domingo, 3 de junio de 2018

El increíble desierto que durante 3 meses se llena de pisicinas


El Parque Nacional Lençóis Maranhenses, situado en la microrregión de los Lençois Maranhenses, al norte de Brasil, es uno de esos lugares que parecen imposibles pero que son ciertos como la belleza extrema. Se trata de un extenso paisaje de dunas de arena blanca que, durante algunos meses del año, parece un desierto y que, de repente, sobre todo en julio y agosto, se convierte en un oasis de innumerables lagunas de agua cristalina.


Y sí, se puede nadar en ellas.

Se trata de un lugar aislado, al que resulta complicado acceder (es recomendable ir con guía), lo que hasta ahora le ha librado del turismo de masas. El centro de recepción del parque está a unos 260 km de la capital del estado de São Luís, en las orillas del Rio Preguiças. Se puede llegar en todoterreno o en barco. Muchos lo hacen desde Jericoacora, entrando por el río Preguiças hasta Atins, pueblo donde la vida se desarrolla en un gran arenal. De Barreirinhas parten vehículos 4 × 4 que llevan a los turistas hasta las lagunas de agua dulce. Allí también se puede encontrar alojamiento, por ejemplo en la Pousada Murici.


El pueblo de Atins, y esta ruta en general, es un destino para viajeros aventureros, otro campo base ideal desde donde comenzar a explorar este enorme Parque Nacional, debido a su proximidad a las dunas y al mar. Es también un lugar de condiciones ideales para la práctica del kiteboarding, con grandes lagunas acogedoras, aguas planas y vientos constantes, de lateral, que van de los 15 a 30 nudos.


¿De dónde viene el agua? De enero a junio aquí caen lluvias torrenciales. En julio, los cielos se despejan y aparecen piscinas enormes, de hasta diez metros de profundidad y casi cien metros de largo. Después de septiembre, los vientos toman el protagonismo y las piscinas suelen desaparecer, como si nunca hubieran estado allí. La laguna Bonita y la laguna Azul son quizá las más famosas. La temporada de lluvias comienza en enero nuevamente, el principio de un nuevo ciclo.


El parque se mantiene seco casi todo el año (de octubre a primeros de marzo), un desierto gigante, hasta que los meses de lluvias cambian el paisaje, y aparecen lagunas con tonos azules y verdes, manglares y dunas de arena blanca de hasta 40 metros de altura. De marzo a septiembre, las lagunas suelen tener agua, pero los mejores meses son julio y agosto, entre otras razones porque entonces llueve poco.

El agua tiene una temperatura exquisita, es transparente, y adquiere un color azul turquesa en algunos casos. Lo complicado es caminar sobre la arena, y el hecho de que no hay ninguna sombra para refugiarse del sol. Caminar entre las dunas no resulta fácil, con la recompensa de un baño en estos parajes solitarios e insospechados.

«Te quedas muda, naturaleza en estado puro. Impresionante», comenta una de las visitantes en internet.



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