Cuando Geller salió al escenario estaba extrañamente nervioso. Cuando su mirada se posó en la colección de objetos y se le solicitó demostrar sus habilidades en el show, no pudo continuar, quejándose de que no se sentía “fuerte” esa noche en particular.

Sin embargo, el incidente tuvo poco efecto en la popularidad de Uri, y en los años siguientes amasó una fortuna y continuó asombrando al público.

Así fue como llegamos al final de la década de los 70. El laboratorio McDonnell comienza un esfuerzo organizado para localizar y estudiar a personas que pudieran demostrar convincentemente el “efecto Geller”.

Cuando Randi lo escuchó, se puso en contacto con los investigadores y les dio consejos sobre cómo evitar ser engañados, sin embargo, los científicos no recibieron con agrado su escepticismo. Durante las primeras fases de las pruebas, muchos de los solicitantes fueron descalificados por no demostrar sus habilidades, pero dos hombres jóvenes, Mike Edwards y Steve Shaw, parecían ser muy auténticos.

En una serie de experimentos, los dos hombres contorsionaron una gran variedad de cubiertos: hicieron que los objetos levitaran, las brújulas temblaban y fueron capaces de recrear dibujos que se entregaron en sobres sellados. Parecía que la ciencia había reivindicado a Uri Geller y sus contemporáneos una vez más.

Cuatro años después después de aquellas pruebas en los laboratorios McDonnell, Edwards y Shaw realizaron una conferencia de prensa en Nueva York con la revista Discover. La pareja de videntes famosos hizo un anuncio que dejó a la audiencia con la boca abierta. Mike Edwards le dijo a la multitud: “La verdad es que no somos videntes. Somos magos”. Y Steve Shaw agregó en medio del murmullo: “Sí, durante los últimos cuatro años hemos estado engañando a la gente”.

Ambos continuaron explicando que simplemente habían estado participando en el Proyecto Alfa, un esfuerzo orquestado por James Randi para ilustrar que la investigación paranormal moderna estaba tan cegada por el prejuicio que era incapaz de detectar el engaño. De hecho, Edwards y Shaw demostraron muchos de sus métodos a la prensa, trucos que consistían principalmente en juegos de manos muy básicos.

En algunas de las pruebas de doblar cucharas de laboratorio, explicaron cómo cambiaron secretamente las etiquetas entre varias cucharas para que las mediciones angulares de los investigadores antes y después de los experimentos mostraran cambios detectables en la forma de cada cuchara.

En otros, manejaron una cuchara a plena vista para alejar la atención de los experimentadores de su otra mano, que estaba doblando manualmente otra cuchara para ocultarla. Incluso emplearon imanes pequeños para muchas de las ilusiones. La “ciencia” había caído en el engaño de lo paranormal.

Tras la noticia, el campo de la parapsicología quedó paralizado, y muchos de los investigadores involucrados fueron desacreditados por el Proyecto Alfa. Su objetivo no había sido avergonzar a nadie, sino que era un experimento social utilizado para demostrar que los parapsicólogos son susceptibles de engaño y autoengaño, independientemente de su inteligencia y entrenamiento.

El Proyecto Alfa, con Randi a la cabeza, ilustró de la mejor forma la tendencia humana de buscar solo la evidencia que respalde las preconcepciones propias, un fenómeno conocido por la psicología como sesgo de confirmación.

Por cierto, por si existe algún genio en la sala, desde los años 80 Randi está dispuesto a pagar un millón de dólares a cualquier persona que demuestre cualquier capacidad psíquica, sobrenatural, o paranormal bajo una observación controlada.

Ni siquiera Geller ha aprovechado esta oportunidad para demostrar su valía.




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