sábado, 19 de mayo de 2018

Respuestas para desarmar los argumentos de los "anti vacunas"

Es necesario aclarar uno a uno los mitos asociados a las vacunas, debido al creciente número de padres con dudas. Para ello, sea cual sea tu postura, esperamos que esta información te sirva para resolver las dudas -si las tienes- ya que echamos por tierra muchos de los mitos y datos sesgados que todos aquellos que tienen miedo a las vacunas suelen utilizar para justificar su no utilización. Recordemos que las vacunas salvan vidas. Y, por desgracia, según los datos de UNICEF, la quinta parte de los niños de todo el mundo sigue sin recibir las vacunas básicas.

La importancia de las vacunas
A nivel mundial, la inmunización evita más de 6 millones de muertes al año. Sin las vacunas, la humanidad quedaría indefensa ante los múltiples virus y enfermedades que existen e incluso podrían llegar a resucitar enfermedades que se consideran ya controladas. No podemos olvidar que las vacunas no solo protegen a los vacunados, sino que también protegen a personas no vacunadas, a través de la protección de grupo: los vacunados hacen un efecto barrera que evita que enfermen aquellas personas que no se pueden vacunar por motivos de salud.
Argumento: Las vacunas contienen químicos "peligrosos"
Según uno de los argumentos esgrimidos por los antivacunas, las vacunas contienen químicos 'peligrosos' como anticongelante, fenol, formaldehído, aluminio y plomo. ¿Qué hay de verdad en ello?
La dosis es la clave Si bien es cierto que muchas vacunas contienen sustancias químicas como mercurio, aluminio y formaldehído, las dosis son tan, tan, pequeñas, tan insignificantes, que las sustancias no se consideran tóxicas.

Por ejemplo, las vacunas contienen pequeñas cantidades de aluminio para ayudar a que sean más efectivas. En total, el aluminio presente asciende a aproximadamente 0,125 mg por dosis, que es mucho menos que el promedio de 30 a 50 mg que el humano promedio consume todos los días.

Y a pesar de que el mercurio utilizado en las vacunas también representa una cantidad nimia, se eliminó de casi todas las vacunas infantiles en 2001, pese a que no hubiera pruebas de que fuera dañino.

La concentración de aluminio (0,125mg), por otro lado, es tan baja que ni siquiera se cuenta. En la dieta diaria ingerimos una media de entre 30 y 50mg de aluminio.

Argumento: Las vacunas debilitan el sistema inmunitario
La controversia con las vacunas está muy extendida. Entre ellos, este es el principal argumento de los antivacunas, el hecho de que los padres mostraran una creciente preocupación por el posible riesgo de debilitamiento del sistema inmunológico de sus hijos, debido a un aumento en el número de antígenos procedentes de las inmunizaciones o vacunas administradas a los pequeños a lo largo del tiempo, terminó transformándose en un argumento común entre los grupos antivacunas.
Contestando respecto al sistema inmunitario Ya lo hemos comentado al principio. Rotundamente NO. "Los padres tienen preocupaciones genuinas sobre la seguridad de sus hijos en relación con la vacunación. Esperamos que este estudio arroje algo de luz sobre sus preocupaciones, ayudando a los padres a comprender mejor la seguridad y los beneficios de la vacunación a tiempo". Y es que el estudio publicado en la revista JAMA concluyó que no existen diferencias en la tasa de infecciones entre los que recibieron vacunas y los que no teniendo en cuenta infecciones contra las que los niños no estaban vacunados. En resumen, el rechazo a las vacunas no tiene sentido ni tampoco es sano para los pequeños, ni para ellos, ni para todos los demás niños.

Argumento: El sistema inmune de un niño necesita desarrollarse solo
Esta creciente comunidad de antivacunas ha provocado que hayan resurgido, por ejemplo en Europa, epidemias de sarampión (con más de 400.000 afectados), de paperas en Estados Unidos y Brasil (con miles de afectados) o de difteria en Bangladesh. Uno de los argumentos que sustenta esta situación es afirmar que el sistema inmunológico de los niños necesita desarrollarse solo, de forma natural. ¿Qué dice la ciencia?
Es falso que el sistema inmune del niño no necesite las vacunas Las vacunas fortalecen su sistema inmunológico, no lo debilitan. Las vacunas introducen una forma debilitada de virus en el organismo para que el sistema inmune pueda aprender a identificar y defenderse contra futuras infecciones.

Para personas jóvenes y mayores, aumentar el sistema inmune con una vacuna es particularmente importante. Por ejemplo, los niños deben recibir vacunas para infecciones peligrosas a una edad temprana, porque es cuando sus sistemas inmunes son más susceptibles. Los mayores, porque su sistema inmune ya es muy débil, pues a medida que envejecemos, el sistema inmunitario ya no trabaja tan bien, se vuelve más lento para responder, lo que aumenta el riesgo de enfermar.

Argumento: Las vacunas pueden causarte alergiasOtro de los argumentos muy populares entre las personas que no están a favor de las vacunas es el hecho de plantear que las vacunas pueden provocar alergias. De hecho, este razonamiento empezó a darse a partir de 1997 a causa del aumento de las alergias.
Las vacunas NO pueden darte alergias No hay una respuesta más firme y concreta. Las vacunas no pueden provocar alergias. Una sólida investigación demostró que las vacunas tienen exactamente el efecto opuesto: te protegen de las alergias.

Las vacunas han sido una maravillosa adición al arsenal médico y han logrado avances importantes en la reducción de la morbilidad y la mortalidad debido a enfermedades infecciosas. Por supuesto que ninguna vacuna es perfecta, tanto en términos de eficacia como de seguridad de la vacuna; ninguna vacuna ha demostrado una eficacia del 100%, pero este movimiento de padres que se niegan a vacunar a sus hijos sobre la base de los riesgos percibidos de las vacunas junto con la falta de un beneficio percibido como suficiente, es responsable de una morbilidad y mortalidad inaceptable en todo el mundo.

Argumento: Las vacunas pueden causar autismo
En la década de 1990, se publicó un estudio que encontró una asociación entre el autismo y la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola. Este estudio alimentó una nueva exposición contra las vacunas.
Las vacunas NO pueden provocar autismo Más tarde quedó demostrado que el estudio fue totalmente fraudulento. Y múltiples estudios exhaustivos y a largo plazo hechos posteriormente confirmaron que no existe tal relación entre el autismo y las vacunas. Por si esto fuera poco, 10 de los 13 autores que firmaron el artículo original refutaron y retiraron sus declaraciones originales.

Las vacunas afectan solo a una persona
Otro de los argumentos que esgrimen los antivacunas es este, Afirman que Las personas deberían tener la opción de decidir si se vacunan o no 'porque la elección solo te afecta ti'.
Las vacunas afectan a la salud de TODOS 
Las vacunas no solo protegen al que se las pone, sino que también ayudan a otras personas a mantenerse saludables a su alrededor, especialmente las personas mayores, los jóvenes y las personas que no pueden vacunarse, como los que se someten a tratamiento de quimioterapia. A esto se le llama inmunidad colectiva, y afecta la salud de todos, no solo a una persona.

La desinformación es un arma peligrosa
En los países en desarrollo, los esfuerzos de erradicación de la polio se han visto obstaculizados por campañas de desinformación. En los tres países restantes con polio endémica (Nigeria, Pakistán y Afganistán), se ha afirmado que los programas de vacunación han sido una tapadera para que las potencias occidentales esterilicen a la población o propaguen el VIH.
Todo es una gran conspiración de las farmacéuticas Otro de los razonamientos ahonda en que se trata de una conspiración detrás de la que se encuentra una gran farmacéutica que está secretamente tratando de matarnos.

Por supuesto que las compañías farmacéuticas ganan dinero con las vacunas, pero eso no significa que estas sean malas para nosotros.

Desmontando las teorías conspirativas
En los EE. UU., entre 1994 y 2013, las vacunas generaron un ahorro neto de 295.000 millones en costes directos y1,3 mil millones en costes sociales.

Y aunque es cierto que algunos tratamientos farmacéuticos se han retirado del mercado debido a efectos secundarios imprevistos, las vacunas son unas de las sustancias más reguladas que podemos poner en nuestros cuerpos. Las vacunas no experimentan con nosotros. Aprobar una sola vacuna puede llevar entre 10 y 25 años, e incluso una vez que está en el mercado, se sigue observando cuidadosamente.

¿Qué ocurre en los países desarrollados?
En el mundo desarrollado, el movimiento antivacuna ha sido aún más insidioso, difundiendo afirmaciones erróneas de un mayor riesgo de eventos adversos graves asociados con las vacunas, lo que conduce a su vez a años de costosos estudios científicos para desacreditar dichos mitos.

Para complicar aún más las cosas, a través de los años ha habido médicos que han jugado en manos de estos movimientos, a veces con fines de lucro. Otros, influenciados por la desinformación, ayudaron perpetuar el problema falsificando los registros de vacunación, permitiendo que las personas no vacunadas asistieran a las escuelas y sirvieran como reservorios para brotes de enfermedades prevenibles por vacunación.

¿Qué es lo que no parecen entender los 'antivacunas'?Lo que algunas personas no comprenden es que, si bien se ha eliminado la transmisión local de la enfermedad, aún se producen brotes, causados por las importaciones del virus, con casos secundarios y terciarios como resultado de la exposición a estos casos importados. Estas exposiciones a menudo ocurren en reuniones masivas, como una visita a un parque de atracciones y no se deben a la transmisión local residual; Todo está en la semántica.

Lo que tampoco entienden los antivacunas son los peligros de las enfermedades en sí.

Ejemplo: El sarampión
El sarampión tiende a ser más grave en niños menores de 5 años y adultos mayores de 20 años. Los peligros inmediatos incluyen diarrea (con deshidratación posterior) en el 8% de los casos, otitis media en el 7% de los casos, neumonía (primaria viral o bacteriana secundaria) en el 6% de los casos y encefalitis aguda en uno de cada 1.000 casos (con una tasa de letalidad de aproximadamente el 15%). Una estadística que nos ha de llamar la atención: hasta el 30% de los casos informados tienen una o más complicaciones de la enfermedad, y de uno a dos por cada 1.000 pacientes con sarampión mueren por complicaciones. Quizás una diseminación de información más extendida sobre los peligros de las secuelas a largo plazo de la infección por sarampión, la panencefalitis esclerosante subaguda, por ejemplo, es posible que tuviera un mayor efecto. Sea como fuere, la vacunación es crucial para el ser humano.




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