domingo, 22 de abril de 2018

La diferencia entre las lágrimas de felicidad, de tristeza...y de pelar una cebolla...

«Puedes olvidar con quién has reído, pero nunca olvidarás con quién has llorado». Así termina Luis Pastor su canción Mar de lágrimas, en la que enumera lágrimas de muchos tipos. Lágrimas de desamor, de desconsuelo, lágrimas de odio, de rabia, de alegría. Lágrimas de belleza.

El llanto y su secreción acuosa han sido objeto de cientos de obras de arte seguramente por ser la materialización de lo más íntimo de nuestros sentimientos, aquello que define a quienes habitamos este valle de…

Y sin embargo las lágrimas no son más que agua con algunas proteínas, lípidos, enzimas y algunos minerales. Las lágrimas son lágrimas y punto, igualitas unas a otras como gotas de agua. ¿O no? Bueno, pues la cosa no es tan sencilla: las lágrimas tienen varias funciones y al menos tres tipos diferentes.

Están las que nos lubrican el ojo, las que lo protegen ante partículas extrañas o sustancias irritantes, y están las que vienen producidas por una tensión emocional, una factura inesperada o un dolor del tipo que sea. Y resulta que no son iguales. Su composición química es diferente.

Las lágrimas emocionales tienen más proteínas que las otras, contienen diversas hormonas y su estructura de cristalización varía, y varía además según sea la emoción que las ha producido. O sea que ¿en un microscopio se verían diferentes las lágrimas de desamor, las de alegría o las de rabia?

Pues resulta que sí, y en fotografiar esas diferencias lleva casi diez años metida Rose-Lynn Fisher, una artista estadounidense, que en su proyecto The Topography of Tears enseña las imágenes de microscopio que muestran que las lágrimas que nos provoca pelar cebollas forman un patrón fractal, compacto y con aspecto vegetal, que las lágrimas de la risa cristalizan de forma alocada o que las del luto forman estructuras limpias y ordenadas como los pasillos de un tanatorio o los espacios que deja la ausencia. Son distintas, muy distintas.

Es bonito ver esas imágenes de la química de las lágrimas presentadas por una artista que no está empeñada en explicarnos las estructuras moleculares de la ira o el desconsuelo, sino en, como ella dice, «alcanzar la intangible poesía de la vida».

Y no solo los artistas saben observar las lágrimas. De entre las distintas versiones del descubrimiento por Alexander Fleming de la lisozima, un protector antibacteriano presente en las lágrimas, una de ellas dice que llorando de impotencia, dejó caer unas lágrimas sobre uno de sus cultivos y observó que donde había habido lágrimas, el cultivo quedaba libre de bacterias.

Fueran lágrimas o más bien moco lo que cayó en los cultivos de Fleming, fuera suyo o de un paciente, el caso es que años antes de descubrir la penicilina (otra historia con múltiples versiones que dan un papel más o menos protagonista a la capacidad observadora de Fleming y a la casualidad), don Alexander encontró una enzima antimicrobiana presente en nuestras lagrimitas de toda la vida.

Ya sean de plástico azul como las de Sabina, negras como las del bolero aquel de Matamoros o aunque se nos caigan en la arena como a Peret, la verdad es que las lágrimas son un tesoro químico que se nos asoma a los ojos por muchas razones y se nos pasa desapercibido casi siempre.




No hay comentarios.: