miércoles, 9 de mayo de 2018

Así sería morir quemado por lava

Las imágenes de la erupción del volcán Kilauea en Hawái, nos han hecho preguntarnos cómo sería la muerte si uno cae atrapado en uno de esos ríos de lava hirviendo. Todos tenemos en mente la imagen de Terminator hundiéndose en un mar de metal líquido y candente, y eso nos hace pensar que con la lava ocurriría algo similar.


Pero, tal y cómo explicó el vulcanólogo Erik Klemetti en su blog en la revista WIRED, eso jamás sucedería. Las leyes de la física determinan que cuando un cuerpo tiene una densidad mayor que un líquido, se hunde en él, pero cuando es menor, flota. Y dado que la densidad del cuerpo humano es menor que la de la lava, un ser humano jamás se hundiría en ella.

Tal y cómo explica el experto, al caer sobre la lava, la carne comenzaría a quemarse lentamente, destruyéndose hasta llegar al hueso, en toda la superficie del cuerpo que estuviera en contacto con el magma. Sería, por tanto, una muerte muy lenta y muy dolorosa.

La lava es magma que durante su ascenso a través de la corteza terrestre, alcanza la superficie. Cuando sale a la superficie, la lava suele tener temperaturas que oscilan entre 700 °C y 1.200 °C. A diferencia del magma que enfría lentamente a grandes profundidades, la lava experimenta: Presiones atmosféricas que hacen que pierda los gases que contenía durante su ascenso.

Temperaturas ambientales responsables de un rápido enfriamiento. 
La distinción más evidente entre ambas es que la roca formada a partir de magma (rocas plutónicas) tiene cristales que suelen distinguirse a simple vista (textura fanerítica), mientras que una roca formada a partir de lava tiene cristales que no se distinguen a simple vista (textura afanítica o vítrea).
A pesar de su alta viscosidad, unas 100.000 veces del agua, puede fluir recorriendo largas distancias antes de enfriarse y solidificarse. Al solidificarse, la lava forma rocas ígneas. El término lava fluida se refiere a la formación solidificada, mientras que la que aún tiene roca fundida se denomina lava fluida activa. La palabra lava proviene del italiano y deriva del latín labes que significa caída, declive, o penetrar. El término fue usado por primera vez por Francesco Serao para referirse a la expulsión de magma en la erupción del Vesubio que ocurrió entre el 14 de mayo y el 4 de junio de 1737.

Debido a su formación a partir de roca viscosa fundida, las erupciones y coladas de lava crean formaciones distintivas y características topográficas especiales, desde el nivel macroscópico al microscópico.




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