domingo, 8 de abril de 2018

Los beneficios de activar tu inteligencia emocional

Si quieres ser feliz, deberías dejar de preocuparte por tu cociente intelectual. Mejor activa tu inteligencia emocional. 

Glenn Hinds iba a participar en la primera ronda del campeonato individual del club de golf al que pertenecía y estaba nervioso, pero en vez de soportar la ansiedad y encarar el reto, como lo hacía siempre, este capacitador laboral de 50 años, originario de Derry, Irlanda del Norte, puso en práctica una lección que acababa de aprender en un curso laboral.

Subió a su auto y dedicó unos minutos a analizar cómo se sentía, lo cual lo hizo comprender varias cosas.

“La primera, que era sólo un juego de golf”, dice. “La segunda, que quería ganar, pero podía perder, y la tercera, que era muy probable que mis compañeros me criticaran. Aparte de eso, pensé que todo iba a estar bien”.

Esto lo transformó. “Se me quitó el miedo y llegué relajado a jugar”, cuenta. No sólo ganó esa ronda, sino también las seis siguientes, y resultó campeón del club en 2016.

Glenn aprovechó su adiestramiento en inteligencia emocional (IE), la capacidad de manejar adecuadamente las emociones propias y comprender las ajenas.
Qué es inteligencia emocional

La inteligencia emocional —o cociente emocional (CE)— fue definida por primera vez por los investigadores estadounidenses Peter Salovey y John Mayer en los años 90, y difundida por el psicólogo y periodista científico Daniel Goleman en su libro La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el cociente intelectual.

Goleman identifica cinco elementos clave de la inteligencia emocional: autoconciencia (conocimiento de las emociones propias), autorregulación (autocontrol), motivación (autodisciplina), empatía (comprensión de los sentimientos de otros) y destrezas sociales (formación de autoconfianza).

Aunque parezca sorprendente, el CE tiene poco que ver con manifestar los sentimientos o con la idiosincrasia.

“La inteligencia emocional se relaciona con la capacidad de ver lo que sucede en el rostro de un colega y comprender lo que uno siente en un momento dado”, explica el doctor Edgar Bresó, psicólogo social de la Universidad Jaime I, en Castellón, España.

Suele decirse que las mujeres, tradicionalmente cariñosas y compasivas, tienen más aptitud emocional que los hombres, pero el asunto no es tan simple. “Las mujeres poseen mayor empatía, pero los varones encauzan mejor las emociones”, dice Maria Olsson, directora de la red europea de Six Seconds, organización no lucrativa dedicada a la inteligencia emocional.

La aptitud emocional se valora sobre todo en el trabajo. Ahora se cree que el CE determina el éxito más que el CI (cociente intelectual). La capacidad intelectual representa sólo entre 10 y 25 por ciento de las diferencias en el rendimiento laboral.

“En el mundo actual, el conocimiento en sí no basta para ser competente”, señala Bresó. “Los teléfonos y las computadoras pueden aportar más conocimiento del que se adquiere en toda una vida. Somos más competentes en algunas tareas intelectuales si tenemos mayor aptitud emocional, porque cuando estamos claros respecto a lo que sentimos nos resulta más fácil tomar decisiones. Las emociones son mucho más importantes que los datos”.




Estudios muestran que los empleados que tienen un CE alto tienden a ser más productivos, permanecen más tiempo en sus trabajos y ganan más dinero que sus colegas menos aptos emocionalmente.

Y es más probable que reciban ascensos, pues descifran las emociones de sus superiores y se adaptan constantemente a las demás personas. Si bien se considera que la inteligencia emocional es innata, muchos psicólogos creen que se puede mejorar.

“Es posible adiestrar a la gente para que sea más consciente de sus emociones”, afirma el psicólogo organizacional Cary Cooper, de la Escuela de Negocios de Manchester, en el Reino Unido.

La institución financiera holandesa ING capacitó en IE al personal de ventas de sus mercados financieros para fortalecer su confianza y moderar la avaricia y el miedo que conducen a reacciones viscerales en las salas de transacciones. El compromiso de los empleados aumentó, y los ingresos por ventas de ING se elevaron con mayor rapidez que el promedio en ese sector.
¿Para qué sirve la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional también es útil en las profesiones asistenciales. “El personal de medicina, trabajo social, enfermería y psicología clínica necesita un CE muy alto para trabajar con eficacia”, dice Cooper. Estudios realizados en Noruega, por ejemplo, indican que adiestrar al personal de salud para que tome más en serio las emociones podría prevenir la depresión en las madres primerizas.

El CE es igual de importante en la vida diaria. “Una buena inteligencia emocional nos brinda más felicidad y satisfacción, y nos protege de problemas psicológicos como la ansiedad y la depresión”, indica Moïra Mikolajczak, profesora de psicología en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica.

Ella compara este efecto protector con llevar una bandeja. “Si tu brazo es fuerte —si tienes buena inteligencia emocional—, podrás llevar muchos vasos en la bandeja sin que te falle la fuerza. Pero si tu IE es débil, el menor inconveniente se volverá un problema. Podrás llevar un vaso, pero si pones otro… ¡ la bandeja se caerá!”

Si no reconoces a tiempo las primeras señales de estrés, resulta más difícil regular tus emociones una vez que alcanzan niveles peligrosos. Podrías tener una reacción exagerada si tu pareja o tu hijo dicen algo inofensivo, y luego arrepentirte. Si esto se vuelve un hábito, te llevará a la infelicidad.

El CE también afecta nuestra salud. Mikolajczak realizó un estudio sobre los efectos del CE para una organización de salud belga. “Cuanto más alto es el nivel de inteligencia emocional, menos fármacos toma la gente y menos veces se enferma”, dice.

Si bien un CE alto no garantiza que no te enfermes, es más probable que una inteligencia emocional baja se traduzca en mala salud, sobre todo en problemas cardiovasculares y digestivos provocados por niveles elevados de estrés.

El mayor impacto de la inteligencia emocional se da en las relaciones interpersonales. “Al convivir con tus amigos, vecinos o compañeros de escuela, tener inteligencia emocional es un atributo realmente positivo”, señala Cooper.

“Si quieres cortar un árbol que está en el límite entre tu casa y la del vecino y tienes un buen CE, irás a hablar con él al respecto. Quizá a tu vecino le guste ese árbol. Es una cuestión de empatía, tal vez necesites su ayuda en algún momento importante”.

Y no nos olvidemos del éxito en el terreno amoroso. “Las parejas cuyos miembros son emocionalmente inteligentes duran más”, afirma Mikolajczak.

Tener inteligencia emocional también ayuda a criar niños que se vuelven adultos felices y exitosos.

Nomeda Maraziene, médica y psicóloga de Vilnius, Lituania, se dedica a fortalecer la inteligencia emocional de los jóvenes de un país que tiene una de las tasas más altas de suicidio en el mundo y, según un informe de 2013 del Unicef, cifras elevadas de niños desdichados.

Ella empieza la capacitación en IE con los padres, maestros y otros adultos que son ejemplo para los niños. “El trabajo comienza con nosotros, los adultos, para aumentar
la autoconciencia, el optimismo y la motivación interna, pues somos responsables de las emociones que suscitamos en los niños”, comenta.

“De nosotros depende ser la mejor versión posible de nosotros mismos en cuanto a actitudes, creencias y expectativas”.

De lo contrario, podríamos pagar un precio muy alto, advierte la experta. Una posible consecuencia es el egocentrismo. “Si no inculcamos la empatía en los niños”, añade, “podrían crecer aislados, con una actitud individualista, y no aprender a trabajar en equipo”.

Ella recalca la importancia de la cooperación para la comunidad: “El respeto incondicional es el ingrediente clave. Todos tienen derecho de expresar su opinión; luego, podemos discutirla y estar de acuerdo o no”.

Hace poco Maraziene trabajó en un hogar de crianza con niños que habían sufrido rechazo y daño físico y psicológico. Para reforzar su autoestima e inculcarles empatía y sentido de responsabilidad, los chicos ayudaban en un albergue canino: cuidaban a los perros y les daban paseos.

Ésta y otras actividades funcionaron. En particular, dos niñas muy retraídas se abrieron. “Empezaron a participar”, cuenta Maraziene. “No sólo expresaban su opinión, sino que la hacían valer”.

¿Y cómo podemos los adultos fortalecer nuestra inteligencia emocional? “La destreza más importante es ser capaces de apreciar nuestras emociones”, dice el doctor Bresó.

“Antes de una junta de trabajo, de vender un auto o de iniciar una tarea, pregúntate: ‘¿Dónde estoy? ¿Me siento bien? ¿Soy muy negativo o muy positivo?’ ”.

También podemos aprender técnicas de control emocional. “Si sabes que te vas a enojar con tu pareja, simplemente piensa: ‘Bien, voy a salir del cuarto y a respirar hondo’”, sugiere Mikolajczak.

“Luego, sal y no hagas nada durante dos minutos”. Y añade que si tienes un empleo muy estresante, harías bien en tomar días de descanso a intervalos; por ejemplo, tres días cada dos meses.

Mejorar la inteligencia emocional no se logra de la noche a la mañana. “Lleva tiempo y práctica”, dice el golfista Glenn Hinds. Pero no hay duda de que en el mundo de alta tecnología y alto octanaje en el que vivimos, deberíamos preocuparnos menos por el CI y más por el CE, a fin de disfrutar de una vida más feliz y saludable.






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