sábado, 21 de abril de 2018

Dormir o vender tus heces: formas curiosas de ganar dinero con la ciencia

Además de atraer a prestigiosos expertos con un abultado currículum, numerosos centros de investigación y hospitales cuelgan de vez en cuando un cartel de “se busca” para localizar sujetos con unos determinados requisitos para participar en un estudio. Tener entre 18 y 50 años, ser una persona sana y no tener tener alergia a ningún medicamento suelen ser los más comunes. Así, un ciudadano de a pie puede contribuir al avance científico recibiendo en ocasiones una remuneración o algún tipo de compensación sin tener que esforzarse demasiado.


Es más, no hace falta pasar un mal rato mientras se colabora en una investigación. Por ejemplo, se puede ayudar a la ciencia ingiriendo bebidas alcohólicas. Un estudio clínico del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas en Barcelona seleccionó a voluntarios de entre 55 y 80 años, en este caso con algún problema de salud (debían presentar tres o más factores de riesgo cardiovascular, como ser fumadores y tener hipertensión o colesterol) con el fin de de demostrar si el consumo moderado de vino, combinado con el compuesto natural tirosol, puede reducir el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con problemas de corazón.


Por su participación, se ofrecía a los participantes “una aportación económica” y, por supuesto, la bebida y las cápsulas necesarias para el experimento. Ahora bien, ayudar a la ciencia con una copita de vino no es la única vía peculiar para echar una mano a los investigadores mientras se gana algo de dinero: algunos estudios llegan a ofrecer cuantiosas sumas para mejorar la vida en la Tierra o incluso en el espacio.

Ganando dinero tumbado

16.000 euros por un ‘trabajo’ de 88 días en el que, literalmente, no hay que hacer nada. Esa es la cantidad que ofrecía hace unos meses el Instituto de Medicina y Fisiología Espacial de Toulouse (Francia) a los voluntarios que participaran en un estudio para ayudar a que los astronautas del futuro a prepararse mejor para volver a la Tierra tras pasar tiempo en el espacio.

Pese a que las condiciones puedan parecer atractivas, lo cierto es que el ensayo clínico requería de buenas dosis de paciencia y cierta falta de pudor: los participantes, hombres de entre 20 y 45 años no fumadores, han pasado dos meses enteros en la cama, sin poder bajarse de ella para comer, asearse o hacer sus necesidades.

Estar tanto tiempo postrados, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, ha servido para investigar si una serie de antioxidantes y vitaminas podrían ayudar a los astronautas a combatir los efectos de vivir en el espacio, entre ellos, la pérdida de masa muscular y ósea o las alteraciones del sistema cardiovascular que también sufrían los participantes del estudio.

La de hace unos meses ha sido la segunda ocasión en la que la Agencia Espacial Europea (ESA) ha realizado este curioso “estudio de reposo”, un experimento que la NASA también ha llevado a cabo en numerosas ocasiones, la última hace tan solo unos meses en colaboración con el Centro Espacial Alemán (DLR por sus siglas en inglés).

Los participantes que han dado un paso para la humanidad sin poner un pie en el suelo también han recibido una cuantiosa remuneración por parte de la agencia espacial estadounidense: hace unos años, se ofrecían 18.000 dólares (14.000 euros) por vivir entre sábanas durante 70 días.

En otras ocasiones, basta con dormir para obtener una buena suma económica. Los profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, por ejemplo, buscan voluntarios para realizar diversos estudios relacionados con la medicina del sueño.

Para participar en el mejor remunerado (se pueden ganar hasta 12.500 dólares, 10.000 euros en él) tan solo hay que cumplir unas sencillas condiciones: tener entre 21 y 70 años, no fumar ni tomar medicación y vivir durante 37 días sin salir del laboratorio de un hospital. Con ello, los investigadores pueden estudiar los efectos de los patrones de sueño en la salud, el estado de ánimo, el rendimiento o el estado de alerta.

De ‘cobayas’ humanas a investigaciones psicológicas

La colaboración de voluntarios sanos para probar fármacos también puede proporcionar un interesante sobresueldo. En España, estos ensayos clínicos están controlados y regulados, y la legislación establece que no se puede ejercer influencia ninguna “inclusive de carácter económico” para participar en ellos, por lo que en principio la participación en este tipo de estudios debe ser altruista.

Por ello, por ejemplo, la Unidad de Ensayos Clínicos del Departamento de Farmacología y Terapéutica de la Universidad Autónoma de Madrid recalca que en algunos estudios se paga a los voluntarios una “modesta cantidad” con el fin de cubrir los desplazamientos e inconvenientes del estudio.

Pese a ello, algunos participantes en los ensayos clínicos con fármacos reconocen que el dinero es su principal motivación para formar parte de ellos, si bien en muchas ocasiones son profesionales del entorno sanitario o estudiantes de Medicina y carreras relacionadas los que participan en ellos.

Aunque no existe un baremo estipulado y los centros no suelen publicar en sus web la cuantía de la compensación, se calcula que en España se pueden cobrar entre 300 y 3.000 euros por participar en ensayos con medicamentos.

Más allá de esos estudios, las investigaciones psicológicas también requieren de sujetos dispuestos a prestar su ayuda. El Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada, que estudia el funcionamiento humano usando técnicas conductuales, registro de la actividad ocular, cardiaca o electroencefalografías, también busca voluntarios para sus estudios. Aunque destaca que no puede pagar por la participación, sí puntualiza que los participantes podrán recibir “compensación por los costes de traslado, etc.” que ocasione la investigación.

Donando heces… o gametos

En ocasiones, para colaborar con la medicina no es necesario someterse a un estudio, sino donar algo que teníamos dentro de nuestro cuerpo. Aunque creyéramos que no tienen utilidad alguna, lo cierto es que podemos obtener un beneficio económico hasta por los residuos de los que solemos despedirnos al tirar de la cadena.

Por ejemplo, en Massachusetts (Estados Unidos) la organización sin ánimo de lucro OpenBiome lanzó en 2015 un banco de muestras de heces fecales congeladas. Los donantes perciben 40 dólares (32 euros) por deposición, y sus excrementos se destinan a una buena causa: realizar trasplantes fecales para tratar a personas con infecciones recurrentes por la bacteria Clostridium difficile, que puede causar diarrea o condiciones intestinales más graves, como la colitis.

Aportar materia prima a este banco de heces requiere constancia. Los donantes, de entre 18 y 50 años, deben donar sus excrementos varios días a la semana durante al menos dos meses. Así, se pueden llegar a ganar 13.000 dólares al año (10.500 euros) por hacer de vientre.

En el país norteamericano, además, también es posible que las mujeres ganen unos cuantos miles de dólares donando óvulos para implantarlos en las mujeres que deseen tener un hijo y no puedan implantarlos ellas mismas.

Mientras tanto, en España, la ley que regula la reproducción humana asistida estipula que tanto la donación de óvulos como la de semen ha de ser voluntaria, anónima y gratuita. Pese a que la donación nunca ha de tener un carácter lucrativo, se puede fijar una “compensación económica resarcitoria” por las molestias físicas y gastos de desplazamientos y laborales sin que supongan un incentivo económico, aunque no establece unos márgenes concretos.

En España, algunas clínicas proporcionan una compensación de en torno a 1.000 euros por la ovodonación, que implica un tratamiento hormonal inyectable. Lógicamente, la donación de gametos masculinos a las parejas que lo necesiten tiene una compensación menor. En algunas clínicas, como el Instituto de Reproducción Cefer, se abonan 50 euros por cada donación de semen apta para su congelación.

Así que, como puedes comprobar, existen unas cuantas formas para, sin ser científico, ganar un pequeño sobresueldo colaborando con los centros de investigación, siempre con el objetivo de ayudar al avance de la ciencia para que el mundo sea un lugar mejor para todos.




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