sábado, 21 de abril de 2018

El fallo histórico en la película "Titanic" que llevó a un juicio contra James Cameron

Ewan Stewart, en su papel de Murdoch
Es una de las escenas más devastadoras y, a la vez, más reveladoras de la película «Titanic». La misma que granjeó al afamado director James Cameron la friolera de 11 Premios Óscar. En ella, William McMaster Murdoch (primer oficial del «Buque de los sueños») se encuentra rodeado por una multitud de hombres, mujeres y niños que, desesperados ante el hundimiento del buque de la «White Star Line», tratan de subir por las bravas a uno de los últimos botes salvavidas que quedan en cubierta. Superado, y con los nervios a flor de piel, este marino (el primer oficial) enarbola su revólver y dispara a varios pasajeros para evitar que suban al lanchón y lo hundan. Segundos después, al ver el desastre que ha causado, apunta la pistola a su sien, aprieta el gatillo... y dispara.

La película generalizó, sin duda, la idea de que Murdoch prefirió suicidarse a enfrentarse a sus tristes acciones. Y, por si fuera poco, también le mostró como un corrupto que se dejó sobornar a cambio de permitir a algunos hombres subirse a los botes salvavidas. Sin embargo, y según desvela a ABC Jesús Ferreiro (director de la «Fundación Titanic» y creador -entre otras tantas muestras- de la afamada exposición «Titanic, The Exhibition») aquello fue un despropósito y un verdadero fallo histórico: «Murdoch falleció al saltar sobre el pescante de uno de los botes salvavidas cuyas cuerdas se habían quedado atascadas. Rompió las cuerdas con un cuchillo, pero con el peso del bote lleno de personas recibió un fuerte golpe en la cabeza que le ocasiono la muerte instantánea».

No le falta razón ya que la misma sobrina de Murdoch cargó en 2006 contra el director por poner en tela de juicio los últimos momentos del marino: «Por desgracia, la historia que cuenta Cameron en su película es otra. En ella aparece mi tío siendo sobornado, disparando contra un pasajero, y finalmente suicidándose. Todos esos hechos son falsos y Cameron lo sabía. Incluso la productora Fox hizo una donación a la fundación que con el nombre de mi tío hay en Escocia, para reparar los daños ocasionados a su imagen y a su honor». Por su parte, Ferreiro añade a este diario que el acusado se vio obligado también a redactar una carta pidiendo disculpas por manchar la memoria de este insigne marino.
Marino eficiente
William McMaster Murdoch nació un viernes 28 de febrero de 1873 en Escocia. Hijo de un afamado capitán de la época, Samuel Murdoch, no tardó en interesarse por las aguas a pesar de que, en el colegio, destacó en matemáticas. Tras graduarse en la escuela secundaria en 1887, siguió la tradición familiar y logró graduarse como segundo oficial tras pasar su examen a la primera. Para entonces ya había atesorado una importante experiencia a lomos de bajeles como el «Charles Cosworth» (en el que surcó los mares hasta emplazamientos como Portland, Oregón o Valparaíso).

A pesar de la imagen que ha quedado de él, Murdoch subió rápidamente en el escalafón marinero gracias a su pericia. No en vano, posteriormente se convirtió en el único de los oficiales del «Titanic» en haber aprobado todos los exámenes de ascenso. Por si fuera poco, antes de la guerra anglo-bóer logró convertirse en teniente en la reserva de la Royal Navy. Un cargo que, posteriormente, le permitió entrar en la famosa «White Star Line» (una de las navieras más destacadas de la época en Gran Bretaña) como oficial de buques de vapor.


Sus viajes bajo la bandera de la «White Star Line» comenzaron el 1899. Sin embargo, su gran mando lo obtuvo en el «R. M. S. Olympic» en 1911, un bajel de 45.000 toneladas que buscaba superar a sus contrincantes de la «Cunard» en lujo y tamaño. Por entonces sirvió como primer oficial a las órdenes del capitán Edward J. Smith. Sin embargo, aquel destino le granjeó también algún que otro problema. Y es que, después de que el 20 de septiembre de ese mismo año el gigante colisionara con otro buque, Murdoch se vio obligado a defenderse en una investigación que, a la postre, hizo perder una soberana cantidad de dinero a su empresa.

Tras el incidente, y poco después de que se llevaran a cabo las reparaciones pertinentes en el «Olympic», Murdoch fue trasladado al nuevo y flamante «Titanic» como jefe de oficiales. Y no era para menos, pues la mayoría de historiadores coinciden en que contaba con una gran experiencia en el mar a pesar de su corta edad. Así lo señala Jorge Olier en su obra «La historia del Titanic y los grandes transatlánticos», en la que afirma que este «escocés de treinta y nueve años tenía un amplio historial en la “White Star Line”» al haber servido en el «Arabic», el «Adriatic», el «Oceanic» y el «Olympic». En la misma obra, el experto corrobora también que tenía fama de navegante competente.

De hecho, entre los marinos se hizo famosa una curiosa anécdota que dejaba clara la pericia de Murdoch. Todo ocurrió mientras trabajaba como segundo oficial en el «Arabic» durante una noche de mala visibilidad. Al parecer, cuando todos los miembros del puente vieron que se dirigían hacia otro bajel que había aparecido repentinamente, el escocés tomó una decisión que salvó la situación. «De un empujón retiró al timonel, tomó el timón y lo mantuvo firme. El primer oficial Fox, allí presente, ordenó “todo a babor”, pero Murdoch permaneció impasible sin cambiar de rumbo. Al ver como discurría la trayectoria de ambos barcos Fox ordenó: “Timón en crujía, firme, firme como hasta ahora”, que confirmaba la providencial decisión de Murdoch y evitaba la colisión».

Un héroe
Durante la fatídica noche del 14 al 15 de abril, tras el impacto con el iceberg, Murdoch (que había sido degradado a primer oficial después de que se decidiera trasladar a Henry Tingle Wilde desde otro buque para cubrir el puesto de jefe de oficiales) demostró ser un verdadero héroe.

Tras divisar el primer aquel témpano de hielo como ofiail a cargo del puente de mando (mucho ante que los vigías) tomó una serie de decisiones que, a la postre, evitaron la muerte de todavía más pasajeros. De hecho, incluso aquellos que critican sus decisiones, afirman que fueron las que habría tomado cualquier oficial de la época. «En mi opinión, no siendo buena desde el punto de vista técnico, [la maniobra] es la que habría ejecutado la mayoría de los oficiales de puente», explica el capitán de navío Luis Mollá en su dossier «Anatomía de un desastre. Titanic ¿Pudo salvarse?».

Tras el impacto, Murdoch fue el encargado de dirigir la evacuación de los pasajeros en los botes de estribor. La mayoría de los hombres que se salvaron le deben la vida ya que -al percatarse de que muchas mujeres y niños no querían subirse a las barcas en su creencia de que era imposible que el barco se hundiera- permitió a muchos varones ocupar su sitio. Y todo ello, para que los lanchones descendieran lo más cargados posibles.

Así lo desvela Hugh Brewster en su obra «Titanic, el final de unas vidas doradas»: «Cuando el bote salvavidas número 7 se situó a la altura de la cubierta, el primer oficial, Murdoch, y el quinto, Lowe, llamaron a las mujeres para que se subieran en primer lugar, pero muy pocas lo hicieron. […] La multitud avanzó hacia el bote salvavidas, pero la mayoría se resistió y volvió atrás. Murdoch gritó que el bote era totalmente seguro, ya que el mar estaba calmado. […] Pero no mucbos querían abandonar el calor y la seguridad del barco».

El escocés repitió en múltiples ocasiones a lo largo de aquellos primeros momentos la misma frase con su megáfono: «¡Alguna dama más!». Al final, al no obtener respuesta, fue más permisivo que sus compañeros de la banda de babor.



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